Crispín era un niño muy aplicado en su escuela. Ya estaba por terminar
la primaria y, como en años anteriores, estaba disputando los primeros puestos de
su salón. Era curioso y observador por naturaleza y siempre andaba haciendo
preguntas raras sobre las cosas que le enseñaban, las que veía y escuchaba por
ahí o las que a él mismo se le ocurrían.
Ese día, mejor dicho, esa noche, esperó la llegada de su padre del
trabajo y luego de cenar frugalmente aprovechó el momento cuando este, por
costumbre, le solía preguntar:
- Y bien,
Crispín ¿qué has aprendido hoy en la escuela?
- Historia,
papá. Los últimos virreyes y la independencia del Perú.
- ¡Ah! Que
bien. El año pasado aprendiste sobre el
Imperio de los Incas y ahora sobre la Colonia y la Independencia. ¿Y… que te ha
parecido? ¿Tienes alguna pregunta?
- Varias,
papá. Hay varias cosas que no entiendo.
- ¿Cómo
cuales, Crispín? Aunque supongo que tu profesora ya debería habértelas absuelto,
tal vez yo pueda agregar algo más. Dime.
- Gracias,
papá. ¿Por qué tuvieron que venir de otros países nuestros libertadores? ¿No podíamos
hacerlo nosotros mismos?
- Mira, hijo.
Debes saber que el Virreinato del Perú era el más fuerte de la región y fue por
eso la última de las colonias españolas en liberarse. Si el Perú no se independizaba, las otras repúblicas
corrían el riesgo de volver a perder su independencia. Es por eso que esos países amigos, con Bolívar por el Norte y
San Martín por el Sur, nos ayudaron a lograr la nuestra.
- Gracias,
papá. Ahora entiendo. Pero tengo otra pregunta que se la hice a mi maestra y no
entendí su explicación.
- A ver, mi
amigo preguntón. ¿Qué pregunta le hiciste a tu maestra? Seguramente la pusiste
en aprietos.
- Yo no
quise ponerla en aprietos, papá. Lo único que yo quería era saber, nada más.
- Claro,
hijo. ¿Y qué pregunta fue esa? ¿Me la puedes decir?
- Si, papá. Si
el Imperio de los Incas fue el más grande y poderoso de Sudamérica y el
Virreinato del Perú también lo fue ¿por qué, entonces, no fuimos la república más
poderosa?
Su papá lo miró, se rascó la cabeza, y le dijo.
- De dónde
sacas esas preguntas, Crispín? Ya me imagino como se pondrá tu pobre maestra cuando
le haces preguntas así. Intentaré responderte de la mejor manera posible. Verás.
Es cierto lo que te han enseñado respecto a nuestro Imperio de los Incas y al
Virreinato del Perú. Como república no estamos tan mal; pero, efectivamente,
debiéramos estar mucho mejor y también creo que deberíamos ser la primera. Pero,
desde que nos independizamos hemos ido perdiendo territorio, riquezas y
recursos naturales; con todos nuestros
vecinos.
- ¿Pero, por
qué, papá? ¿Por qué nos hemos dejado quitar nuestras tierras y nuestras riquezas?
- Sabes,
hijo. Hay muchas razones y explicaciones que nos damos los peruanos: malos
gobernantes, malos ciudadanos, falta de educación, intereses extranjeros, corrupción,
centralismo, mala suerte, etc. pero, la
principal, creo yo, es que no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo para
saber qué es lo que queremos como país. Si
alguien supiera la respuesta correcta no habríamos perdido ni territorio, ni
guerras, ni riquezas y el Perú sería, efectivamente, el país más poderoso, Por ahora, lo único que te puedo aconsejar es
que sigas estudiando. Sigue haciendo preguntas y sigue buscando respuestas; tal
vez, algún día, tú mismo encontrarás las correctas.
- Gracias,
papá. Seguiré tu consejo. Voy a estudiar mucho para ser el primero de la clase.
- Muy bien,
Crispín. Así se habla. Si te lo propones, estoy seguro de que lo lograrás.
Petronio
Petronio
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