martes, 28 de septiembre de 2021

 

PROCESO CREATIVO

La semana pasada escribí algo que aún no sé cómo clasificarlo, aunque lo más aproximado sería una poesía tal como algunos lectores lo han considerado. Tiene la forma y tal vez el espíritu de una composición poética; pero cuando la empecé a escribir no tenía la idea ni la intención de que terminara así, con una frase corta y repetida que expresa un profundo y secreto anhelo que, me atrevo a decir, es común a toda la humanidad en estos tiempos de pandemia: Algún día…

Y esa fue la primera línea que escribí y fue a la vez el título que escogí para lo que viniera después. Ese día, lo único que escribí, aparte del título, fueron algunas palabras incoherentes desperdigadas en lugares diferentes de una página en blanco, y una frase de dos palabras mágicas repetidas: Algún día. Título y final fue lo único que consideré seguro en ese momento.

Al día siguiente, mientras me debatía en una mar de ocupaciones de diversa índole, recuperé la página, como para descansar, y agregué más palabras sugerentes y una que otra frase sin conexión con las demás. Y volví a dejarlo allí. No había decidido como lo iba a desarrollar ni menos como lo iba a terminar, salvo la idea central: Algún día.

Lo mismo ocurrió al día siguiente, pero en el transcurso de las horas anteriores, llenas de mil preocupaciones, mi cerebro iba proporcionándome otras palabras y otras frases que las fui colocando en la página que ya no estaba en blanco. Y fue entonces cuando percibí que el rompecabezas iba tomando forma con algunas piezas que iban tomando su lugar y otras siendo descartadas.

Otro día más, y ya tenía una idea más clara de lo que ese conjunto de palabras y frases incoherentes, que terminaban siempre con la persistente frase de Algún día, querían expresar. Y es que el diario vivir me servía de motivación permanente para mi escrito. A esas alturas, varias de las personas con las que interactúo diariamente ya estaban siendo vacunadas, y manifestaban sus reprimidos e incontenibles deseos de salir a la calle, de reunirse con sus amigos y visitar a sus seres queridos, como antes.

De manera que decidí darme un tiempo y al siguiente me dediqué a terminar mi escrito que, en forma natural, había ido tomando la forma de poesía. Dejé pasar una cuantas horas y ese mismo día revisé lo que había escrito, quité algunas palabras, agregué otras, busqué sinónimos, reacomodé una que otra línea y, en una forma un tanto forzada, las agrupé en número de cinco, terminando siempre con: Algún día.

Tras una última revisión antes de pasarlo por el corrector de Word y aceptar dos o tres de sus sugerencias terminé mi escrito, no algún día, sino ese mismo día o, para ser más preciso, esa misma noche. Al día siguiente envié una copia a mis amigos.

Lo que me ha motivado a escribir estas líneas es que, en este caso particular, he podido apreciar más claramente el proceso creativo desde sus inicios; desde el momento en el que lo único que uno tiene en su cabeza es una idea y al frente una página en blanco; hasta el momento en que uno ve la página llena y terminado su trabajo. La satisfacción que se obtiene es única y especial, sobre todo, cuando uno recibe el comentario elogioso de algún lector y se siente recompensado por el tiempo invertido en producirlo.

Pero hay algo más en todo trabajo terminado. Cuando pasado el tiempo uno lo vuelve a leer con ojos de lector y no de autor, uno nota que el trabajo no está terminado y que podría mejorarse. A veces lo hago y otras lo dejo tal cual, hasta que algún día lo vuelvo a retomar y…

Petronio                                                                                27 de mayo de 2021

No hay comentarios:

Publicar un comentario