lunes, 23 de agosto de 2021

 

CONVERSACION ENTRE DIOS Y FRANCISCO

-          ¡Francisco! ¡Francisco!

Una Voz que parecía provenir de todas partes y de ninguna llenó la amplia habitación donde un hombre dormía plácidamente, hasta ese momento. Se revolvió entre la suavidad de su ropa de cama, dio un profundo suspiro y … continuó durmiendo.

-          ¡Francisco! ¡Francisco!

Se volvió a escuchar la Voz en un tono más potente pero afectuoso. Esta vez el durmiente abrió los ojos, se sentó en la cama, sacudió su cabeza para despercudirse y casi mecánicamente respondió:

-          ¿Sí? ¡Ah! Sos Vos, Señor.

-          Sí Francisco. Yo soy. Debes estar muy cansado porque he tenido que llamarte dos veces.

-          Disculpame, Señor. Tenés razón. Acabo de retornar a Roma luego de una intensa jornada pastoral por varios países; el último de los cuales ha sido Perú. Una jornada extenuante, pero a la vez sumamente grata. Y aunque los años pesan, Señor, me siento muy feliz.

-          Lo sé, Francisco. Lo sé. Y por eso te he llamado. Para decirte que estoy muy complacido con tu labor pastoral y para darte ánimos y la fortaleza necesaria para la labor que todavía tienes por delante.

-          ¿Aún más, Señor? – pregunta el hombre mientras termina de vestirse.

-          Aún más, Francisco. Hasta el último día. Hay todavía muchísimo que hacer, como decía un poeta peruano que ambos conocemos.

-          Que se haga Tú voluntad Señor; no la mía.

La Voz, entonces, adoptó un tono más íntimo y coloquial.

-          ¿Sabés, Francisco, que sigo paso a paso tus andares y observo complacido cómo, a lo largo de tu camino, la gente se alegra con tu presencia, se conmueve con tu palabra y se llena de esperanza?

-          Dones que vos me has dado, Señor.

-          Y que tú usás muy bien. Pero, decime Francisco. Tengo una curiosidad. Ahora que has retornado ¿Cómo fue tu paso por Lima? ¿Has revisado bien tus cosas? ¿No te faltá nada? ¿El anillo, la billetera, el celular?

-          No, Señor. Nada me falta… creo. – responde Francisco un tanto confundido por la pregunta.

-          Pues no te sorprendas, Francisco. ¡Los milagros ocurren! Y éste ha sido uno de marca mayor. Yo sólo quería escucharlo de tus propios labios.

-          Tenés razón, Señor. No se me había ocurrido. Pero; sacame de una duda. Yo soy argentino, pero vos no. ¿Por qué entonces hablás como argentino?

-          Te olvidás Francisco de que Yo poseo el don de lenguas y que tú eres el primer argentino que tengo como vicario.  ¿No te parece que es una buena oportunidad para practicar?

-          Tenés razón, Señor. Y si querés podemos hablar en lunfardo también -dijo Francisco entrando un poco más en confianza.

-          Podríamos, Francisco; pero por ahora es suficiente. Tal vez en otra ocasión. Pero, cuéntame – dijo la Voz recobrando el tono solemne - Parece que no te fue muy bien en Chile. Te hicieron pasar un mal rato. ¿Verdad?

-          Bueno, Señor. Es cierto; pero eso no fue nada comparado con lo que Tu Hijo sufrió cuando pasó por este mundo. Y, además, el recibimiento que tuve en Perú compensó con creces la frialdad y hostilidad del pueblo chileno.

-          ¿Y qué crees que podríamos hacer para avivar un poco más la fe de ese pueblo?

-          Ahora que lo mencionas, hemos estado pensando en eso seriamente y en una tormenta de ideas que promoví, alguien sugirió que tal vez un terremotito de grado 8 podría…

-          ¡Ni se te ocurra! Francisco. ¡Ni se te ocurra! – interrumpió la Voz. Hace ya mucho tiempo que abandonamos esos métodos, por crueles, indiscriminados e ineficaces. Eso se lo hemos dejado a la competencia.

-          Lo entiendo, Señor. Y perdoname por siquiera haberlo mencionado.

-          No te preocupes Francisco. Sé que tú eres incapaz de pensar en una cosa semejante; pero te sugiero que deberías preocuparte por conocer un poco más a quienes te asesoran. Sin embargo; algo hay que sí puedes hacer por ese pueblo. ¿Qué te parece una segunda visita?

-           Señor ¡Aparta de mí ese cáliz! Yo ya hice lo que pude. Si hay necesidad de otra visita te ruego que se lo pidás a mi sucesor. Yo ya tuve suficiente.

-          Ah, mi querido Francisco. Sólo era una broma. Sabes que también sé hacer bromas de vez en cuando. ¿Verdad?

-          Sí, Señor; pero por un momento pensé que estabas hablando en serio. Y hablando en serio ¿Puedo pedirte un favor?

-          El que quieras Francisco. Dime.

-          Señor. Tú sabés que me gusta el fútbol y que soy hincha del San Lorenzo de Almagro desde niño. Y que vamos en segundo puesto en la tabla de posiciones, muy cerquita de Boca. Los muchachos son buenos jugadores; pero una pequeña ayudita de tu parte no nos vendría mal.

-          ¡Francisco! ¡Qué me estás proponiendo! – dijo la Voz, alzando el tono de voz.

-          Perdoname, Señor. No me malinterpretes y miralo desde este punto de vista. Todo el mundo sabe de mis preferencias en el fútbol y en Argentina todos creen que, ahora que soy tu representante en la tierra, puedo hacer algo por el equipo de mis amores. ¿Te podés imaginar lo que ocurriría si San Lorenzo no alcanza el campeonato? Sería una enorme decepción para la hinchada e incluso para el resto de los argentinos. Y eso afectaría mi imagen y credibilidad. Y, me atrevería a decir que, también la tuya. Tú sabés cómo somos los humanos.

-          ¡Francisco! ¡Francisco! Posees una argumentación formidable y un poder de convencimiento únicos; pero sabes bien que yo no hago distingos ni tengo preferencias por nadie, ni hago trampas; pero algo se me ocurrirá, o tal vez a ti. Yo confío en tu imaginación y perspicacia, y si tienes algo en mente, te doy mi absolución por adelantado. Yo me haré el de la vista gorda.

-          Gracias, Señor. Gracias. Y… ¿Puedo pedirte un último favor?

-          Claro que sí mi querido Francisco. ¿No sabes acaso de que el que pide al Cielo y pide poco es un loco?  Y a pesar de que el mundo parece estar vuelta de cabeza con sus problemas, tú no estás loco todavía ¿verdad? Dime, Francisco. ¿Qué es lo que me quieres pedir?

-          Sólo una cosa más, Señor. ¡Reza por mí!

 

Petronio                                                                                           23 de enero de 2018

 

 

 

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario