No son lo mismo; pero ambos causan serias
enfermedades a los humanos. Los virus, desde el resfriado común hasta el sarampión,
el herpes y el SIDA. Las bacterias, desde la vulgar colitis hasta la
tuberculosis, la sífilis, la tifoidea y la lepra.
Los virus son
responsables de verdaderas pandemias que aparecen de cuando en cuando, como la Gripe
Española desatada en 1918, causando 40 millones de muertes en todo el mundo.
En estos precisos momentos, la China está experimentando
la aparición del corona virus, que se está propagando con relativa
facilidad y velocidad con decenas de muertos en su haber. Hay alarma, no sólo
en China sino en otros países en donde están apareciendo los primeros casos. No
se conoce remedio efectivo para esto, los antibióticos no funcionan y lo único
que cabe son medidas de prevención como la cuarentena. Los medios de
comunicación, terrestre, marítimo y aéreo, usados por la industria del turismo
contribuyen a la diseminar este virus mortal.
Una
cosa muy importante hay que tener en cuenta. Los virus y las bacterias
estuvieron en este planeta miles o millones de años antes que los humanos. Eran
los dueños y señores de este mundo casi invisible. Vinimos los humanos y, premunidos
de un arsenal de conocimientos científicos y tecnológicos, pretendimos erradicarlos
de su reino, expulsarlos de su hábitat natural. Creímos haberlos vencido; pero nos
equivocamos. Han reaparecido amenazantes una y otra vez, como ahora, recordándonos:
¡Aquí estamos! ¡No nos fuimos! Y renovados
con nuevas cepas parecen estar reclamando su anterior territorio.
Hay un viejo y
cínico dicho que dice: Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Tal vez esa
sea una nueva estrategia que habría que probar. ¿Cómo? No lo sé. Pero ya se nos
ocurrirá. No será la primera vez. La lucha está planteada y cabe esperar que los
humanos prevalezcamos. No olvidemos que H. G. Wells ya lo mencionó en su apasionante
novela La Guerra de los Mundos, cuando estos microorganismos nos
ayudaron a derrotar a los marcianos.
Hay pánico en China.
Hay amenaza de pánico en todo el mundo. Hay que estar alertas y listos para aplicar
las medidas más aconsejables en estas circunstancias. Hay que lavarse las manos
constantemente. Hay que evitar las aglomeraciones. Hay que disminuir nuestra
propensión a viajar hasta que el riesgo haya
sido controlado. Es un pequeño precio que debemos pagar para no sufrir grandes,
graves y dolorosas consecuencias. ¿Lo haremos? [1]
[1] La imaginación vuela y nuestro cerebro especula y se
pregunta. ¿No será que, ante este tipo de amenaza, la certidumbre del calentamiento
global y la posibilidad de un conflicto nuclear, los dirigentes de las grandes
potencias y los magnates de la empresa privada están incursionando e
invirtiendo ingentes cantidades de dinero en desarrollar la industria espacial?
¿Estarán dando por descontado una eventual derrota de los humanos y tomando las
previsiones para migrar a otros mundos? ¿Cuántos y quienes? No será toda la
humanidad, por supuesto. Serán sólo algunos miles: ellos.
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