martes, 24 de agosto de 2021

 EL ÚLTIMO MIAU

El pasado 22 de junio, a una edad muy avanzada, falleció Tama-chan, Jefa de Estación del Ferrocarril de Kishi en Japón. A su funeral acudieron miles de personas y el presidente de la compañía matriz declaró que sería honrada como una diosa y enterrada en un santuario Shinto. 

Allá por el 2006 la estación de Kishi era una de las 12 paradas obligadas de un tren rural entre las ciudades de Wakayama y Kishigawa, pero perdía 500 millones de yenes anuales. Todo apuntaba a que debía ser cerrada; pero sus clientes, los pasajeros, se opusieron y dijeron no. De manera que fue vendida a la Wakayama Electric Railway (WER), que despidió al último empleado en Kishi y designó al bodeguero de la estación como guardián informal de la misma. Al año siguiente, Tama-chan fue nombrada Jefa de Estación.

Trabajó todos los días de su vida de 9:00 a.m. a 5:00 p.m., excepto los domingos. Por su figura excepcional y sus buenos modales fue ganándose la simpatía de los pasajeros del tren y como consecuencia el tráfico del ramal de Kishi incrementó en un 10% el primer año y a partir de allí siguió haciéndolo todos los años. Los turistas acudían de todos los confines de Japón para conocer a tan extraordinaria personalidad. El presidente de la línea ferroviaria estimaba que gracias a ella la economía local había crecido en más de mil millones de yenes.

En el 2009 un tren, el Tama-densha, denominada en su honor, empezó a recorrer la vía con su imagen en todos los asientos. Al año siguiente la estación fue reconstruida con la forma de su cabeza y una cafetería abrió con su retrato perennizado en cada cupcake que vendía.  Una tienda de regalos ofrecía bolsas Tama, libretas, llaveros, figurines y todo tipo de suvenires con su imagen.

En reconocimiento por su contribución a los ingresos de la compañía, Tama-chan fue promovida a súper-jefe de estación, luego a jefe honorario de división, oficial operativo de la WER y, finalmente, a vicepresidente de la compañía matriz. Ostentando ese alto cargo, el pasado 22 de junio, Tama –chan cerró sus ojos verdes y lanzó su último suspiro o, para decirlo con mayor propiedad, su último miau. Tenía la avanzada edad de 16 años.

Cuando Tama-chan nació en un rincón de la sala de espera de la estación de Kishi, su futuro no auguraba nada brillante. Sin embargo, apenas abiertos sus ojos, rodó lánguidamente sobre su espalda, torció su cuello para lamerse el lomo y contempló la hermosa combinación de parches alternados negros y marrones que le indicaban que no era una gata cualquiera sino alguien perteneciente a una raza muy especial apreciada y venerada desde antaño en todo Japón por sus dones para alejar los malos espíritus, proteger a los necesitados y atraer la buena fortuna.

Ahora, en la otra vida, Tama-chan, la Divina, debe estar gozando de las delicias del paraíso gatuno cazando ratones; pero en ésta, su sucesora Nitama (la Segunda Tama) ha asumido sus funciones y responsabilidades, no sólo con los pasajeros del Tama-densha sino además con los del Tren de Juguete y el Tren Fresa; porque, al fin y al cabo, la vida continua y los negocios también.

 (De la página obituaria de la revista The Economist).

Petronio                                                                                         5 de septiembre de 2015    

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