UNA TRADICION DE TRADICIONES
Breve reseña. Este relato está compuesto tomando como base los títulos de algunas Tradiciones de don Ricardo Palma que se muestran a color, y tratando de copiar el estilo del ilustre tradicionista. La historia es por supuesto, ficticia.
Pero lo cierto es que , loco o no, Santiago tenía otra pretensión mucho más seria: su amiga, la Castellanos. Cuando ella se enteró, se vio entre la espada y la pared, teniendo que decidir entre El tío Monolito y el “loco” de Santiago. ¿A quién creen que prefirió la Castellanos? No es necesario recurrir a El virrey de la Adivinanza para saberlo. Por supuesto que no fue a Santiago, y tal fue su furia por el desplante sufrido que en un arranque de celos le puso la mano encima, ignorando aquello que por desgracia se olvida: No se pega a la mujer.
Lo
que ocurrió entonces fue algo inaudito. Santiago
“Volador”, presa de los Delirios de un loco y tomando Al
pie de la letra eso de que El hábito no
hace al monje, decidió
entablar Un proceso contra Dios que, como
era de esperar, dio lugar a un Un litigio original en
esta apacible ciudad, provocando de paso una descomunal Batalla de frailes.
Durante el proceso salieron a relucir referencias y argumentos a cuál más disparatados y absurdos como: Los jamones de la Madre de Dios, El ombligo de nuestro padre Adán, Las balas del Niño Dios, La misa negra y otras linduras por el estilo. La ciudad estaba alborotada; pero los limeños estaban sumamente divertidos.
A medida que transcurrían los días la cosa se enredaba más, haciendo la delicia de los limeños que se alineaban a favor de uno u otro de los protagonistas. Unos opinaban que todo eso no era sino Cosas de frailes. Otros decían que todo se había originado por un Capricho de limeña. Y no faltaban aquellos que opinaban que el lío era una Maldición de mujer y la palmaria demostración de una falta de autoridad; por lo que exigían Las orejas del alcalde.
Una frase salvadora pues, como se supo después, la cosa se iba poniendo color de hormiga y amenazaba con llegar a mayores estando a punto de estallar un Motín de limeñas. Y de sobra sabemos que una conspiración de mujeres es más peligrosa que La conspiración de la saya y manto.
Al final, El que pagó el pato fue Johan de la Coba quien, aunque no tuvo arte ni parte en todo este embrollo, ya tenía malos antecedentes y previsoramente tomó las de Villadiego y huyó del país. De otro modo podría haber terminado como Reo de Inquisición y quizás en las manos de Pancho Sales el verdugo.
Y ustedes se preguntarán con toda razón ¿qué pasó con La Castellanos y el Tío Monolito? Pues, en verdad no lo sé y contestaré como lo hiciera alguna vez nuestro insigne tradicionista: ¡Averígüelo, Vargas!
Petronio 20 de junio de 2019
No hay comentarios:
Publicar un comentario