martes, 28 de enero de 2020

EJERCICIOS DE LÓGICA ELEMENTAL


La lógica y el sentido común nos dicen que, si los elementos constituyentes de un compuesto son defectuosos o de baja calidad, el compuesto será defectuoso o de baja calidad. Elemental ¿verdad?

Esta verdad de Perogrullo no necesita probarse. Se comprueba por sí sola. Y es válida tanto para cosas materiales como inmateriales y para todo tiempo y lugar.

Las consecuencias pueden ser mínimas o catastróficas, baratas o costosas, leves o dolorosas.

Una pieza mal diseñada o construida puede arruinar una máquina; un aparato doméstico, por ejemplo. Pero, se arregla con un poco de dinero. En cambio, si se tratara de un avión de pasajeros, la catástrofe sería enorme y lamentable por la pérdida de decenas o centenares de vidas humanas. Impagable.

Unas bolsas de cemento de menos o de mala calidad en la mezcla de concreto de una pista pueden deteriorarla completamente por la acción del tiempo, de las lluvias o los aniegos. Las consecuencias son costosas al tener que reconstruir la pista y los daños causados a los vehículos que la transitan.

Bastan estos dos ejemplos de la vida real para ilustrar lo dicho al inicio.  Hemos olvidado el poema de George Herbert escrito en 1651 que nos enseñaron en la escuela: Por un clavo se perdió un reino.
Las instituciones de un país están compuestas por elementos humanos: familias, escuelas, colegios, universidades, gremios, sindicatos, asociaciones, agrupaciones  cívicas, políticas, deportivas, religiosas,  Fuerza Armada, empresas públicas y privadas, partidos políticos, alcaldías, poderes del Estado, etc. etc.

La lógica y el sentido común nos dicen entonces que, si nosotros los peruanos funcionáramos bien,  esas instituciones también funcionarían bien: y si esas instituciones funcionaran bien, nuestro país funcionaría bien. ¿No es verdad? Elemental. Verdad de Perogrullo. La pregunta es entonces: ¿Está funcionando bien nuestro país? ¿Están funcionando bien nuestras instituciones? ¿Estamos nosotros funcionando bien? El malestar ciudadano responde que no. Y PISA lo ratifica.[1]

Sin embargo; las quejas, reclamos y protestas se dirigen y concentran siempre en las cabezas de esas instituciones como si nosotros no tuviéramos nada que ver en el asunto; ninguna responsabilidad, siendo en muchos casos los que los elegimos. Peor aún, nos dedicamos a maltratar y denigrar a las personas e instituciones, calificándolos sin pudor alguno de vulgares delincuentes, organizaciones criminales, olvidándonos del primer artículo de la Constitución que dice: “La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”.

Me temo que una inmensa mayoría de peruanos desconoce este artículo ni entiende lo que significa.
La existencia de uno o dos tipos de esa calaña, de cinco o diez o incluso más; no justifica ni autoriza la generalización que se ha hecho y que le hace un gravísimo daño al país; es decir, a nosotros mismos.

Los primeros resultados oficiales del reciente proceso electoral reflejan nítidamente  esa errada percepción ciudadana, la que podría resumirse  en una frase: “No me importa que un congresista no tenga experiencia; lo único que me importa es que sea honrado”. Esta “lógica”, aparentemente correcta, adolece de tres falacias: la primera es que el hecho de ser nuevo en política es garantía que esa persona u organización sea honesta. Eso es sólo una presunción, mas no una certeza. La segunda es la creencia de que la experiencia política es algo fácil de adquirir. Y la tercera es que político es casi sinónimo de delincuente “porque la política es sucia” y “el político es corrupto por naturaleza”.

Razonemos correctamente, aunque PISA nos demuestre que somos uno de los peores del mundo en este sutil arte.

Petronio

[1] En otro escrito  justificaremos esta aseveración.

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