jueves, 30 de septiembre de 2021

 

THE ALIENS AMONG US (Los alienígenas entre nosotros)

Los virus causan pandemias. También le dan forma al mundo.

Los humanos piensan de si mismos como los máximos depredadores del mundo. De aquí el silencio de los tigres dientes de sable, la ausencia de moas de Nueva Zelanda y la larga lista de la megafauna en peligro de extinción. Pero el SARS-COV-2 muestra como la gente puede también terminar como presa. Los virus han causado una letanía de pandemias modernas, desde el covid-19, hasta el HIV/AIDS hasta el brote de influenza en 1918-20, que mató mucha más gente que la primera guerra mundial.  Antes de eso la colonización de las Américas por los Europeos ayudada – o talvez hecha posible – por las epidemias de viruela, sarampión e influenza traídos involuntariamente por los invasores, que aniquilaron a muchos de los habitantes originales.

La influencia de los virus sobre la vida terrestre, sin embargo, va más allá de las tragedias pasadas y presentes de una simple especie, a pesar de lo apremiante que parezcan. Aunque el estudio de los virus empezó como una investigación en lo que parecía ser un extraño subconjunto de patógenos, una reciente investigación los pone en el corazón de una explicación de estrategia de los genes, ambos egoístas[1] y de otra clase.

Los virus son inimaginablemente variados y ubicuos. Y está resultando claro cómo ellos han dado forma a la evolución de todos los organismos desde el mismo comienzo de la vida. En esto, ellos demuestran la ciego e implacable potencia de la selección natural en todo su dramatismo. Y – para un grupo de mamíferos bípedos con cerebro, que los virus ayudaron a crear – ellos también presentan una embriagadora mezcla de amenaza y oportunidad.

Como nuestro ensayo en la edición de esta semana explica, los virus deben ser pensados como paquetes de material genético que explota el metabolismo de otros organismos para reproducirse. Son parásitos de la clase más pura: ellos se prestan todo de su anfitrión excepto el código genético que los hace ser lo que son. Ellos despojan la vida misma a lo esencial de la información y su replicación. Si la abundancia de virus es lo que se busca esa es realmente una estrategia muy exitosa.

El mundo está rebosante de ellos. Un análisis del agua de mar encontró 200,000 diferentes especies virales y no está establecido que sean todos. Otra investigación sugiere que solo un litro de agua de mar puede contener más de 100 mil millones de partículas virales, y un kilo de tierra seca diez veces ese número. Asimismo, de acuerdo con los cálculos en el reverso de una envoltura muy grande , el mundo podría contener 1031 de esas cosas -que es diez seguido de 31 ceros, excediendo todas las formas de vida en el planeta.

Hasta donde cualquiera pueda decir, los virus -a menudo de muy diferentes tipos- se han adaptado para atacar todos los organismos que existen. Una razón para pensar que son un motor de la evolución es que ellos supervisan una incesante y prodigiosa matanza, mutando a medida que lo hacen. Esto es particularmente claro en los océanos, donde un quinto de plancton unicelular es muerto por virus cada día. Ecológicamente , esto promueve la diversidad, recortando las especies abundantes, haciendo así espacio para las más raras. Cuanto más común un organismo es más probable que una plaga local de virus especializado en atacar se desarrolle, y así se mantiene el balance.

Esta propensión a causar plagas es también un poderosos estímulo para que la presa desarrolle defensas, y estas defensas a veces tienen mayores consecuencias. Por ejemplo, una explicación de porqué una célula puede deliberadamente destruirse a si misma si su sacrificio baja la carga viral en células muy afines en las cercanías. De esa forma, sus genes, copiadas en células vecinas, tienen más probabilidades de sobrevivir. Sucede que tal suicidio altruista es un prerrequisito para que las células se junten y formen organismos complejos, tales como arvejas, hongos o seres humanos.

La otra razón de que los virus son los motores de la evolución es que son los mecanismos de transporte de información genética. Algunos genomas virales terminan integrados en las células de sus anfitriones, donde pueden pasar a los descendientes de esos organismos. Entre el 8% al 25% del genoma humano parece tener tales orígenes.

Pero los virus mismos pueden a su turno ser jaqueados y sus genes cambiados a nuevos usos. Por ejemplo, la habilidad de los mamíferos para sostener vida joven es una consecuencia de un gen viral modificado para permitir la formación de placentas. Y aun los cerebros humanos pueden deber su desarrollo en parte al movimiento dentro de ellos, de elementos parecidos a los virus que crean diferencias genéticas entre neuronas dentro de un mismo organismo.

La visión más apasionante de la evolución es que esa impresionante complejidad puede emerger de esa sostenida, implacable y nihilista competencia dentro y entre organismos. El hecho de que el relojero ciego[2] lo ha ocupado a usted con la capacidad de leer y entender estas palabras es en parte una respuesta a las acciones de enjambres de diminutos atacantes replicadores que han estado allí, probablemente, desde que la vida emergió sobre la tierra, alrededor de 4 mil millones de años. Es un ejemplo sorprendente de tal principio en acción -y los virus no han terminado todavía.

La singular toma de consciencia de la humanidad, esculpida por los virus, abre nuevas avenidas para tratar con la amenaza viral y explotarla. Esto empieza con el milagro de la vacunación que nos defiende en contra de ataques patogénicos antes de que se lancen. Gracias a las vacunas, la viruela ya fue, habiendo tomado unas 300 mil vidas en el siglo XX. El polio seguramente lo seguirá algún día. Nueva investigación promovida por la pandemia del covid-19 amplificará la potencia para examinar el reino viral y las mejores respuestas a él, que los cuerpos puedan reunir – llevando la defensa contra los virus a un nuevo nivel.

Otra ruta para el progreso reside en las herramientas para manipular organismos que vendrán de un entendimiento de los virus y las defensas en su contra. Las primeras versiones de la ingeniería genética residían en la restricción de enzimas – tijeras moleculares con los que las bacterias cortaban genes virales y que los biotecnólogos empleaban para mover genes a su alrededor. La última iteración de la biotecnología, la edición de genes letra por letra, que es conocida como CRISPR, hace uso de más precisos mecanismos antivirales.

Desde los comienzos más pequeños.

El mundo natural no es amable. Una existencia libre de virus es una imposibilidad tan profundamente inalcanzable que su deseabilidad no tiene sentido. En cualquier caso, la maravillosa diversidad de la vida reposa en los virus que, tanto son una fuente de muerte, como también una fuente de riqueza y de cambio. Maravilloso, también, es la perspectiva de un mundo en el que los virus sean una fuente de nuevo entendimiento para los humanos – y mueran menos de ellos que nunca.

Petronio                                                           19 de abril de 2021

(Transcripción y traducción libre del artículo principal de la revista The Economist del 22 de agosto de 2020)

(El resaltado es mío


[1] Se hace alusión al famoso libro El Gen Egoísta de Richard Dowkins.

[2] Se hace referencia al otro gran libro de Richard Dowkins sobre la evolución The Blind Watchmaker (El Relojero Ciego).

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