lunes, 20 de enero de 2020

¿QUIÉNES SOMOS?


Alguna vez el gran filósofo español José Ortega y Gasset se hizo esta pregunta: ¿Quién soy yo? Y él mismo se encargó de dar esta respuesta genial: Yo, soy yo y mi circunstancia.

Los seres humanos somos, en primer lugar, individuos pertenecientes a la clase de los mamíferos, orden de los primates, familia de los homínidos y género homo. La cultura nos ha convertido de individuos en personas.[1] Y es en este sentido que podemos entender mejor lo que quiso decir el ilustre filósofo cuando habló de su circunstancia, lo que resulta válido para cualquier otra persona que existe, haya existido o vaya a existir en el futuro.

Los humanos adultos, somos muchas cosas a la vez. Somos esposos, somos padres de familia, somos ciudadanos, ejercemos un oficio o una profesión, somos vecinos, somos miembros de varias comunidades sociales, políticas, culturales o religiosas, somos funcionarios, somos empresarios, somos viajeros y en esa condición conocemos cientos de lugares y personas diferentes, adquirimos conocimientos diferentes y tenemos distintas experiencias. Todo ese conjunto de cosas y más constituye nuestra circunstancia. Fácil resulta entonces deducir cuan única e irrepetible es la nuestra. No hay, ni puede haber, dos personas iguales porque sus circunstancias no lo son.

Pero lo interesante, lo importante, lo trascendental, es que esta noción nos hace ver que nuestro desempeño, nuestra performance en la vida, no puede ser la misma en cada una de las facetas que constituyen nuestra particular circunstancia. Es imposible que lo sea, por más que nos empeñemos. Así, podemos ser excelentes esposos; pero pésimos padres de familia. O viceversa. Podemos ser excelentes ciudadanos; pero mediocres profesionales. Podemos ser magníficos empresarios, pero a la vez funcionarios corruptos. Toda combinación es, no sólo posible, sino que se da en la realidad. Lo podemos comprobar en nosotros mismos, en las personas que nos rodean o en las que son protagonistas de las noticias cotidianas.

Lo que nos remite una vez más a lo que dijimos en el artículo El Síndrome del Llanero Solitario, síndrome que sufrimos los peruanos, que creemos que si una persona es buena o mala en algo tiene que ser buena o mala en los demás aspectos de su desempeño en la vida real. Así opinamos y así juzgamos a los demás, con esa errada percepción. Lo estamos viendo y aplicando todo el tiempo en la política, y más precisamente en la campaña electoral para elegir a los nuevos congresistas. La mayoría de los electores, según las encuestas publicadas, prefiere votar por gente honesta que por gente con experiencia política. Gente supuestamente buena y bien intencionada; pero mediocre en materia política. Gente improvisada que será la encargada de crear las leyes que el Perú necesita desde hace tiempo para corregir nuestros males ancestrales y entrar al camino del desarrollo.  Y no son pocos los que piden que el nuevo Congreso, así conformado, cambie "el sistema" y apruebe una nueva Constitución. ¡¡¡!!!

Creo que es bueno saberlo y conversarlo para no sufrir las decepciones a las que nos hemos acostumbrado a lo largo de nuestra historia y quejarnos después del monstruo que nosotros mismos hemos creado con nuestros votos.


Petronio


[1] A diferencia del concepto biológico de ser humano, el concepto de persona es un concepto cultural. Se nace humano y se llega a ser persona. ... La persona es, pues, un individuo humano, pero considerado como sujeto autoconsciente, racional y moral. (Transcrito de una página de Internet).


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