SE BUSCA PAREJA
o
LAS AVENTURAS DE UNOS CALCETINES DESCARRIADOS
Breve reseña.- Esta historia se escribió en tres etapas con varios años de separación. La última es más reciente. Apenas tiene un año.
Fulano de Tal se mudó a Miraflores hace algunos años, luego de haber vivido casi cuarenta en el distrito de La Molina. El contraste fue grande y el proceso de adaptación largo e inconcluso. De una casa amplia rodeada de jardines y grandes espacios abiertos, a un departamento de cuatro habitaciones con un macetero en una esquina de su sala, como recordatorio de otra época de abundante vegetación ya perdida, aunque nunca olvidada.
Pero
no se vaya a creer que Fulano se quejaba de este cambio o que ahora vivía mal. Nada
de eso. Es más, se diría que vivía bastante bien. Su departamento ubicado en un
edificio en la zona residencial del distrito contaba con todos los servicios a
la mano, cubría todas sus necesidades y era bastante amplio para una sola
persona. Y le resultaba entretenido dedicar un tiempo todos los días para
mantenerlo limpio y ordenado, mientras su memoria y su imaginación competían en
su cerebro recordando cosas y forjando historias . Hacía ya varios años que había
prescindido de los servicios de una empleada para las labores domésticas, al
notar la desaparición de algunas pertenencias; unas de poco valor y otras no
tanto. No podía asegurar que la empleada las hubiera tomado; pero, por
precaución, decidió realizar esas tareas por cuenta propia. Además, como buen
jubilado, disponía de tiempo y esas labores lo mantenían lo suficientemente
ocupado para no aburrirse.
El
departamento contaba, entre otros, con un ambiente de lavandería,
apropiadamente acondicionado para este menester con una lavadora-secadora. Y allí
lavaba su ropa separando el tipo de prenda en cada ocasión tal como recomendaban
las instrucciones del manual. Pasaron varios meses sin mayor novedad hasta que
un día, cuando se disponía a guardar las prendas lavadas, saltó la liebre. Al
momento de enrollarlas por pares sobraron dos calcetines sin pareja. La verdad
es que esa primera vez no se sorprendió. -Ya aparecerán, se dijo. -Deben estar
refundidas en alguna parte.
Pero
en la siguiente ocasión ya no fueron dos sino tres las prendas sin pareja y más
adelante cuatro. Luego de una ligera e infructuosa búsqueda empezó a preocuparse.
Sistemáticamente, como buen aficionado a la ciencia, se planteó varias hipótesis.
En verdad, no era esta la primera vez que le ocurría tal tipo de percance y
recordaba lo frecuente que era cuando vivía en La Molina; calcetines y prendas
mayores, como ropa interior y toallas, solían desaparecer sin dejar rastro. El
problema se complicaba pues eran numerosas las prendas que ponía a secar al sol
en los cordeles tendidos en los amplios espacios exteriores de su casa. Hasta
que por fin pudo descifrar el misterio: los perros. Tenía dos, un husky
siberiano y un pastor alemán, y ambos estaban empeñados en demostrarle a su
dueño quién era el más diestro enterrando cosas, además de los clásicos huesos.
De tiempo en tiempo, cuando el jardinero
removía la tierra para ampliar o renovar el jardín, solía encontrar no sólo
huesos sino también toallas, una que otra prenda interior y… calcetines.
Pero ahora, en su
departamento, no tenía perros o mascotas a quienes echarles la culpa; y tampoco
tierra donde ocultar algo. De manera que
esta primera hipótesis la descartó de plano. Segunda hipótesis: refundidos en un
closet. Vació todos los cajones, revisó una por una cada prenda y nada. Tercera
hipótesis: guardados, pero mal emparejados. Desenvolvió cada rollito, los revisó
y los volvió a enrollar: nada. Cuarta hipótesis: refundidos en otro lugar. Dedicó
varias semanas a revisar sistemáticamente cada rincón del departamento.
¿Resultado? El mismo de siempre; nada. Quinta hipótesis: tirados a la basura. Esta
era difícil de comprobar, pero posible de ocurrir; salvo por un pequeño gran
detalle: en la mañana de ese día, luego de la sesión de lavado, ya no fueron
tres ni cuatro los calcetines sin pareja: fueron ocho. La cosa se había puesto
peluda.
Entonces, Fulano decidió recurrir a sus amigos y familiares para que lo ayudasen a resolver el misterio dándole alguna pista o sugerencia. Incluso le pasó por la mente colocar un aviso que dijera algo así como Se Busca Pareja; pero se arrepintió porque el mensaje podía resultar ambiguo y sujeto a erradas interpretaciones. De todos modos, he decidido ayudarlo. Si alguien ha visto errando por allí algunas de las prendas que se muestran en la foto sírvanse por favor ponerse en contacto con él. Le harían un gran favor pues su búsqueda ya se está convirtiendo en una verdadera obsesión. Hay una buena recompensa de por medio, dice. Un millón … de gracias.
EPILOGO
- ¡Ssshhh! – una voz se escuchó en la penumbra.
- ¿Qué? -se escuchó otra voz.
- ¡Ssshhh! -se escuchó
nuevamente. -Hablen bajito; no quiero que Fulano se despierte y nos descubra.
- ¡Ahhh!, de acuerdo -respondió un murmullo. -¿Qué pasa, Negro?
- Pero sólo algunas; y no podemos afirmar que
sean definitivas. Tal vez en cualquier momento…
- Hmmm -se escuchó rezongar al otro.
- No, Rayas. No. Tiene que ser ya, y así de
drástico. Y no lo hago sólo por nosotros sino por los otros que vendrán.
- Miren amigos. Fulano está tomando muy en
serio esto de las desapariciones y en cualquier momento puede descubrir nuestro
secreto y entonces… ¡Adiós para siempre a nuestras incursiones! Dense cuenta.
Nosotros ya conocimos el mundo exterior, hemos salido muchas veces y si ahora las
cancelamos, sólo nos habremos perdido la oportunidad de conocer más. Pero ¿y
los que vengan después? ¡No lo verán nunca! Estarán condenados a permanecer para
siempre en esas estrechas prisiones que Fulano llama zapatos; como nosotros antes
de encontrar la forma. Y no es necesario hacerles recordar cómo son a veces
esas prisiones herméticas y malolientes. Y en las noches estarán en penumbras o
en la total oscuridad de los closets. ¿Quieren ese destino para los demás?
- ¡Nooo! -dijeron todos en coro, luego de un
pequeño silencio.
- Pues bien. Entonces, esta noche, yo y el Gris
haremos una última incursión.
- ¿Pero, por qué? -se atrevió a preguntar
uno.
- Porque
nadie tiene la vida asegurada y porque todos saben cuánto trabajo nos costó
orientarnos en ese mundo desconocido que es la calle. Debemos dejar este
conocimiento como legado para los que vengan después y evitarles tiempo y
esfuerzo de aprender todo por sí solos. Ellos están destinados a conocer más y
nosotros les facilitaremos la tarea. ¿Estamos de acuerdo?
- Un murmullo de asentimiento se escuchó en
el recinto.
- Vamos pues, Gris. Prepárate para emprender
nuestra última incursión.
El Negro y el Gris
conversaban sobre una plataforma móvil, entreverados y casi cubiertos por una
montaña de objetos misceláneos de toda naturaleza, forma, peso, color y olor.
- No uses eufemismos -dijo el Negro. -Di,
nos tiró a la basura.
- Bueno. Si tú lo dices, Negro; eso es
verdad, aunque no me gusta esa frase.
- Es nuestro destino, Gris; y debemos
agradecerle a Fulano por habernos permitido acompañarlo por tanto tiempo.
Mírate. Estás todo arrugado, descolorido y con huecos. Estás que das pena o risa.
- Y tú no estás mejor, Negro. Oye, el
ruido es cada vez más fuerte y el calor aumenta. Nadie nos ha contado acerca de
este lugar; pero han sido muchos los rumores de cómo es el final. No es que sea
un cobarde; pero esto no me está gustando nada. Y una cosa más. Escuché más de
una vez a Fulano y sus amigos hablar de un lugar hermoso llamado cielo o
paraíso donde van ellos cuando mueren. No sé qué cosa es; pero creo que es algo
bueno. ¿Habrá algo así para nosotros, Negro?
- No lo sé, Gris. A mí también me gustaría
que lo hubiera. Sin embargo, lo que me interesa ahora es despedirme. El ruido
es ensordecedor y te habrás dado cuenta de que casi estamos gritando para
entendernos. Muy pronto ya no tendremos esa oportunidad. Así que ¡Adiós, amigo!
¡Fue bueno conocerte y caminar juntos un trecho de nuestra existencia!
- ¡Adiós Negro! Igualmente. ¿Valió la
pena?
- ¡Claro que sí, Gris! ¡Claro que sí! ¡Conocimos el mundo! ¡Y los amigos
que dejamos, también lo conocerán! ¿Crees que es poca cosa?
*****
- Por supuesto. Dijo el otro, mirándolo
extrañado. Imposible no escuchar el traqueteo de la faja transportadora y ese
maldito horno que parece un infierno.
- No, no.
¿No has escuchado … voces?
- ¿Voces? ¿Estás loco? ¿Cómo diablos vas a
oír voces en medio de esta montaña de basura? Deja de chupar, carajo; o te van
a botar de la empresa por borracho y encima por demente.
- Tienes razón. Anoche me pegué una bomba
que para que te cuento. Pero; aun así, creí escuchar algo; aunque por el ruido
no pude entender nada.
- ¡Que vas a entender nada, huevón! Allí
no hay nada vivo y si lo hubiera, la trituradora y el horno lo mataban.
Realmente me empiezas a preocupar. Creo que los años que llevas en este maldito
lugar te están pasando la factura. ¡Jubílate ya! ¡Este trabajo es para brutos y
nada bueno encontrarás aquí; sólo basura! Yo mismo estoy pensando en cambiar de
trabajo.
- Tienes razón, nuevamente. Y creo que yo
también me estoy convirtiendo en basura. Y, sin embargo, esas voces …
- Otra vez con la misma cojudez!
¡Olvídate hombre! Y fíjate como la trituradora muele toda esa mierda y ese
infierno de horno termina el trabajo. No lo repitas porque si no yo también
empezaré a oír voces. Oye; nuestro turno está por terminar. Te invito un trago
para olvidarnos de toda esta vaina. ¿De acuerdo?
- De acuerdo, dijo el otro.
- Milagrosamente sobrevivieron a la trituradora; pero no al horno. Y mientras se precipitaban al infierno de las llamas, el Negro recordó la primera vez que logró escapar sigilosamente de la secadora y encontrar la forma de recorrer el mundo; ancho y ajeno, como le escucho decir a Fulano más de una vez.
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