lunes, 9 de agosto de 2021

 

UNA HISTORIA ANONIMA

En un lejano país, no hace mucho, el gobierno se propuso mejorar la educación, dado que diversos estudios de la realidad nacional llegaban a la misma conclusión: los graves problemas que arrastraban durante décadas, tal vez siglos, tenían su raíz en ese rubro.

De manera que, con buen criterio, decidieron realizar las reformas necesarias empezando por mejorar el nivel de sus maestros.

Encargaron el asunto a una comisión de alto nivel, la que luego de largos meses, produjo un voluminoso documento en el que volcaron todas las medidas destinadas a mejorar la educación, entre ellas, el nivel académico y salarial de los maestros por medio de evaluaciones periódicas y la depuración de los que no cumplieran con un nivel mínimo de preparación.

Pero cometieron un pequeño gran error porque, al parecer, no conversaron lo suficiente con los que iban a ser sometidos a dichas evaluaciones. El gremio de los maestros era numeroso y su dirigencia muy fuerte. Plantearon sus observaciones y demandas e incluso llegaron a promover una huelga.

El punto crucial era bastante simple: ¿Cómo se evaluaría a los maestros? ¿Mediante las pruebas tradicionales en formularios con preguntas y respuestas,  o mediante el sistema de la “evaluación en aula”, como lo solicitaba el sindicato? No se ponían de acuerdo.

Pero, había algo más. Si la idea era mejorar la educación de los jóvenes, mejorando el nivel de sus maestros, era natural que luego de la evaluación, por cualquiera de los métodos, aquellos que no superaran el nivel mínimo establecido serían separados de la carrera magisterial, como ocurre en cualquier otra ocupación. Pero los dirigentes no eran de la misma idea. Ellos plantearon que, en lugar de despedirlos, se les capacitara, lógicamente por cuenta del Estado. Y cuando se les preguntó qué se haría con aquellos que después de una segunda evaluación volvieran a desaprobar, dijeron que se les debería volver a capacitar. Es decir, el ideal de un trabajador: ¡el empleo perpetuo! ¿Y la meritocracia?

No es difícil imaginar cual sería el resultado de ese sistema. Si un trabajador de cualquier gremio sabe que jamás lo van a despedir, tendrá poco incentivo para esforzarse en mejorar. Pero, lo peor es que con ese sistema el resto de los trabajadores tampoco lo hará. Lo que va diametralmente en contra del objetivo inicial de mejorar la educación en el país.

Así las cosas y no logrando ponerse de acuerdo, el sindicato de educadores declaró una huelga. La huelga duró dos meses y… ¡triunfó! Dos meses perdidos por todos: por los estudiantes que se quedaron sin educación, por los padres de familia que cifraban sus esperanzas en hijos mejor preparados, por el país que siguió deteriorándose en todos los niveles con daño irreparable para el futuro y, también por aquellos buenos maestros que no temían ser evaluados y recompensados de acuerdo con sus méritos.

Bueno. Esta historia terminó como empezó. Un país con los problemas de siempre, con una educación deficiente y unos estudiantes mediocres que se convertirán en adultos mediocres, en ciudadanos mediocres, en profesionales mediocres. ¿Un país mediocre?

Pero, no hay por qué preocuparse; eso ocurrió en otro país y no en el nuestro. Menos mal. ¿Que, quién fue el maestro que dirigió la huelga? Se dice por ahí que fue un tal Castillo. Pero, eso carece de importancia. ¿Verdad?

Jaime Sandoval Espinoza                                                                       10 de junio de 2021

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