lunes, 23 de agosto de 2021

MATERNIDAD

(Relato futurista… aunque no tanto)

“A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.”

Génesis 3:16 – Reina Valera 1960

 


Era ya pasado el mediodía cuando Luciana Benavides, alta ejecutiva de la Empresa de Comunicaciones del Futuro, decidió terminar su jornada de trabajo y se dispuso a acudir a la cita que tenía concertada en el CNFH. Se levantó de su cómodo sillón, cerró el lujoso ejemplar del libro que le habían obsequiado por su cumpleaños y encaminó sus pasos hacia la puerta de la amplia oficina que se abrió automáticamente al acercarse a ella. Dio unas cuantas instrucciones a su secretaria indicándole que no regresaría esa tarde a trabajar y con paso seguro se dirigió al ascensor que la llevaría al sótano de estacionamiento donde su chofer ya se encontraba esperándola.

Durante el trayecto hizo una llamada a Jorge, su actual pareja, quien le comunicó que ya se encontraba en el CNFH, verificando que todo estaba en orden y que cuando ella llegara el trámite restante sería casi protocolar. Satisfecha con la información, recostó su cabeza en el respaldo del asiento y con los ojos semicerrados se puso a hacer una rápida revisión de su vida. Recordó los días de su infancia junto a su madre a quien al parecer no le fue bien en el matrimonio; recordó la promesa que se hizo de no repetir su historia; pasó revista a su prometedor paso por la universidad e hizo un recuento de su meteórica y exitosa carrera en el mundo de los negocios; pero, sobre todo, se puso a repasar sus proyectos futuros.

Luciana era una mujer atractiva que acababa de pasar la barrera de los cuarenta y por propia decisión se mantenía soltera.  Romances no le habían faltado; pero nunca sintió la necesidad de formalizar su estado. Ella estaba segura de lo que quería hacer con su vida y ya había tomado las previsiones para ello. Todo lo tenía planificado. En la compañía había llegado casi a la cúspide y sólo le faltaba dar el último paso: la presidencia. Y en su vida personal había decidido que ya era hora de sentar cabeza y fundar una familia. Una cuidadosa y paciente labor de selección durante varios años fue recompensada finalmente con alguien que reunía todos los atributos que Luciana había estado buscando. Jorge era bien parecido, romántico, inteligente, trabajador, alegre y de sólida posición económica; pero, la cualidad que más apreciaba Luciana era que siempre respetaba su independencia.

Sumida en esos pensamientos estaba cuando la voz del chofer la volvió a la realidad diciéndole que habían llegado a su destino. Por la ventanilla del carro Luciana dio una mirada al bello y enorme edificio blanco en cuya parte superior se podía leer en grandes caracteres: Centro Nacional de Fertilidad Humana. Bajó del auto, caminó varios metros hasta la entrada, cruzó la puerta y desde allí pudo ver en el extremo opuesto del amplio vestíbulo a dos personas que venían a su encuentro. Uno de ellos era Jorge y el otro, impecablemente vestido de blanco, era uno de los médicos directores del Centro quien, luego de intercambiar saludos muy cordiales, le dijo que todo estaba dispuesto y que lo único que faltaba era la firma de Luciana en los formularios que traía en la mano. Luciana miró a Jorge quien le hizo una venia afirmativa y Luciana los firmó.

¿Y … dónde está? preguntó Luciana con una ligera alteración en su voz.

Allí viene; respondieron casi al unísono Jorge y el director provocando la risa de ambos mientras que, saliendo del ascensor, un cochecito rosado se acercaba silencioso llevando en su interior una preciosa muñequita que dormía inocente, arropada en suaves pañales de seda. Luciana se acercó hasta ella e inclinándose depositó un delicado beso en una de sus mejillas para luego, abrazada de Jorge, contemplar por vez primera a su hija Lucy.   

Señores, dijo el director. A nombre de los demás directores del Centro y del mío propio les doy las gracias por haber confiado en nosotros la gestación de su hija de acuerdo con las especificaciones contenidas en el contrato original firmado hace un año y sus adendas correspondientes. De conformidad con nuestro compromiso les entregamos a su hija y toda la documentación que acredita estar libre de las malformaciones genéticas detectadas en el óvulo que usted nos proporcionó hace diez años y, así mismo, del material genético del donante.  En el chip adjunto está toda la información pertinente a la gestación de su hija, desde su concepción hasta la fecha. Y la garantía de por vida de que sus instrucciones han sido cumplidas al pie de la letra. ¡Felicitaciones!

Luego de agradecerle al director, se retiraron con dirección al automóvil para emprender el camino a casa de Luciana en donde estaba prevista una íntima reunión familiar. Y mientras contemplaba extasiada a su hija que aún dormía entre sus brazos, su pensamiento se entretenía urdiendo los últimos detalles pendientes para asegurar su nombramiento en la próxima reunión de accionistas.

Pero algo más rondaba en su cabeza. Algo perturbador que su cerebro no alcanzaba a procesar del todo. El cabal significado de algo que había leído en el libro que le habían obsequiado esa mañana, La Biblia.

Bueno, se dijo. Mi primer gran objetivo para este año lo acabo de lograr. El segundo, estoy segura de lograrlo la próxima semana cuando la Junta de Accionistas se reúna para elegir al nuevo Directorio. Ya todo está concertado. Lo demás, carece de importancia.

 

Petronio                                                                                         8 de marzo de 2019

 

  

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