Crispín seguía estudiando en su escuela con la
idea de alcanzar el primer puesto de su salón, como le había prometido a su
padre. Y como era su costumbre, seguía haciéndose preguntas sobre las cosas que
le enseñaban en la escuela o en su casa.
-
Y ¿qué has
aprendido hoy, Crispín? le preguntaba su padre como siempre.
-
Hoy hemos
tenido clase de religión, papá.
-
¡Ah! Qué
bien, Crispín. ¿Y qué es lo que te han enseñado?
-
Historia
sagrada. La vida de Jesús y de cómo murió. No entiendo por qué lo mataron
siendo tan bueno. ¿Por qué hay gente mala en el mundo, papá?
-
Bueno
hijo. La realidad es que siempre ha habido gente mala, la hay ahora y, al
parecer, seguirá habiéndola en el futuro; porque la naturaleza humana es así,
con capacidad para hacer el bien y para hacer el mal.
-
Pero, me
pregunto, papá, si hace más de dos mil años Jesús nos enseñó a hacer el bien
¿por qué seguimos haciendo el mal? Se lo pregunté a mi maestra y no supo qué responder.
Sólo me dijo que hay que seguir rezando para que las cosas cambien. ¿Dos mil
años más, papá?
-
Bueno,
hijo. No exageres. Tal vez no tanto.
-
Y, a
propósito, papá. Tú no rezas ¿verdad? Y no vas con nosotros los domingos a la
iglesia.
-
Me pillaste,
hijo. Tengo mis razones que por el momento no estás en capacidad de entender. Cuando
seas un poco más grande podremos conversar sobre ese y otros temas delicados e
importantes.
-
Yo voy con
mi mamá a la iglesia a rezar y a rogar por la paz en el mundo. Sin embargo, por
las noticias que veo, creo que el mundo está cada vez peor. ¿Por qué, papá?
-
La verdad,
hijo, no lo sé. Creo que algo está fallando en los hogares y en las escuelas,
que hace que los seres humanos no aprendamos a ser gente de bien; y no creo que
rezando más vayamos a cambiar las cosas.
-
¿Quieres
decir que ya no hay que rezar?
-
No, hijo. No
he dicho eso. Lo que he dicho es que hace falta algo más que rezar para que
esos ruegos y buenos deseos se conviertan en realidad.
-
¡Ah! Y
otra cosa, papá. La vez pasada me enseñaron que en el Perú la mayoría de la
gente es católica ¿verdad?
-
Sí hijo;
aunque yo diría mejor, cristiana. Más del 80% creo.
-
Y si es
así ¿por qué en el Perú hay tanta maldad, tantas muertes y tantas cosas malas?
-
¡Ay,
Crispín, Crispín! Siempre haces preguntas difíciles de responder. Pareces un
adulto. No puedo darte una respuesta precisa y única y tampoco creo que haya
alguien que te la pueda dar; pero, tu observación es válida. Intentaré
ofrecerte algunas respuestas para que entiendas esa paradoja.
-
¿Paradoja?
¿Qué es una paradoja, papá? ¿Qué significa y por qué la mencionas?
-
¿Más
preguntas, Crispín? Bueno. Una paradoja es una situación contradictoria. Una en
la que se presentan dos verdades que están en contraposición y que, por lo tanto,
exigen una explicación.
-
¿Como
Condorito?
-
Ja, ja, ja.
Más o menos. Por ejemplo, la que tú has planteado. Los peruanos somos en una
inmensa mayoría cristianos, lo que supone que deberíamos ser y hacer cosas
buenas y, sin embargo, parece que hacemos cosas malas, como las que vemos todos
los días y que tú has observado. Esa es la paradoja. ¿Cómo se entiende? ¿Cuál
es la explicación? Se nos ofrecen muchas, pero ¿cuál es la verdadera?
-
A mí no se
me ocurre ninguna, papá.
-
Bueno,
Crispín. Te daré algunas. La primera es que no somos tan cristianos como
decimos. Es decir; declaramos ser cristianos, vamos a la iglesia, rezamos, pero
no nos comportamos como tales en nuestra vida diaria. La segunda es que aun siendo cristianos nos olvidamos de las
enseñanzas de Jesús y nos guiamos más por nuestros propios intereses y no los
de los demás. Una tercera es que tal vez no somos tan malos como creemos, pero como
los diarios, la radio y la televisión lo repiten tanto hemos terminado por
creer que todo está mal. De tanto
repetir algo, ésta se convierte en realidad; una realidad aparente.
-
¿Cómo la
propaganda comercial?
-
Así es,
hijo. Ya captaste la idea. Una cuarta explicación es que tal vez, algunas cosas que se cree, o se nos
dice que son malas, no lo son necesariamente y que dependen de las
circunstancias o de una interpretación.
-
¿Así? ¿Como
cuáles, papá?
-
Verás,
hijo. Hay cosas que claramente son buenas y otras que son malas. Ayudar al desvalido
es bueno, robar al prójimo es malo. Eso está claro; pero, si yo te preguntara
si matar es bueno o es malo ¿qué me responderías?
-
Que es
malo.
-
Claro. Esa
respuesta es obvia y es la que todos dirían. Pero, suponte que eres militar y nuestro
país está en guerra. ¿Qué harías en el campo de batalla? Tendrías que matar al
enemigo ¿verdad?
-
Si, pues. Porque
el enemigo es malo.
-
Por
definición. Pero, piensa un poquito más. Para ellos, nosotros somos el enemigo.
¿Somos malos, entonces?
-
Ya me
confundiste, papá. Ya no sé qué pensar.
-
Discúlpame,
hijo. No era mi intención confundirte sino ponerte ante situaciones reales que
se dan en la vida y que nos obligan a pensar en lo que es bueno y lo que es
malo. Son temas sujetos a controversia, a discusión y a confrontar puntos de
vista diferentes. Muchos hombres han dedicado su vida a tratar de entenderlos.
En la vida, te encontrarás con muchos casos como este y tendrás que tomar
decisiones. Como siempre, lo único que te puede aconsejar es que estudies mucho,
que siempre te hagas preguntas y que te plantees respuestas. Con la práctica,
tú mismo empezarás a encontrar las correctas.
-
Si, papá. Gracias
por tus consejos.
Petronio
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