THE
ALIENS AMONG US (Los alienígenas entre nosotros)
Los virus causan pandemias. También
le dan forma al mundo.
Los humanos piensan de si
mismos como los máximos depredadores del mundo. De aquí el silencio de los
tigres dientes de sable, la ausencia de moas de Nueva Zelanda y la larga lista
de la megafauna en peligro de extinción. Pero el SARS-COV-2 muestra como la
gente puede también terminar como presa. Los virus han causado una letanía de
pandemias modernas, desde el covid-19, hasta el HIV/AIDS hasta el brote de
influenza en 1918-20, que mató mucha más gente que la primera guerra mundial. Antes de eso la colonización de las Américas
por los Europeos ayudada – o talvez hecha posible – por las epidemias de
viruela, sarampión e influenza traídos involuntariamente por los invasores, que
aniquilaron a muchos de los habitantes originales.
La influencia de los virus
sobre la vida terrestre, sin embargo, va más allá de las tragedias pasadas y presentes
de una simple especie, a pesar de lo apremiante que parezcan. Aunque el estudio
de los virus empezó como una investigación en lo que parecía ser un extraño
subconjunto de patógenos, una reciente investigación los pone en el corazón de
una explicación de estrategia de los genes, ambos egoístas[1] y de otra clase.
Los virus son
inimaginablemente variados y ubicuos. Y está resultando claro cómo ellos han dado forma a la evolución de todos los organismos
desde el mismo comienzo de la vida. En esto, ellos demuestran la
ciego e implacable potencia de la selección natural en todo su dramatismo. Y –
para un grupo de mamíferos bípedos con cerebro, que los virus ayudaron a crear
– ellos también presentan una embriagadora mezcla de amenaza y oportunidad.
Como nuestro ensayo en la
edición de esta semana explica, los virus deben ser pensados como paquetes de
material genético que explota el metabolismo de otros organismos para
reproducirse. Son parásitos de la clase más pura: ellos se prestan todo de su
anfitrión excepto el código genético que los hace ser lo que son. Ellos despojan
la vida misma a lo esencial de la información y su replicación. Si la
abundancia de virus es lo que se busca esa es realmente una estrategia muy
exitosa.
El mundo está rebosante de
ellos. Un análisis del agua de mar encontró 200,000
diferentes especies virales y no está
establecido que sean todos. Otra investigación sugiere que solo un litro de
agua de mar puede contener más de 100 mil millones
de partículas virales, y un kilo de tierra seca diez veces ese
número. Asimismo, de acuerdo con los cálculos en el reverso de una envoltura
muy grande , el mundo podría contener 1031 de esas cosas -que es
diez seguido de 31 ceros, excediendo todas las formas de vida en el planeta.
Hasta donde cualquiera pueda
decir, los virus -a menudo de muy diferentes tipos- se han adaptado para atacar
todos los organismos que existen. Una razón para pensar que son un motor de la
evolución es que ellos supervisan una incesante y prodigiosa matanza, mutando a
medida que lo hacen. Esto es particularmente claro en los océanos, donde un
quinto de plancton unicelular es muerto por virus cada día. Ecológicamente ,
esto promueve la diversidad, recortando las especies abundantes, haciendo así
espacio para las más raras. Cuanto más común un organismo es más probable que
una plaga local de virus especializado en atacar se desarrolle, y así se
mantiene el balance.
Esta propensión a causar
plagas es también un poderosos estímulo para que la presa desarrolle defensas,
y estas defensas a veces tienen mayores consecuencias. Por ejemplo, una
explicación de porqué una célula puede deliberadamente destruirse a si misma si
su sacrificio baja la carga viral en células muy afines en las cercanías. De
esa forma, sus genes, copiadas en células vecinas, tienen más probabilidades de
sobrevivir. Sucede que tal suicidio altruista es un prerrequisito para que las
células se junten y formen organismos complejos, tales como arvejas, hongos o
seres humanos.
La otra razón de que los virus
son los motores de la evolución es que son los mecanismos de transporte de
información genética. Algunos genomas virales terminan integrados en las células
de sus anfitriones, donde pueden pasar a los descendientes de esos organismos. Entre
el 8% al 25% del genoma humano parece tener tales orígenes.
Pero los virus mismos pueden a
su turno ser jaqueados y sus genes cambiados a nuevos usos. Por ejemplo, la
habilidad de los mamíferos para sostener vida joven es una consecuencia de un
gen viral modificado para permitir la formación de placentas. Y aun los
cerebros humanos pueden deber su desarrollo en parte al movimiento dentro de
ellos, de elementos parecidos a los virus que crean diferencias genéticas entre
neuronas dentro de un mismo organismo.
La visión más apasionante de
la evolución es que esa impresionante complejidad puede emerger de esa
sostenida, implacable y nihilista competencia dentro y entre organismos. El
hecho de que el relojero ciego[2] lo ha ocupado a usted con
la capacidad de leer y entender estas palabras es en parte una respuesta a las
acciones de enjambres de diminutos atacantes replicadores que han estado allí,
probablemente, desde que la vida emergió sobre la tierra, alrededor de 4 mil
millones de años. Es un ejemplo sorprendente de tal principio en acción -y los
virus no han terminado todavía.
La singular toma de
consciencia de la humanidad, esculpida por los virus, abre nuevas avenidas para
tratar con la amenaza viral y explotarla. Esto empieza con el milagro de la
vacunación que nos defiende en contra de ataques patogénicos antes de que se
lancen. Gracias a las vacunas, la viruela ya fue, habiendo tomado unas 300 mil
vidas en el siglo XX. El polio seguramente lo seguirá algún día. Nueva
investigación promovida por la pandemia del covid-19 amplificará la potencia
para examinar el reino viral y las mejores respuestas a él, que los cuerpos
puedan reunir – llevando la defensa contra los virus a un nuevo nivel.
Otra ruta para el progreso
reside en las herramientas para manipular organismos que vendrán de un
entendimiento de los virus y las defensas en su contra. Las primeras versiones
de la ingeniería genética residían en la restricción de enzimas – tijeras
moleculares con los que las bacterias cortaban genes virales y que los biotecnólogos
empleaban para mover genes a su alrededor. La última iteración de la
biotecnología, la edición de genes letra por letra, que es conocida como
CRISPR, hace uso de más precisos mecanismos antivirales.
Desde los comienzos más
pequeños.
El mundo natural no
es amable. Una existencia libre de virus
es una imposibilidad tan profundamente inalcanzable que su deseabilidad no
tiene sentido. En cualquier caso, la maravillosa diversidad de la
vida reposa en los virus que, tanto son una fuente de muerte, como también una
fuente de riqueza y de cambio. Maravilloso, también, es la perspectiva de un
mundo en el que los virus sean una fuente de nuevo entendimiento para los
humanos – y mueran menos de ellos que nunca.
Petronio 19
de abril de 2021
(Transcripción y traducción
libre del artículo principal de la revista The Economist del 22 de agosto de
2020)
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