PROCESO
CREATIVO
La
semana pasada escribí algo que aún no sé cómo clasificarlo, aunque lo más
aproximado sería una poesía tal como algunos lectores lo han considerado. Tiene
la forma y tal vez el espíritu de una composición poética; pero cuando la empecé
a escribir no tenía la idea ni la intención de que terminara así, con una frase
corta y repetida que expresa un profundo y secreto anhelo que, me atrevo a
decir, es común a toda la humanidad en estos tiempos de pandemia: Algún día…
Y
esa fue la primera línea que escribí y fue a la vez el título que escogí para
lo que viniera después. Ese día, lo único que escribí, aparte del título,
fueron algunas palabras incoherentes desperdigadas en lugares diferentes de una
página en blanco, y una frase de dos palabras mágicas repetidas: Algún día.
Título y final fue lo único que consideré seguro en ese momento.
Al
día siguiente, mientras me debatía en una mar de ocupaciones de diversa índole,
recuperé la página, como para descansar, y agregué más palabras sugerentes y
una que otra frase sin conexión con las demás. Y volví a dejarlo allí. No había
decidido como lo iba a desarrollar ni menos como lo iba a terminar, salvo la
idea central: Algún día.
Lo
mismo ocurrió al día siguiente, pero en el transcurso de las horas anteriores,
llenas de mil preocupaciones, mi cerebro iba proporcionándome otras palabras y otras
frases que las fui colocando en la página que ya no estaba en blanco. Y fue
entonces cuando percibí que el rompecabezas iba tomando forma con algunas
piezas que iban tomando su lugar y otras siendo descartadas.
Otro
día más, y ya tenía una idea más clara de lo que ese conjunto de palabras y
frases incoherentes, que terminaban siempre con la persistente frase de Algún
día, querían expresar. Y es que el diario vivir me servía de motivación
permanente para mi escrito. A esas alturas, varias de las personas con las que
interactúo diariamente ya estaban siendo vacunadas, y manifestaban sus reprimidos
e incontenibles deseos de salir a la calle, de reunirse con sus amigos y
visitar a sus seres queridos, como antes.
De
manera que decidí darme un tiempo y al siguiente me dediqué a terminar mi
escrito que, en forma natural, había ido tomando la forma de poesía. Dejé pasar
una cuantas horas y ese mismo día revisé lo que había escrito, quité algunas
palabras, agregué otras, busqué sinónimos, reacomodé una que otra línea y, en
una forma un tanto forzada, las agrupé en número de cinco, terminando siempre con:
Algún día.
Tras
una última revisión antes de pasarlo por el corrector de Word y aceptar dos o
tres de sus sugerencias terminé mi escrito, no algún día, sino ese mismo día o,
para ser más preciso, esa misma noche. Al día siguiente envié una copia a mis
amigos.
Lo
que me ha motivado a escribir estas líneas es que, en este caso particular, he
podido apreciar más claramente el proceso creativo desde sus inicios; desde el
momento en el que lo único que uno tiene en su cabeza es una idea y al frente una
página en blanco; hasta el momento en que uno ve la página llena y terminado su
trabajo. La satisfacción que se obtiene es única y especial, sobre todo, cuando
uno recibe el comentario elogioso de algún lector y se siente recompensado por
el tiempo invertido en producirlo.
Pero
hay algo más en todo trabajo terminado. Cuando pasado el tiempo uno lo vuelve a
leer con ojos de lector y no de autor, uno nota que el trabajo no está
terminado y que podría mejorarse. A veces lo hago y otras lo dejo tal cual,
hasta que algún día lo vuelvo a retomar y…
Petronio 27
de mayo de 2021
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