LA CIVILIZACION DEL ESPECTACULO
Con
bombos y platillos y durante varias semanas, los medios involucrados han estado
anunciando el retorno a la televisión de la inefable Magaly Medina. La cosa
será hoy en horario estelar en ATV y “todos” los peruanos estarán pendientes de
lo que haga o diga esta señora. Todos, menos yo.
Este
hecho, junto a muchos otros que cada día se producen en nuestro país,
ejemplifica algo de lo que viene ocurriendo desde hace años en el mundo y que,
a falta de una mejor denominación, se viene conociendo como la civilización del
espectáculo. Todo se va convirtiendo en un espectáculo que las cámaras se
encargan de registrar, los medios de difundir y nosotros, los ciudadanos de a
pie, de consumir. Es nuestro alimento diario del que ya no podemos prescindir.
Nuestro
único Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, publicó en el 2012 un libro con ese
mismo título, producto de una recopilación de artículos publicados en diarios y
revistas, uno de los cuales prestó su nombre al libro. MVLL es un intelectual
controvertido. A muchos no les agrada, ni como persona ni como intelectual. Como
cada uno es dueño de sus simpatías y de sus gustos olvidémonos de la persona y
quedémonos con la idea central que desarrolla a través de dichos artículos; con
aquello que muchos otros pensadores coinciden en advertir y denunciar[1]: la banalización de la
cultura y su reemplazo por la diversión y el entretenimiento; es decir, el
espectáculo.
El
tema es muy amplio; de manera que lo único que haremos aquí por el momento, es
reproducir algunos párrafos significativos de su libro.
“Es probable que nunca en la historia se hayan escrito
tantos tratados , ensayos, teorías y análisis sobre la cultura como en nuestro
tiempo… Este pequeño ensayo no aspira a abultar el elevado número de
interpretaciones sobre la cultura, sólo a dejar constancia de la metamorfosis
que ha experimentado lo que se entendía aún por cultura cuando mi generación
entró a la escuela o a la universidad…”
“En todas las
épocas históricas, hasta la nuestra, en una sociedad había personas cultas e
incultas, y, entre ambos extremos, personas más o menos cultas y más o menos
incultas, y esta clasificación resultaba bastante clara para el mundo entero
porque para todos regía un mismo sistema de valores, criterios culturales y
maneras de pensar, juzgar y comportarse.”
“¿Qué quiere
decir civilización del espectáculo? La de un mundo donde en primer lugar en la
tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse,
escapar del aburrimiento, es la pasión universal. Este ideal de vida es
perfectamente legítimo, sin duda… Pero convertir esa natural propensión a
pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la
banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y, en el campo
de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía
y el escándalo.”
“La diferencia esencial entre aquella cultura
del pasado y el entretenimiento de hoy es que los productos de aquella
pretendían trascender el tiempo presente, durar, seguir vivos en las
generaciones futuras, en tanto que los productos de este son fabricados para
ser consumidos al instante y desaparecer, como los bizcochos o el pop corn.”
“En la civilización del espectáculo la política ha experimentado
una banalización acaso tan pronunciada como la literatura, el cine, y las artes
plásticas, lo que significa que en ella la publicidad y sus eslóganes, lugares
comunes, frivolidades, modas y tics, ocupan casi enteramente el quehacer
dedicado a razones, programas, ideas y doctrinas. El político de nuestros días,
si quiere conservar su popularidad, está obligado a dar una atención
primordial, al gesto y a la forma, que importan más que sus valores,
convicciones y principios.
“En la civilización del espectáculo acaso los papeles
más denigrantes sean los que reservan los medios de comunicación a los
políticos. Y esta es otra de las razones por las que en el mundo contemporáneo
haya tan pocos dirigentes y estadistas ejemplares que merezcan la admiración
universal.”
“La gente abre un periódico, va al cine, enciende la
televisión o compra un libro para pasarla bien, en el sentido más ligero de la
palabra, no para martirizarse el cerebro con preocupaciones, problemas, dudas.
Sólo para distraerse, olvidarse de las cosas serias, profundas, inquietantes y
difíciles, y abandonarse en un devaneo ligero, amable, superficial, alegre y
sanamente estúpido. ¿Y hay algo más divertido que espiar la intimidad del
prójimo, sorprender a un ministro o un parlamentario en calzoncillos, averiguar
los descarríos sexuales de un juez, comprobar el chapoteo en el lodo de quienes
pasaban por respetables y modélicos?”[2]
Como
puede apreciarse el tema es la cultura en su más amplio sentido y de cómo ha
devenido superficial y efímero. Sin ser intelectuales, todos podemos comprobar
cómo las imágenes y los videos han ido reemplazando a la palabra para
transmitir ideas, conceptos y conocimiento, y en la toma de decisiones
trascendentales como elegir a un presidente, por ejemplo. Un simple meme hoy en
día puede influenciar a millones de personas más que un profundo y sabihondo estudio
o discurso.
Y otro
ejemplo, de los miles que se pueden exhibir, es la forma cómo ahora se
trasmiten las noticias. Hasta hace poco, los noticieros, radiales o
televisivos, eran sólo eso, noticias. Ahora, eso ha cambiado radicalmente.
Ahora también es diversión, entretenimiento. Y lo hacen abiertamente. Tomemos
el ejemplo de RPP. Las noticias son comentadas o repetidas por un “chistoso”. Y
lo hacen muy bien. Son excelentes imitadores, a tal punto que casi no es
posible distinguir al imitador del imitado. Y, digo yo, si en un país en el que
los ciudadanos son incapaces de comprender lo que leen o de razonar en forma
mínima,[3] ¿estarán en capacidad de discernir
entre lo que dijo uno u otro, el auténtico o el apócrifo? ¿El pueblo será así
mejor informado? Lo dudo.
De
manera que, vean y escuchen a Magaly hoy en la noche. Mañana me cuentan; aunque
mejor no. Mejor me entero en la tarde por Los Chistosos. Será más divertido.
[1] A lo que este anónimo y
modesto escribiente, también se adhiere.
[2] ¡Qué
gran espectáculo el que nos siguen ofreciendo un Fujimori preso y sus hijos
también! ¡Qué gran espectáculo nos dieron en su momento la pareja conyugal cuando
los apresaron! Y otros dos expresidentes igualmente acusados, uno esperando ser
extraditado (para las calendas griegas) y el otro esperando su turno para ser
juzgado. Sólo hay uno que se está salvando hasta ahora. Por eso, nadie le
perdona el habernos privado del mayor espectáculo del mundo, al haberse asilado
en una embajada, cuando estaba a punto de salir al escenario y aparecer ante
las cámaras enmarrocado y con su traje a rayas. ¡Eso no se hace en la
civilización del espectáculo! Es una estafa flagrante al pueblo ávido de esta
diversión. Para compensar, por el momento, se están presentando otros artistas,
como Chávarri, por ejemplo. Felizmente, el empresario Odebrecht, su
representante Barata y sus socios peruanos tienen bastantes artistas secundarios
para mantener entretenido al gran público, mientras espera no tan pacientemente
el número estelar.
[3] Recordemos que en las
pruebas PISA ocupamos el último lugar en estos rubros. Siempre.
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