domingo, 16 de febrero de 2020

PREGUNTAS SIN RESPUESTAS_2


Crispín seguía estudiando en su escuela con la idea de alcanzar el primer puesto de su salón, como le había prometido a su padre. Y como era su costumbre, seguía haciéndose preguntas sobre las cosas que le enseñaban en la escuela o en su casa.
-          Y ¿qué has aprendido hoy, Crispín? le preguntaba su padre como siempre.
-          Hoy hemos tenido clase de religión, papá.
-          ¡Ah! Qué bien, Crispín. ¿Y qué es lo que te han enseñado?
-          Historia sagrada. La vida de Jesús y de cómo murió. No entiendo por qué lo mataron siendo tan bueno. ¿Por qué hay gente mala en el mundo, papá?
-          Bueno hijo. La realidad es que siempre ha habido gente mala, la hay ahora y, al parecer, seguirá habiéndola en el futuro; porque la naturaleza humana es así, con capacidad para hacer el bien y para hacer el mal.
-          Pero, me pregunto, papá, si hace más de dos mil años Jesús nos enseñó a hacer el bien ¿por qué seguimos haciendo el mal? Se lo pregunté a mi maestra y no supo qué responder. Sólo me dijo que hay que seguir rezando para que las cosas cambien. ¿Dos mil años más, papá?
-          Bueno, hijo. No exageres. Tal vez no tanto.
-          Y, a propósito, papá. Tú no rezas ¿verdad? Y no vas con nosotros los domingos a la iglesia.
-          Me pillaste, hijo. Tengo mis razones que por el momento no estás en capacidad de entender. Cuando seas un poco más grande podremos conversar sobre ese y otros temas delicados e importantes.
-          Yo voy con mi mamá a la iglesia a rezar y a rogar por la paz en el mundo. Sin embargo, por las noticias que veo, creo que el mundo está cada vez peor. ¿Por qué, papá?
-          La verdad, hijo, no lo sé. Creo que algo está fallando en los hogares y en las escuelas, que hace que los seres humanos no aprendamos a ser gente de bien; y no creo que rezando más vayamos a cambiar las cosas.
-          ¿Quieres decir que ya no hay que rezar?
-          No, hijo. No he dicho eso. Lo que he dicho es que hace falta algo más que rezar para que esos ruegos y buenos deseos se conviertan en realidad.
-          ¡Ah! Y otra cosa, papá. La vez pasada me enseñaron que en el Perú la mayoría de la gente es católica ¿verdad?
-          Sí hijo; aunque yo diría mejor, cristiana. Más del 80% creo.
-          Y si es así ¿por qué en el Perú hay tanta maldad, tantas muertes y tantas cosas malas?
-          ¡Ay, Crispín, Crispín! Siempre haces preguntas difíciles de responder. Pareces un adulto. No puedo darte una respuesta precisa y única y tampoco creo que haya alguien que te la pueda dar; pero, tu observación es válida. Intentaré ofrecerte algunas respuestas para que entiendas esa paradoja.
-          ¿Paradoja? ¿Qué es una paradoja, papá? ¿Qué significa y por qué la mencionas?
-          ¿Más preguntas, Crispín? Bueno. Una paradoja es una situación contradictoria. Una en la que se presentan dos verdades que están en contraposición y que, por lo tanto, exigen una explicación.
-          ¿Como Condorito?
-          Ja, ja, ja. Más o menos. Por ejemplo, la que tú has planteado. Los peruanos somos en una inmensa mayoría cristianos, lo que supone que deberíamos ser y hacer cosas buenas y, sin embargo, parece que hacemos cosas malas, como las que vemos todos los días y que tú has observado. Esa es la paradoja. ¿Cómo se entiende? ¿Cuál es la explicación? Se nos ofrecen muchas, pero ¿cuál es la verdadera?
-          A mí no se me ocurre ninguna, papá.
-          Bueno, Crispín. Te daré algunas. La primera es que no somos tan cristianos como decimos. Es decir; declaramos ser cristianos, vamos a la iglesia, rezamos, pero no nos comportamos como tales en nuestra vida diaria. La segunda es  que aun siendo cristianos nos olvidamos de las enseñanzas de Jesús y nos guiamos más por nuestros propios intereses y no los de los demás. Una tercera es que tal vez no somos tan malos como creemos, pero como los diarios, la radio y la televisión lo repiten tanto hemos terminado por creer que todo está mal.  De tanto repetir algo, ésta se convierte en realidad; una realidad aparente.
-          ¿Cómo la propaganda comercial?
-          Así es, hijo. Ya captaste la idea. Una cuarta explicación es que  tal vez, algunas cosas que se cree, o se nos dice que son malas, no lo son necesariamente y que dependen de las circunstancias o de una interpretación.
-          ¿Así? ¿Como cuáles, papá?
-          Verás, hijo. Hay cosas que claramente son buenas y otras que son malas. Ayudar al desvalido es bueno, robar al prójimo es malo. Eso está claro; pero, si yo te preguntara si matar es bueno o es malo ¿qué me responderías?
-          Que es malo.
-          Claro. Esa respuesta es obvia y es la que todos dirían. Pero, suponte que eres militar y nuestro país está en guerra. ¿Qué harías en el campo de batalla? Tendrías que matar al enemigo ¿verdad?
-          Si, pues. Porque el enemigo es malo.
-          Por definición. Pero, piensa un poquito más. Para ellos, nosotros somos el enemigo. ¿Somos malos, entonces?
-          Ya me confundiste, papá. Ya no sé qué pensar.
-          Discúlpame, hijo. No era mi intención confundirte sino ponerte ante situaciones reales que se dan en la vida y que nos obligan a pensar en lo que es bueno y lo que es malo. Son temas sujetos a controversia, a discusión y a confrontar puntos de vista diferentes. Muchos hombres han dedicado su vida a tratar de entenderlos. En la vida, te encontrarás con muchos casos como este y tendrás que tomar decisiones. Como siempre, lo único que te puede aconsejar es que estudies mucho, que siempre te hagas preguntas y que te plantees respuestas. Con la práctica, tú mismo empezarás a encontrar las correctas.
-          Si, papá. Gracias por tus consejos.

Petronio

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