BUENOS
DIAS Y MALAS TARDES
Ayer amanecí contento. ¿Qué
raro? ¿Verdad?
Me levanté a las 6:30 a.m.,
media hora después de lo acostumbrado, para compensar la falta de sueño de días
anteriores, y empezar a cumplir con la lista de tareas pendientes que cada día
se hace más larga en lugar de reducirse. No es tan malo, después de todo, porque no
tengo tiempo para aburrirme.
Entre mis tareas rutinarias
matinales figura la de revisar mi correo y mi WhatsApp y ver qué mensajes
importantes me han llegado. Así lo hice, y mientras preparaba mi desayuno con
unas deliciosas salchichas de Huacho vi un mensaje de la administración del
edificio haciéndome recordar que estaba por vencerse el plazo de la cuota de
este mes, agregando que debía la del mes anterior. Lo que me sorprendió, pues
yo creía haberla pagado.
Entenderán que a esas alturas,
mi alegría inicial ya se había atenuado. Decidí no ocuparme del tema en ese
momento y dejarlo para después del desayuno que ya no me supo tan rico.
Terminé el desayuno y me
dispuse a completar mi rutina diaria, que incluye entre otras cosas lavar la
vajilla para evitar que se acumule y que luego, cuando formen una montaña, ya
no te den ganas de lavarlas sino de tirarlas a la basura. Estoy pensando
seriamente en usar una vajilla desechable.
En fin, haciendo eso y otras cositas más, me dieron las 11 de la mañana. Fui a mi escritorio, encendí la PC y me conecté en línea con el Banco B, donde tengo guardada mi platita, y me dispuse a pagar en línea mi recibo de mayo y buscar la constancia del pago de abril. Luego de algunas peripecias con mi contraseña, el larguísimo código CCI y uno o dos reinicios por tiempo vencido, no pude realizar la transacción, porque mi cuenta en soles no tenía fondos suficientes. ¡#/$%!?)/%!
Me armé de coraje y realicé
una transferencia de mi cuenta en dólares a la de soles y me dispuse a hacer la
bendita (o maldita) transferencia al Banco C, donde está la cuenta acreedora..
Logré hacerla; pero la constancia de abril no la encontré por ningún lado. Como
mi memoria no anda muy bien en estos días (y en los otros tampoco) me dije: “primero
paga y luego reclamas, si es que has pagado doble”. Así lo hice, pero algo
rondaba en mi pobre cerebro reblandecido.
Con esa y otras tareas que
tuve que cumplir a trompicones, me dieron las doce y me dispuse a preparar mi
almuerzo en el horno de aire que me recomendaron (y yo se lo recomiendo a todos).
Todo se puede hacer allí en forma sana, rápida y automática. Lo único que no
puede hacer es freír helados. Una maravilla.
En eso estaba cuando se me
encendió la lamparita, recordé algo y retorné a mi PC a revisar la transacción
de la mañana. ¿Qué fue lo que encontré? Que el T/C usado por el banco había
sido ¡3.26! Salté hasta el techo. Un mes
atrás, en una operación similar el T/C fue de 3.63; algo razonable.
Respiré hondo, conté hasta 100
y me dispuse a ir al local del Banco B que queda a pocas cuadras de mi casa. Me
puse en marcha, caminé, llegué, hice mi cola, entré y pedí conversar en
plataforma con la encargada. Después de dos o tres minutos inútiles de
conversación, me dijo que ese era el T/C del banco. “Explicación” que no me
satisfizo y pedí hablar con la Gerente. Igual. Ese era su “T/C Preferencial”.
¡Cómo sería el normal!
En ese momento mi hígado estaba
más hinchado que pelota de futbol. Me levanté, caminé algunos pasos hasta el
centro del ambiente y, ante la sorpresa de todos les grité su vida y me salí; pero
como todavía me quedaba un poco de bilis, retorné y les dije: “Ustedes
deberían tener vergüenza de trabajar en este banco ladrón”. Y me salí
rápido porque tal vez me habían grabado y estarían llamando a la policía para
capturar a un loco.
Me dirigí a la sucursal del Banco
I, del que también soy cliente, para averiguar su tipo de cambio: 3.59.
Razonable. Regresé a mi casa con la moral por los suelos porque sentía que
había sido víctima de un asalto a mano armada sin poder defenderme.
Colofón de este Martes de
miércoles. Después de 30 años de cliente me voy a retirar del Banco B y pasarme
con todos mis bártulos al Banco C. Allí también te roban; menos, pero con clase. Casi da
gusto ir.
Petronio 18 de mayo de 2021
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