INGENIERO ALBAÑIL O GASFITERO
Hace algunos años, 4 o 5 por
lo menos, mi hija, preocupada por mi seguridad y por mi “avanzada edad” me
compró dos artefactos para la ducha: una barra para sujetarme con la mano y un
asiento para poder ducharme con mayor comodidad. Ambos debían sujetarse a la
pared.
Así debió ser; pero yo,
recurriendo a mis reconocidas dotes de empedernido procrastinador fui dejando
para después la susodicha instalación y los artefactos se fueron refundiendo en
algún lugar desconocido de mi departamento, hasta que el Domingo pasado
encontré uno de ellos, la barra. Al asiento, que es más grande, lo sigo
buscando y parece haber desaparecido por arte de magia, como suele suceder.
Aun así, fueron pasando los
días de la semana hasta que armado de coraje y una voluntad inquebrantable
decidí ayer poner manos a la obra. Junté todo el material necesario para la
instalación y me fui a la cama encomendándome a San Judas Tadeo, patrón de los
imposibles, para que hoy por la mañana, a primera hora, emprendiera la tarea. Y
así fue.
Taladro percutor Bosch de dos
velocidades. Juego de brocas para mampostería. Tarugos de pulgada y media y
tornillos apropiados. Extensión de corriente con adaptador porque el cordón del
taladro era corto para llegar a donde tenía que perforar la pared. Lápiz y
punzón para marcar el lugar preciso donde perforar los cuatro huecos que
sujetarían la barra, dos arriba y dos abajo. Martillo para hundir los tarugos
en los huecos. Banquito para subirme y poder alcanzar la parte superior de la
barra. Desarmadores plano y estrella para apretar los tornillos que sujetan la
barra a la pared. Y lo principal: una buena dosis de paciencia y mucho cuidado
para perforar la pared sin que se rajen o astillen las planchas de cerámica.
Al final, luego de un par de
horas de trabajo, planificación, mediciones, cálculos matemáticos, correcciones,
un poquito de geometría euclidiana y otro tanto de fuerza bruta, logré terminar
mi mayor obra de ingeniería de los últimos tiempos en mi departamento. Buena
señal de que todavía tengo cuerda para rato y que cinco años de estudios,
varios de especialización y cincuenta años de vida profesional todavía sirven
para algo.
Y lo mejor es que no me caí. Y
que no me caeré en la ducha cada vez que entre o salga de ella pues ahora tengo
una barra donde sujetarme si me resbalo.
Hoy en la noche la estreno
antes de irme a la cama y seguramente tendré un sueño agradable, y no las
habituales pesadillas provocadas por la pandemia, la cuarentena, la vacuna
china, las camas UCI, Vizcarra, Mazzetti, Acuña, Lescano, López Aliaga y demás
miembros del elenco del terror.
Por el momento, les presento
mi obra maestra.

Aunque pensándolo mejor, la
próxima vez llamaré a un gasfitero o a un albañil; sobre todo ahora que ¡Oh,
sorpresa! buscando otra cosa en el depósito, encontré dentro de una caja, bien
escondido, el asiento fugitivo.
Petronio 20 de marzo de 2021
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