EL CELULAR
Los celulares de hoy ya no sólo sirven para hablar. Ahora
son y han reemplazado al:
Teléfono · Cámara fotográfica · Cámara de video · Televisor · Radio · Grabadora Máquina de escribir · Calculadora · Dictáfono · Traductor · Agenda · Chat · Enciclopedia · Diccionario · Reloj · Podómetro · Recordatorio · Alarma · Atlas · Corrector · Calendario · Entretenimiento · Diario · Revista · Libro · Linterna · Espejo · Sala de clases · Lapicero · Etc.
La lista no se agota y más bien se extiende a cada momento con nuevas aplicaciones.
Todo esto, reunido en un solo
aparato que además es móvil, compacto y está al alcance de nuestros dedos o
nuestra voz. Y hay fundadas razones para creer que algún día estará al alcance
de nuestros pensamientos.
Pero el verdadero poder y
utilidad de un teléfono inteligente no reside en el creciente número de
aparatos a los que reemplaza, y con ventaja, sino en la interacción entre las distintas
aplicaciones, dando lugar a la aparición de muchas otras no imaginadas originalmente,
como las redes sociales, las clases y conferencias virtuales, el teletrabajo,
la tele consulta, etc.
Y mientras este nuevo mundo sigue evolucionando
vertiginosamente, en nuestras casas se van “oxidando“ “apolillando” multitud de
aparatos que cumplían una sola función y que hasta hace muy poco nos fueron
útiles y casi imprescindibles. Algunos los conservamos como recuerdos, adornos o
piezas de museo, o porque le hemos “agarrado cariño”. Pero, si en algún momento
no lo decidimos nosotros, nuestros hijos o nietos lo harán, si es no lo han
hecho ya y los tirarán a la basura por inútiles y por ocupar espacio.
De manera que: ¡Adiós a esa
larga lista de objetos tan queridos que nos acompañaron toda la vida!
¡Bienvenidos los teléfonos inteligentes con sus maravillosas aplicaciones, muchas
de las cuales los viejitos como yo no las usamos porque lejos de ayudarnos nos complican
la vida, porque ni las entendemos ni las necesitamos. Y para hacer nuestras cosas,
vamos a las tiendas, a los bancos, al mercado, a los parques y a socializar con
gente “de verdad”. Y aún quedan, en vías de extinción, algunos que siguen
comunicándose ¡por carta!
De manera que, si de verdad
quieren a sus viejitos, no le regalen un celular más inteligente que ellos. Les
van a dar más de un dolor de cabeza y motivos para renegar cada vez que traten
de acertar la tecla correcta con sus temblorosos dedos y les salga un
jeroglífico que ni ellos mismos lo entenderán. Y esto, si se acuerdan de la
contraseña para abrir el aparato.
Petronio 14 de julio de 2021
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