lunes, 27 de septiembre de 2021

 

EL DOLOR NUESTRO DE CADA DIA[1]

Me despierto a las 6. Me levanto a las 6:30. Últimamente me estoy dando ese gusto de holgazán; pero es a esa hora cuando empieza mi calvario de todos los días.

Mi primer dolor es en la espalda al momento de doblarme para quedar sentado sobre la cama.

Luego hago un pequeño giro, bajo las piernas y las dejo colgando por unos momentos antes de ponerme de pie sobre el piso. Allí me coge el segundo dolor al tratar de estirarme para dirigirme al baño. Allí, menos mal, todavía no me duele nada.

El tercer dolor es el de los pies al caminar hacia la cocina para preparar mi desayuno. Me duelen los callos y las ampollas producidas por unos zapatos apretados que usé el día anterior.

El otro dolor que me hace ver a Judas en calzoncillos es el juanete del pie izquierdo que ya se está promoviendo para convertirse en un sexto dedo; y creo que lo va a lograr.

Luego vienen los dolores a las pantorrillas y los muslos los que, dicho sea de paso, no están mal y pueden hacerle la pelea a La Piernona. Pero el problema es que me duelen. Estoy pensando en contratar una masajista. Así podría matar dos pájaros de un tiro o podría morir en el intento.

Los otros dolores se presentan a la hora de comer y tener que masticar. Ya tengo bien mapeados los dientes y las muelas que debo utilizar según sea la dureza o plasticidad de los alimentos; pero de vez en cuando me equivoco y… ¡Agárrate, Catalina! La zona izquierda es la más delicada, lo que en forma inconsciente me ha llevado a comer como peón de ajedrez; es decir, de costado. ¡Ah! Y de vez en cuando me muerdo la lengua, justo cuando con mayor placer disfruto de algún manjar exquisito.

El dolor que ya es caserito es el de la zona lumbar. Es fiel y me viene acompañando desde hace años. Con este dolor hemos establecido relaciones cordiales y podría decirse que somos amiguitos.

Los otros dolores son en las manos que a veces se ponen a jugar a los bandidos. Se ponen rígidos con el pulgar hacia arriba, el índice hacia adelante y los demás contraídos, apuntando a cualquier parte.

Pero lo que más me viene preocupando últimamente son unos dolores raros en todo el cuerpo. Son muy ladinos; no avisan ni están ubicados en alguna parte específica del cuerpo. Y son rápidos y agudos. Es como si mi cuerpo fuera un gran alfiletero y una costurera bisoña se entretuviera en clavar sus agujas por cualquier parte. Algunas veces tengo que enderezarme súbitamente lanzando una exclamación subida de tono. O a veces pienso que tal vez sea una operación de vudú de alguien que me quiere mucho. ¡Vaya uno a saber!

Pero; la mejor parte (¿?) es en la noche cuando me voy a la cama dispuesto a descansar. No siempre; pero cada vez con mayor frecuencia, un último dolor me ataca a mansalva cuando me echo de espaldas y me acomodo de la mejor manera para poder dormir como un angelito. Es entonces cuando, sin pedir permiso, un malévolo calambre me obliga a bajarme de la cama, ponerme de pie y con todo el peso del cuerpo obligar a mi arqueada planta a enderezarse. Primero fue el izquierdo, luego el derecho y ahora son las piernas.[2] ¿Seguirá trepando? ¡No quiero ni pensarlo!

Pero ¡Qué diablos! Todos esos dolores me indican claramente de que aún estoy vivo y que puedo decir como Descartes Me duele; luego existo. Si no me doliera el cuerpo querría decir que estoy muerto y eso sí me resultaría algo insoportable.

            Así que: ¡Bienvenidos sean mis dolores de cada día! Pero, por favor, no me duelan tanto.

Petronio                                               Jueves 14 de marzo de 2019

 

Adenda

No me hicieron caso. Es más, llamaron más refuerzos. El último acudió anoche y apareció en mi mano izquierda. Asolapado,  agudísimo, dolorosísimo. Lo que me obligó a soltar espontáneamente lo más selecto de repertorio de palabrotas, reservado para mis más enconados enemigos. ¡Y vaya los que he conseguido! Lo único que lamento es que estos no tengan mamá. ¿Aparecerán más? Seguro que sí. No me cabe la menor duda. Pero ¿por dónde atacará? Ojalá que no sea por ahí.

(26/09/2021)



[1] Versión actualizada.

[2] En un reciente viaje a Machu Picchu, al término de la caminata, una contractura a los muslos me impidió caminar durante media hora. #%(#!:)*. Y hace dos semanas me agarró otro calambre manejando por la Javier Prado y no tenía cómo estirar las piernas.  #%+?!#$!

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