jueves, 19 de agosto de 2021

¿A DONDE SE FUERON TODOS LOS CRIMINALES?

 

¿ADONDE SE FUERON TODOS LOS CRIMINALES?

Esta pregunta encabeza el capítulo 4 de Freakonomics, un best seller del New York Times.

Es un libro que vale la pena leer por muchas razones, siendo una de ellas la que, a pesar de su estrambótico título, suministra explicaciones coherentes y convincentes, aunque nada convencionales, a problemas o situaciones que a ningún otro economista se le hubiese ocurrido plantear o analizar.

Quienquiera que haya vivido en los Estados Unidos, en la segunda mitad del siglo XX, o que haya estado medianamente informado de los acontecimientos ocurridos en esa época, puede corroborar que la criminalidad en dicho país llegó a su clímax alrededor de 1990, para luego declinar en forma  acelerada durante la misma década. En los quince años previos, los crímenes violentos se habían incrementado en un 80 por ciento y todos los pronósticos indicaban que esa tendencia no sólo iba a continuar, sino que podía acentuarse. Pero; para sorpresa de todos, no continuó ni se acentuó, sino que siguió la tendencia opuesta y se redujo a los niveles de cuarenta años antes. ¿Cómo pudo suceder esto? ¿A qué se debió tan drástico cambio de tendencia?  Los “expertos” se apresuraron a elaborar toda suerte de explicaciones en un vano intento de justificar sus pronósticos errados.[1] Si la criminalidad se redujo en forma acelerada en pocos años, la pregunta natural es: ¿Adonde se fueron todos los criminales? Respuestas simplistas saltan de inmediato; pero no resisten un mínimo análisis. Creer que los criminales fueron abatidos o encarcelados resulta absurdo. La mortandad hubiera sido terrible o el número de cárceles se habría multiplicado exageradamente. Y creer en una resocialización masiva de los criminales sería creer en milagros. ¿Cuál fue entonces la verdadera causa?

El economista Steven D. Levitt, uno de los autores de Freakonomics, ha examinado cientos de publicaciones que “explican” a qué se debió el súbito descenso en la criminalidad, los ha clasificado y los ha analizado sistemáticamente uno por uno contrastándolos con la realidad a través de cifras y datos oficiales. El resultado se muestra en la siguiente lista, por orden de importancia.[2]

  • ·     Estrategias policiales innovadoras.
  • ·     Mayor seguridad en las prisiones.
  • ·     Cambios en los mercados del crack y de otras drogas.
  • ·     Envejecimiento de la población.
  • ·     Leyes de control de armas más duras
  • ·     Economía más fuerte.
  • ·     Incremento del número de policías.
  • ·     Otras explicaciones (Incremento del uso de la pena capital, recompra de armas, etc.)

    Según Levitt, sólo tres de estas medidas han contribuido en algo a la reducción de la criminalidad; pero la que sí ha contribuido en mayor proporción, no figura en la lista. No vamos a examinarlas todas; Levitt lo hace en su libro y demuestra con números, cuánto ha contribuido cada una al resultado final. Sólo mencionaremos la primera y, por supuesto, la que no figura en la lista.

La primera explicación (innovative policing strategies) está claramente ilustrada por la muy conocida historia, dentro y fuera de USA, que tiene como protagonistas a dos personajes emblemáticos: Rudolph Gugliani, alcalde de Nueva York y William Bratton, comisionado de policía.[3] La feliz coincidencia de que la criminalidad empezara a disminuir dramáticamente  en Nueva York a partir de la entrada en funciones de estos dos personajes con sus ideas innovadoras hizo que, incluso hasta nuestros días, se tome como como artículo de fe que a ellos y a sus medidas se debió ese gran logro.[4]

Levitt, se encarga de desvirtuar esta falacia con sólidos argumentos y cifras en la mano.                                    

Uno de estos es la simple comprobación de que no sólo en Nueva York sino en todos los Estados Unidos la criminalidad descendió durante los años noventa; a pesar de que muy pocas ciudades adoptaron medidas semejantes a las que se implantaron allí. Para no mencionar el hecho de que, con toda su aureola de éxito, Bratton tuvo que renunciar, veintisiete meses después de ocupado el cargo.

La causa, según Levitt, que más contribuyó a la reducción del crimen en los Estados Unidos es una que a primera vista resulta insólita y aparentemente desconectada del tema. Hay que tener paciencia, abandonar prejuicios y compenetrarse con la argumentación (y los datos) para aceptarla, y en esto, ayuda mucho prestar atención a las noticias policiales de cualquier país del mundo y del Perú en especial: la mayor parte de los actos delincuenciales la cometen los jóvenes.  Dicho esto, pasemos a exponer un resumen de la argumentación de Levitt, y que pone a la legalización del aborto como la causa principal de la reducción de la criminalidad en los Estados Unidos.

El control de la natalidad y el aborto en especial, han sido y siguen siendo temas controversiales en cualquier parte donde se haya querido implantar. Levitt cita los casos de los países escandinavos y los países de Europa del Este, sobre todo el de Rumanía en la época del tirano Ceaucescu; y las consecuencias favorables o desfavorables provocadas por las políticas que se introdujeron. En los Estados Unidos, en 1828, Nueva York fue el primer estado en restringir el aborto; pero recién en 1900 fue declarado ilegal en todo el país. En la primera parte del siglo XX el aborto era peligroso y caro y en consecuencia eran pocas las mujeres que podían acceder a esa o a cualquier otra medida de control de la natalidad. Por lo tanto; tenían más hijos.  A fines de los sesenta, varios estados empezaron a permitir el aborto bajo circunstancias extremas (violación, incesto o peligro de muerte de la madre).  Para 1970 en cinco estados el aborto ya era legal y ampliamente asequible. Sorpresivamente, el 22 de enero de 1973, la legalización del aborto fue extendida a toda la nación, con la decisión de la Suprema Corte en el caso Roe vs. Wade. Durante el primer año de vigencia de la ley 750 mil mujeres abortaron en los Estados Unidos (un aborto por cada cuatro nacidos vivos). Para 1980 esta ratio bajó a 1 por cada 2.25.

La legalización del aborto tuvo muchas y variadas consecuencias. El infanticidio disminuyó en forma dramática. Igualmente descendió el número de matrimonios forzados y la cantidad de bebés dados en adopción. El número de concepciones se elevó en un 30%; pero el número real de nacimientos descendió en un 6%, lo cual indica que las mujeres estaban usando el aborto como un método de control de la natalidad. Pero el mayor y más dramático efecto del aborto legalizado fue su impacto sobre la criminalidad. Levitt pone en evidencia la relación estadística de causa y efecto durante la década de los noventa, entre la nueva generación de jóvenes nacidos deseados (excluidos por supuesto los no nacidos o abortados) y los crímenes cometidos por ellos en dicho período. El razonamiento se resume así: El aborto legalizado conduce a una menor no-deseabilidad; la no-deseabilidad conduce a una mayor criminalidad; el aborto legalizado, por lo tanto, conduce a una menor criminalidad.  Esto, en palabras, puede sonar algo confuso o rebuscado y la conclusión puede generar todo tipo de reacciones; sobre todo de carácter moral. Motivo por el cual, los medios y la gente en general prefieren atribuir el éxito en la reducción de la criminalidad a otros factores más visibles e inmediatos: brillantes políticas policiales, mejor y más inteligente control de armas, etc. Difícilmente pueden comprender o están dispuestos a aceptar explicaciones más mediatas o indirectas como el efecto distante del aborto en la reducción de la criminalidad. Pero; estadísticamente hay pruebas cada vez más irrefutables, como el hecho de que en los cinco estados en los que se legalizó el aborto en 1970, la criminalidad se empezó a reducir antes que en los demás estados que lo legalizaron después.

¿Es entonces el aborto la solución más efectiva al acuciante flagelo de la criminalidad? Y si lo fuera ¿estaremos dispuestos a aplicarla sin más ni más? ¿La ética y la religiosidad no cuentan?

¿Y qué de las soluciones tradicionales? ¿Es auto engañarse y tirar el dinero de los contribuyentes sabiendo que esas medidas terminan siendo ineficaces o ineficientes, para dicho fin?

En cuanto a la pregunta ¿Adonde se fueron todos los criminales? podemos dar ahora, con Levitt, una respuesta más simple, directa y segura: esos criminales no llegaron a nacer; fueron abortados.

Petronio                                                                    La Molina, 25 de septiembre de 2010    

Nota.- Nótese la fecha en que este artículo fue escrita. La reproduzco ahora, porque la criminalidad en el Perú de estos días, 2021, también está creciendo hasta límites intolerables, tal vez impulsado por la pandemia y la cuarentena prolongada. ¿Lo que funcionó en USA, podría funcionar en Perú? ¿O habrá otra solución?

[1] Esto trae a colación la irónica definición de lo que es un economista: Es un experto que luego de una crisis sabe explicar muy bien por qué fallaron sus teorías y predicciones.

[2] Esta referencia es importante y pertinente pues en nuestro país, ante el incremento de la delincuencia, nuevamente se empiezan a proponer medidas semejantes a las que se citan.

[3] Nuestro fenecido alcalde Alberto Andrade trajo a Lima como invitado a William Bratton, con la intención de concientizar a la gente y aplicar su teoría de “la ventana rota”. Su hermano Fernando, quien postula al parecer sin mayor chance a la alcaldía limeña ha mencionado dicha teoría durante la actual campaña electoral.

[4] La tasa de homicidios en Nueva York cayó del 30.7 por cien mil habitantes en 1990, a 8.4 en el 2000. Una reducción espectacular del 73.6%. 

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