Parece que, en algún momento no precisado, hemos
vuelto a abrir la Caja de Pandora de donde han salido todos los males que
aquejan al Perú. La confusión y la incertidumbre reinan por doquier y cada vez son
más los peruanos que piensan que los nuevos congresistas que vamos a elegir el
Domingo 26, no van a ser mejores que los
que botamos recientemente. Y, al igual que en la leyenda contada por Esquilo
hace más de dos mil años, no nos quedaría otra opción que aguardar la aparición,
desde el fondo de la Caja, de una nueva Esperanza que calme nuestros temores y alivie
nuestras preocupaciones por el futuro del Perú.
Situaciones semejantes o peores que la actual hemos
vivido en el pasado y hemos logrado sobrevivir. Hemos salido maltrechos; pero
vivos. Pareciera que estamos condenados a repetir el círculo vicioso de crisis
e interrupciones de nuestra democracia y restauraciones dolorosas y forzadas
que, sin embargo, dejan huellas y cicatrices. Y lo peor es que nos hemos
acostumbrado a eso y no aprendemos la lección.
Nos hemos tomado en serio la frase de que Dios
es peruano y que siempre seremos rescatados por alguna circunstancia favorable
o algún mesías salvador.
Una nueva Caja de Pandora hemos abierto. Los
males están ya por todas partes haciendo de las suyas y los peruanos estamos
aguardando como siempre la aparición de la Esperanza. ¿Saldrá?
Tal vez, algún día, se agote el caudal de
esperanzas que creemos inagotable y que, de nuestra Caja de Pandora ya no salga
nada, “aunque raspemos la olla”. Tal vez ese día los peruanos nos demos cuenta de
que no se puede vivir de esperanzas todo el tiempo y que la ayuda divina
tampoco responderá a nuestros ruegos, si es que no ponemos algo o mucho de
nuestra parte.
Una nueva oportunidad se nos ofrece este
Domingo 26, aunque muy pocos creen que será aprovechada. Y otra, mucho más grande,
vendrá a continuación: las elecciones generales del 2021. ¿Sabremos
aprovecharla? O tendremos que coincidir con el maestro Basadre de que el
nuestro es el país de las oportunidades perdidas.
Ya veremos. Por el momento no termino con las habituales frases de “Ojalá”
o “Esperemos que así sea” para no agotar la poca cantidad de esperanzas que
pueda quedar en la Caja o en la olla.
Petronio
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