lunes, 27 de septiembre de 2021

 

LA CIVILIZACION DEL ESPECTACULO

Con bombos y platillos y durante varias semanas, los medios involucrados han estado anunciando el retorno a la televisión de la inefable Magaly Medina. La cosa será hoy en horario estelar en ATV y “todos” los peruanos estarán pendientes de lo que haga o diga esta señora. Todos, menos yo.

Este hecho, junto a muchos otros que cada día se producen en nuestro país, ejemplifica algo de lo que viene ocurriendo desde hace años en el mundo y que, a falta de una mejor denominación, se viene conociendo como la civilización del espectáculo. Todo se va convirtiendo en un espectáculo que las cámaras se encargan de registrar, los medios de difundir y nosotros, los ciudadanos de a pie, de consumir. Es nuestro alimento diario del que ya no podemos prescindir.

Nuestro único Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, publicó en el 2012 un libro con ese mismo título, producto de una recopilación de artículos publicados en diarios y revistas, uno de los cuales prestó su nombre al libro. MVLL es un intelectual controvertido. A muchos no les agrada, ni como persona ni como intelectual. Como cada uno es dueño de sus simpatías y de sus gustos olvidémonos de la persona y quedémonos con la idea central que desarrolla a través de dichos artículos; con aquello que muchos otros pensadores coinciden en advertir y denunciar[1]: la banalización de la cultura y su reemplazo por la diversión y el entretenimiento; es decir, el espectáculo.

El tema es muy amplio; de manera que lo único que haremos aquí por el momento, es reproducir algunos párrafos significativos de su libro.

“Es probable que nunca en la historia se hayan escrito tantos tratados , ensayos, teorías y análisis sobre la cultura como en nuestro tiempo… Este pequeño ensayo no aspira a abultar el elevado número de interpretaciones sobre la cultura, sólo a dejar constancia de la metamorfosis que ha experimentado lo que se entendía aún por cultura cuando mi generación entró a la escuela o a la universidad…”

 “En todas las épocas históricas, hasta la nuestra, en una sociedad había personas cultas e incultas, y, entre ambos extremos, personas más o menos cultas y más o menos incultas, y esta clasificación resultaba bastante clara para el mundo entero porque para todos regía un mismo sistema de valores, criterios culturales y maneras de pensar, juzgar y comportarse.”

 “¿Qué quiere decir civilización del espectáculo? La de un mundo donde en primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal. Este ideal de vida es perfectamente legítimo, sin duda… Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y, en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo.”

La diferencia esencial entre aquella cultura del pasado y el entretenimiento de hoy es que los productos de aquella pretendían trascender el tiempo presente, durar, seguir vivos en las generaciones futuras, en tanto que los productos de este son fabricados para ser consumidos al instante y desaparecer, como los bizcochos o el pop corn.”

“En la civilización del espectáculo la política ha experimentado una banalización acaso tan pronunciada como la literatura, el cine, y las artes plásticas, lo que significa que en ella la publicidad y sus eslóganes, lugares comunes, frivolidades, modas y tics, ocupan casi enteramente el quehacer dedicado a razones, programas, ideas y doctrinas. El político de nuestros días, si quiere conservar su popularidad, está obligado a dar una atención primordial, al gesto y a la forma, que importan más que sus valores, convicciones y principios.

“En la civilización del espectáculo acaso los papeles más denigrantes sean los que reservan los medios de comunicación a los políticos. Y esta es otra de las razones por las que en el mundo contemporáneo haya tan pocos dirigentes y estadistas ejemplares que merezcan la admiración universal.”

“La gente abre un periódico, va al cine, enciende la televisión o compra un libro para pasarla bien, en el sentido más ligero de la palabra, no para martirizarse el cerebro con preocupaciones, problemas, dudas. Sólo para distraerse, olvidarse de las cosas serias, profundas, inquietantes y difíciles, y abandonarse en un devaneo ligero, amable, superficial, alegre y sanamente estúpido. ¿Y hay algo más divertido que espiar la intimidad del prójimo, sorprender a un ministro o un parlamentario en calzoncillos, averiguar los descarríos sexuales de un juez, comprobar el chapoteo en el lodo de quienes pasaban por respetables y modélicos?”[2]

Como puede apreciarse el tema es la cultura en su más amplio sentido y de cómo ha devenido superficial y efímero. Sin ser intelectuales, todos podemos comprobar cómo las imágenes y los videos han ido reemplazando a la palabra para transmitir ideas, conceptos y conocimiento, y en la toma de decisiones trascendentales como elegir a un presidente, por ejemplo. Un simple meme hoy en día puede influenciar a millones de personas más que un profundo y sabihondo estudio o discurso.

Y otro ejemplo, de los miles que se pueden exhibir, es la forma cómo ahora se trasmiten las noticias. Hasta hace poco, los noticieros, radiales o televisivos, eran sólo eso, noticias. Ahora, eso ha cambiado radicalmente. Ahora también es diversión, entretenimiento. Y lo hacen abiertamente. Tomemos el ejemplo de RPP. Las noticias son comentadas o repetidas por un “chistoso”. Y lo hacen muy bien. Son excelentes imitadores, a tal punto que casi no es posible distinguir al imitador del imitado. Y, digo yo, si en un país en el que los ciudadanos son incapaces de comprender lo que leen o de razonar en forma mínima,[3] ¿estarán en capacidad de discernir entre lo que dijo uno u otro, el auténtico o el apócrifo? ¿El pueblo será así mejor informado? Lo dudo.  

De manera que, vean y escuchen a Magaly hoy en la noche. Mañana me cuentan; aunque mejor no. Mejor me entero en la tarde por Los Chistosos. Será más divertido.

 Petronio                                                                        14 de enero de 2014



[1] A lo que este anónimo y modesto escribiente, también se adhiere.

[2] ¡Qué gran espectáculo el que nos siguen ofreciendo un Fujimori preso y sus hijos también! ¡Qué gran espectáculo nos dieron en su momento la pareja conyugal cuando los apresaron! Y otros dos expresidentes igualmente acusados, uno esperando ser extraditado (para las calendas griegas) y el otro esperando su turno para ser juzgado. Sólo hay uno que se está salvando hasta ahora. Por eso, nadie le perdona el habernos privado del mayor espectáculo del mundo, al haberse asilado en una embajada, cuando estaba a punto de salir al escenario y aparecer ante las cámaras enmarrocado y con su traje a rayas. ¡Eso no se hace en la civilización del espectáculo! Es una estafa flagrante al pueblo ávido de esta diversión. Para compensar, por el momento, se están presentando otros artistas, como Chávarri, por ejemplo. Felizmente, el empresario Odebrecht, su representante Barata y sus socios peruanos tienen bastantes artistas secundarios para mantener entretenido al gran público, mientras espera no tan pacientemente el número estelar.  

[3] Recordemos que en las pruebas PISA ocupamos el último lugar en estos rubros. Siempre.

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