domingo, 26 de septiembre de 2021

YO QUELO JULBO

En la salita de estar que da al jardín el papá está conversando con su pequeño hijo, mientras sigue con la mirada el vuelo de un moscardón que se ha metido en la casa y que, porfiadamente, trata de salir a través de la ventana cerrada.

  • Mira pequeñín, ¿Qué te parece si este fin de semana te llevo a ver un partido de básquet?

El pequeño, que apenas puede hablar, le responde haciendo una mueca de disgusto:

  • No papito. Yo quelo julbo.
  • Bueno hijito. Ya hemos ido al estadio varias veces, pero creo que sería bueno que vieras también otros deportes. 
  • Porque hay muchos otros deportes ¿sabes?
  • Chi, papito; pelo yo quelo julbo, responde resueltamente el pequeño.
  • Mira que en otros deportes somos campeones internacionales... y en el fútbol…nada.
  • Chi, papito; pelo yo quelo julbo, repite el chico visiblemente contrariado.

Pero el papá, torpemente, insiste:

  • Es que hay otros deportes muy bonitos como la natación, el atletismo, el básquet …

A lo que el chico, ya fuera de sí, reacciona tirándose al suelo preso de una pataleta mientras grita desaforadamente:

-        ¡¡¡YO QUELO JULBO!!!  ¡¡¡YO QUELO JULBO!!!

Alarmada por el escándalo y por los gritos del chico baja la mamá del segundo piso y le pregunta a su marido con tono recriminatorio:

  • ¿Qué le has hecho al chico?
  •  ¿Yo? Nada, cariño. Nada. Responde el hombre asustado.
  •     Entonces ¿por qué llora así? -le dice la mujer con una mirada acusatoria mientras   levanta al pequeño y le limpia sus lágrimas.
  •    Por nada, cielo. Yo sólo quería llevarlo a ver el básquet; pero parece que a él no le gustó la idea. Sólo quiere fútbol y yo pensé que sería bueno que apreciara también otros deportes.
  •     Bueno. Pero si al chico le gusta el fútbol ¿para qué contrariarlo? Todos sus amiguitos juegan al fútbol y si no aprende a jugar, cuando entre a la escuela, los demás chicos le van a hacer bullying y tú tendrás la culpa de eso.
Le  dice, señalándolo con un acusador dedo índice; mientras se dirige a las escaleras cargando al niño.

  • Tienes razón. Ya no insistiré. 

g  Resignado, el hombre mueve la cabeza de un lado al otro, abre una hoja de la ventana para que el moscardón pueda escapar al exterior, mientras se dice a sí mismo: 

  •      Tal vez tengan razón. Y para aliviar la tensa situación creada, grita a todo pulmón: 

¡Arriba Perú! 

Y desde la parte alta se escucha la alegre voz del niño, quien repite:

¡Aliba Pelú!

Petronio                                                                                    14 de marzo de 2018 

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