¿ADONDE SE FUERON TODOS LOS CRIMINALES?
Esta pregunta encabeza el capítulo 4 de Freakonomics, un best seller del New York Times.
Es un libro que vale la pena leer por muchas razones, siendo
una de ellas la que, a pesar de su estrambótico título, suministra
explicaciones coherentes y convincentes, aunque nada convencionales, a
problemas o situaciones que a ningún otro economista se le hubiese ocurrido
plantear o analizar.
Quienquiera que haya vivido en los Estados Unidos, en la
segunda mitad del siglo XX, o que haya estado medianamente informado de los
acontecimientos ocurridos en esa época, puede corroborar que la criminalidad en
dicho país llegó a su clímax alrededor de 1990, para luego declinar en forma acelerada durante la misma década. En los
quince años previos, los crímenes violentos se habían incrementado en un 80 por
ciento y todos los pronósticos indicaban que esa tendencia no sólo iba a continuar,
sino que podía acentuarse. Pero; para sorpresa de todos, no continuó ni se
acentuó, sino que siguió la tendencia opuesta y se redujo a los niveles de
cuarenta años antes. ¿Cómo pudo suceder esto? ¿A qué se debió tan drástico
cambio de tendencia? Los “expertos” se
apresuraron a elaborar toda suerte de explicaciones en un vano intento de
justificar sus pronósticos errados.[1]
Si la criminalidad se redujo en forma acelerada en pocos años, la pregunta
natural es: ¿Adonde se fueron todos los criminales? Respuestas simplistas saltan
de inmediato; pero no resisten un mínimo análisis. Creer que los criminales
fueron abatidos o encarcelados resulta absurdo. La mortandad hubiera sido
terrible o el número de cárceles se habría multiplicado exageradamente. Y creer
en una resocialización masiva de los criminales sería creer en milagros. ¿Cuál fue
entonces la verdadera causa?
El economista Steven D. Levitt, uno de los autores de
Freakonomics, ha examinado cientos de publicaciones que “explican” a qué se
debió el súbito descenso en la criminalidad, los ha clasificado y los ha analizado
sistemáticamente uno por uno contrastándolos con la realidad a través de cifras
y datos oficiales. El resultado se muestra en la siguiente lista, por orden de
importancia.[2]
- · Estrategias policiales
innovadoras.
- · Mayor seguridad en las
prisiones.
- · Cambios en los mercados
del crack y de otras drogas.
- · Envejecimiento de la
población.
- · Leyes de control de armas
más duras
- · Economía más fuerte.
- · Incremento del número de
policías.
- · Otras explicaciones (Incremento
del uso de la pena capital, recompra de armas, etc.)
Según Levitt, sólo tres de estas medidas han contribuido en algo a la reducción de la criminalidad; pero la que sí ha contribuido en mayor proporción, no figura en la lista. No vamos a examinarlas todas; Levitt lo hace en su libro y demuestra con números, cuánto ha contribuido cada una al resultado final. Sólo mencionaremos la primera y, por supuesto, la que no figura en la lista.
La primera explicación (innovative policing strategies)
está claramente ilustrada por la muy conocida historia, dentro y fuera de USA,
que tiene como protagonistas a dos personajes emblemáticos: Rudolph Gugliani, alcalde
de Nueva York y William Bratton, comisionado de policía.[3]
La feliz coincidencia de que la criminalidad empezara a disminuir
dramáticamente en Nueva York a partir de
la entrada en funciones de estos dos personajes con sus ideas innovadoras hizo
que, incluso hasta nuestros días, se tome como como artículo de fe que a ellos
y a sus medidas se debió ese gran logro.[4]
Levitt, se encarga de desvirtuar esta falacia con sólidos
argumentos y cifras en la mano.
Uno de estos es la simple comprobación de que no sólo en
Nueva York sino en todos los Estados Unidos la criminalidad descendió durante
los años noventa; a pesar de que muy pocas ciudades adoptaron medidas
semejantes a las que se implantaron allí. Para no mencionar el hecho de que,
con toda su aureola de éxito, Bratton tuvo que renunciar, veintisiete meses después
de ocupado el cargo.
La causa, según Levitt, que más contribuyó a la reducción
del crimen en los Estados Unidos es una que a primera vista resulta insólita y
aparentemente desconectada del tema. Hay que tener paciencia, abandonar
prejuicios y compenetrarse con la argumentación (y los datos) para aceptarla, y
en esto, ayuda mucho prestar atención a las noticias policiales de cualquier
país del mundo y del Perú en especial: la
mayor parte de los actos delincuenciales la cometen los jóvenes. Dicho esto, pasemos a exponer un resumen de la
argumentación de Levitt, y que pone a la legalización del aborto como la causa principal de la reducción
de la criminalidad en los Estados Unidos.
El control de la natalidad y el aborto en especial, han sido
y siguen siendo temas controversiales en cualquier parte donde se haya querido
implantar. Levitt cita los casos de los países escandinavos y los países de
Europa del Este, sobre todo el de Rumanía en la época del tirano Ceaucescu; y
las consecuencias favorables o desfavorables provocadas por las políticas que
se introdujeron. En los Estados Unidos, en 1828, Nueva York fue el primer
estado en restringir el aborto; pero recién en 1900 fue declarado ilegal en
todo el país. En la primera parte del siglo XX el aborto era peligroso y caro y
en consecuencia eran pocas las mujeres que podían acceder a esa o a cualquier
otra medida de control de la natalidad. Por lo tanto; tenían más hijos. A fines de los sesenta, varios estados
empezaron a permitir el aborto bajo circunstancias extremas (violación, incesto
o peligro de muerte de la madre). Para
1970 en cinco estados el aborto ya era legal y ampliamente asequible. Sorpresivamente,
el 22 de enero de 1973, la legalización del aborto fue extendida a toda la
nación, con la decisión de la Suprema Corte en el caso Roe vs. Wade. Durante el
primer año de vigencia de la ley 750 mil mujeres abortaron en los Estados
Unidos (un aborto por cada cuatro nacidos vivos). Para 1980 esta ratio bajó a 1
por cada 2.25.
La legalización del aborto tuvo muchas y variadas consecuencias.
El infanticidio disminuyó en forma dramática. Igualmente descendió el número de
matrimonios forzados y la cantidad de bebés dados en adopción. El número de
concepciones se elevó en un 30%; pero el número real de nacimientos descendió
en un 6%, lo cual indica que las mujeres estaban usando el aborto como un
método de control de la natalidad. Pero el mayor y más dramático efecto del
aborto legalizado fue su impacto sobre la criminalidad. Levitt pone en
evidencia la relación estadística de causa y efecto durante la década de los
noventa, entre la nueva generación de jóvenes nacidos deseados (excluidos por
supuesto los no nacidos o abortados) y los crímenes cometidos por ellos en dicho
período. El razonamiento se resume así: El aborto legalizado conduce a una menor
no-deseabilidad; la no-deseabilidad conduce a una mayor criminalidad; el aborto
legalizado, por lo tanto, conduce a una menor criminalidad. Esto, en palabras, puede sonar algo confuso o
rebuscado y la conclusión puede generar todo tipo de reacciones; sobre todo de
carácter moral. Motivo por el cual, los medios y la gente en general prefieren
atribuir el éxito en la reducción de la criminalidad a otros factores más
visibles e inmediatos: brillantes políticas policiales, mejor y más inteligente
control de armas, etc. Difícilmente pueden comprender o están dispuestos a
aceptar explicaciones más mediatas o indirectas como el efecto distante del
aborto en la reducción de la criminalidad. Pero; estadísticamente hay pruebas
cada vez más irrefutables, como el hecho de que en los cinco estados en los que
se legalizó el aborto en 1970, la criminalidad se empezó a reducir antes que en
los demás estados que lo legalizaron después.
¿Es entonces el aborto la solución más efectiva al acuciante
flagelo de la criminalidad? Y si lo fuera ¿estaremos dispuestos a aplicarla sin
más ni más? ¿La ética y la religiosidad no cuentan?
¿Y qué de las soluciones tradicionales? ¿Es auto engañarse
y tirar el dinero de los contribuyentes sabiendo que esas medidas terminan
siendo ineficaces o ineficientes, para dicho fin?
En cuanto a la pregunta ¿Adonde se fueron todos los
criminales? podemos dar ahora, con Levitt, una respuesta más simple,
directa y segura: esos criminales no llegaron a nacer; fueron abortados.
Petronio La
Molina, 25 de septiembre de 2010
[1] Esto
trae a colación la irónica definición de lo que es un economista: Es un experto
que luego de una crisis sabe explicar muy bien por qué fallaron sus teorías y
predicciones.
[2] Esta referencia es importante y
pertinente pues en nuestro país, ante el incremento de la delincuencia,
nuevamente se empiezan a proponer medidas semejantes a las que se citan.
[3] Nuestro
fenecido alcalde Alberto Andrade trajo a Lima como invitado a William Bratton,
con la intención de concientizar a la gente y aplicar su teoría de “la ventana
rota”. Su hermano Fernando, quien postula al parecer sin mayor chance a la
alcaldía limeña ha mencionado dicha teoría durante la actual campaña electoral.
[4] La tasa de homicidios en Nueva
York cayó del 30.7 por cien mil habitantes en 1990, a 8.4 en el 2000. Una
reducción espectacular del 73.6%.
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