Esa es la cuestión.
A pocas horas del inicio del proceso electoral para elegir nuevos congresistas, debo confesar con vergüenza que, como la mayoría de los peruanos, aún
no he decidido mi voto. Y, aunque muchos lo hacen en la misma cola, yo
no lo haré. Le dedicaré un par de horas la tarde de hoy sábado a tomar esa
importante decisión. Y lo haré, aunque por mi edad no estoy obligado a votar. Y
por un motivo justificado, creo yo. Porque si no participo, o lo hago de manera
ligera o irresponsable, no tendré derecho a quejarme después de los resultados.
¿Cómo decidiré mi voto? De la
siguiente manera:
·
NO votaré
por uno nuevo; por alguien que no haya participado en política anteriormente, por
uno que no tenga la experiencia necesaria en la vida pública, con algún cargo
anterior de responsabilidad. NO a un improvisado e inexperto, aunque presuma de
honrado. Yo, ni nadie, encargaría la construcción de su casa a un ingeniero recién
graduado. Mucho menos podría encargar la construcción de mi casa grande, el
Perú, a gente improvisada, por más buenas intenciones que tenga. Ya sabemos de
qué está empedrado el camino del infierno.
·
NO votaré
por uno prontuariado por cualquier tipo de delito, aunque ya haya cumplido
su condena. Puede dedicarse a otra cosa menos a administrar la cosa pública y
la plata de los peruanos como yo. Con una única excepción: los acusados e
incluso penados, por “delitos” políticos. Estas excepciones son materia
delicada y quedan libradas al criterio de cada elector en base al conocimiento
real que tenga sobre cada caso. Es una decisión muy personal.
·
Habiendo
tachado de la lista a todos los candidatos que caen dentro de las categorías anteriores, procederé con los que queden a examinarlos someramente uno por uno y eliminar a aquellos
que por cualquier razón expresa, tácita o subliminal no merezcan mi confianza. A
veces, como en este caso y en las actuales circunstancias, la intuición juega un
papel útil y bastante certero.
·
Del escaso
número de candidatos que quede (espero que no pasen de veinte) seleccionaré una
media docena que por mi propio conocimiento, experiencia e interés, merezcan mi absoluta
confianza de que pueden aportar, positivamente, a formular y aprobar buenas leyes.
·
NO ME
GUIARÉ POR LAS ENCUESTAS. Generalmente están amañadas y responden a intereses
ocultos no muy santos.
Finalmente,
lo echaré a la suerte: moneda, dados o “mi mamá me dijo...”.
Y ahora mismo empiezo porque ya cae la tarde.
Buena suerte a todos
y sobre todo ¡Buena suerte al Perú!
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