jueves, 30 de septiembre de 2021

INGENIERO ALBAÑIL O GASFITERO

Hace algunos años, 4 o 5 por lo menos, mi hija, preocupada por mi seguridad y por mi “avanzada edad” me compró dos artefactos para la ducha: una barra para sujetarme con la mano y un asiento para poder ducharme con mayor comodidad. Ambos debían sujetarse a la pared.

Así debió ser; pero yo, recurriendo a mis reconocidas dotes de empedernido procrastinador fui dejando para después la susodicha instalación y los artefactos se fueron refundiendo en algún lugar desconocido de mi departamento, hasta que el Domingo pasado encontré uno de ellos, la barra. Al asiento, que es más grande, lo sigo buscando y parece haber desaparecido por arte de magia, como suele suceder.

Aun así, fueron pasando los días de la semana hasta que armado de coraje y una voluntad inquebrantable decidí ayer poner manos a la obra. Junté todo el material necesario para la instalación y me fui a la cama encomendándome a San Judas Tadeo, patrón de los imposibles, para que hoy por la mañana, a primera hora, emprendiera la tarea. Y así fue.

Taladro percutor Bosch de dos velocidades. Juego de brocas para mampostería. Tarugos de pulgada y media y tornillos apropiados. Extensión de corriente con adaptador porque el cordón del taladro era corto para llegar a donde tenía que perforar la pared. Lápiz y punzón para marcar el lugar preciso donde perforar los cuatro huecos que sujetarían la barra, dos arriba y dos abajo. Martillo para hundir los tarugos en los huecos. Banquito para subirme y poder alcanzar la parte superior de la barra. Desarmadores plano y estrella para apretar los tornillos que sujetan la barra a la pared. Y lo principal: una buena dosis de paciencia y mucho cuidado para perforar la pared sin que se rajen o astillen las planchas de cerámica.

Al final, luego de un par de horas de trabajo, planificación, mediciones, cálculos matemáticos, correcciones, un poquito de geometría euclidiana y otro tanto de fuerza bruta, logré terminar mi mayor obra de ingeniería de los últimos tiempos en mi departamento. Buena señal de que todavía tengo cuerda para rato y que cinco años de estudios, varios de especialización y cincuenta años de vida profesional todavía sirven para algo.

Y lo mejor es que no me caí. Y que no me caeré en la ducha cada vez que entre o salga de ella pues ahora tengo una barra donde sujetarme si me resbalo. 

Hoy en la noche la estreno antes de irme a la cama y seguramente tendré un sueño agradable, y no las habituales pesadillas provocadas por la pandemia, la cuarentena, la vacuna china, las camas UCI, Vizcarra, Mazzetti, Acuña, Lescano, López Aliaga y demás miembros del elenco del terror.

Por el momento, les presento mi obra maestra.

Aunque pensándolo mejor, la próxima vez llamaré a un gasfitero o a un albañil; sobre todo ahora que ¡Oh, sorpresa! buscando otra cosa en el depósito, encontré dentro de una caja, bien escondido, el asiento fugitivo.  

Petronio                                                                                            20 de marzo de 2021 

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