jueves, 6 de febrero de 2020

EL AJEDREZ COMO METÁFORA

José Raúl Capablanca fue un brillante campeón mundial de ajedrez allá por los años veinte del siglo pasado. A este genial ajedrecista español nacido en la Habana un periodista le preguntó: Maestro, en una partida ¿cuántas jugadas piensa usted por adelantado? La respuesta fue igualmente genial: ”Una más que mi adversario”. 

Quien haya practicado alguna vez el singular deporte de los trebejos, sabe que para jugarlo medianamente bien tiene que hacer cada jugada pensando en cuál será la probable respuesta de su  adversario. Las alternativas son varias y tendrá que pensar cuál es la mejor. De lo contrario, se expone a quedar en desventaja ante una jugada no prevista del oponente, que es lo que generalmente les ocurre a los principiantes cuando les ofrecen la dama y “aprovechan” la oportunidad de comérsela con su peón. Dos o tres jugadas después tienen que abandonar la partida ante el famoso “mate pastor”.

Pues bien. Se dice que la vida es un juego y, en cierto modo es cierto. Pero es un juego mucho más complicado que una partida de ajedrez; porque se juega en simultáneas, en varios tableros y enfrentados a múltiples adversarios con diferentes estrategias. Razón de más para aprender a jugarlo bien pensando varias jugadas por adelantado como Capablanca. Va en ello su dinero, su prestigio, su libertad y, a veces, su misma existencia.

Sin embargo, y por desgracia, no es lo que ocurre muchas veces en la vida real. Normalmente actuamos habiendo pensado solo una jugada por adelantado; aquella que nos parece genial.  Y esa es la razón por la que solemos perder las partidas; ya sea las individuales y también las colectivas, como pareja, como familia, como miembros de una comunidad  o como país. Pruebas al canto.

            En noviembre del año pasado, el presidente Vizcarra hizo una jugada audaz: cerró el Congreso y convocó a nuevas elecciones. En términos ajedrecísticos la cosa fue así. Primera jugada: cierre del Congreso. ¡Brillante! La afición, es decir el pueblo, aplaudió enfervorizada casi por unanimidad. Sin embargo, la siguiente jugada fue opaca, confusa, improvisada. Ningún interés. La gente no sabía por quien votar hasta el último momento; se produjo una enorme cantidad de votos en blanco; desaparecieron varios partidos tradicionales; los congresistas se  dispersaron en más de diez bancadas; fueron elegidos varios congresistas con prontuarios policiales y judiciales; aparecieron varios “partidos políticos” con agendas absurdas o extremistas; muchos congresistas no tienen experiencia política alguna y pretenden cambiar la Constitución; todavía no han sido proclamados oficialmente y ya muestran las pugnas por su ración de poder al interior de sus propias agrupaciones. Nada bueno para el país se puede esperar de este Congreso. ¿Ha sido el remedio peor que la enfermedad? ¿No eran previsibles estos resultados?

La SUNEDU está clausurando varias universidades por no cumplir con los requisitos básicos para funcionar como tales. Esta ha sido la primera jugada. Buena, excelente, necesaria en pro de mejorar la calidad de la educación universitaria. ¿Pero, se pensó en la segunda jugada? Definitivamente NO. Recién cuando los alumnos y los padres de familia protestaron se dieron cuenta de que estaban creando un problema mayor: ¿Qué va a pasar con los miles de alumnos de esas universidades cerradas? Los traslados a otras van a ser difíciles y costosas porque están lejos, porque están saturadas y porque van a costar más. Una verdadera tragedia para ellos, para sus padres y para el país. El problema continúa y todas las soluciones propuestas adolecen de serias dificultades porque no se previó la segunda jugada, ni las siguientes, antes de hacer la primera.

Lucha frontal contra la corrupción y la inseguridad ciudadana. ¡Magnífica primera jugada! Los “peces gordos” están cayendo. ¡Al fin! Prisiones preventivas y preliminares se dictan por doquier. Allanamientos también. Caen las bandas delincuenciales en manos de la policía. Hasta aquí todo parece estar bien; ¿pero se ha pensado en las siguientes jugadas? Parece que tampoco. La realidad es que nuestras cárceles están saturadas desde hace tiempo y los presos actuales están hacinados haciendo imposible su resocialización. ¿A dónde van a meter a los cientos o miles de corruptos y delincuentes comunes que están siendo juzgados y condenados? No hay por donde, como decía el Chavo del Ocho. Se tendría que liberar a muchos, aplicarles penas menos severas, amnistiarlos o hacinarlos más, lo que resulta más que inhumano.

Se tendría que improvisar, retorcer la Constitución y las leyes con todo lo que eso significa para la institucionalidad, la democracia y el sistema de justicia del país. Todo porque no se habría pensado previamente en cuales serían las próximas jugadas.

            Dejo como "tarea para la casa" multitud de otros casos vigentes en todo orden de cosas como pueden el NO la bicameralidad, la no reelección inmediata de congresistas y autoridades, el pico y placa, la pena de muerte, etc. Todas aparentes buenas medidas como primera jugada; sin embargo, habría que ponerse a pensar si es que estamos preparados para enfrentar las posibles respuestas del adversario. No vaya a ser que perdamos por “mate pastor”, como ya ha ocurrido más de una vez en el pasado.

Petronio

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