martes, 18 de febrero de 2020

ISAAC ASIMOV IN MEMORIAM

El escritor que creó el futuro.
El pasado 2 de enero se conmemoró el primer centenario del nacimiento de uno de los genios de la literatura de ciencia ficción, que allá por la década de los años cincuenta encendiera la imaginación de un joven que iniciaba su carrera profesional de ingeniero.

Al lado de otros gigantes del género como Ray Bradbury (Crónicas Marcianas), Arthur C. Clarke (2001 Odisea del Espacio) o Robert A Heinlein (Stranger in a Strange Land)) Asimov  se adelantó a su época, con obras que han quedado marcadas como clásicas, uniéndose así al exclusivo club de escritores de anticipación como Julio Verne o H. G. Wells.

Los robots son ya una realidad en nuestros días. Su presencia en las diversas actividades humanas se extiende y profundiza cada vez más en forma indetenible generando, como toda nueva tecnología, esperanzas y temores. La amenaza de que los humanos seamos desplazados por las máquinas es uno de las más temidas y extendidas. Y es cierto que lo harán, porque las máquinas son cada vez más inteligentes, más hábiles, más rápidas y, además, más económicas. Esto no es nuevo. Ya ha ocurrido antes con la introducción de cada nueva tecnología. Los escribas, encargados de copiar una y otra vez los manuscritos hechos en material deleznable, desaparecieron con la aparición de la imprenta. Los cocheros igualmente se quedaron sin chamba con la aparición del automóvil. Y en la Inglaterra del siglo XIX los luditas destruían los telares automáticos que les quitaban puestos de trabajo.

Los robots, ya lo dijimos, son una realidad para quedarse. Y desplazarán a los humanos en actividades rutinarias eliminando no sólo puestos de trabajo sino actividades completas. Pero, al mismo tiempo, generarán otras nuevas y más enriquecedoras. Los seres humanos no debemos convertirnos en modernos luditas. Lo que debemos hacer es adaptarnos al cambio; como siempre lo hemos hecho y hacer que la transición sea lo menos traumática posible. Oponerse a esta realidad es oponerse al progreso. Es detener la historia. Es algo inútil y es un absurdo.

El mundo futuro, que ya empezamos a transitar, estará gobernado por robots y máquinas inteligentes. Qué duda cabe. Pero siempre bajo el control humano. Esperamos que así sea. Sin embargo, una gran duda nos asalta. Las máquinas no tienen conciencia, no tienen alma, no tienen principios, ni valores, ni ideales. ¿Verdad? ¿Estamos seguros? Bueno. Lo cierto es que ya hay varios proyectos en marcha para dotarlas de estas cualidades, o algo parecido.  Y, curiosamente, Isaac Asimov es citado frecuentemente en revistas serias cuando se habla de estos temas.

En su novela Yo Robot y en otras de la saga de Fundación, Fundación e Imperio y Segunda Fundación, establece sus famosas tres Leyes de la Robótica implantadas en los cerebros positrónicos de los robots. ¡Todo un código de ética!

1)       Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
2)       Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la primera ley.
3)       Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o la segunda ley.

Netflix, acaba de revelar que este año lanzará en streaming la saga Fundación. ¡Vaya! Ya era tiempo de que se le hiciera justicia a su creador. Constará de 10 capítulos; pero me atrevo a pronosticar que luego vendrán más. Al fin veremos por TV la historia del Imperio Galáctico y a sus inolvidables personajes; en especial al matemático Hari Seldon guiando a la humanidad a través de los siglos.

Petronio

domingo, 16 de febrero de 2020

PREGUNTAS SIN RESPUESTAS_2


Crispín seguía estudiando en su escuela con la idea de alcanzar el primer puesto de su salón, como le había prometido a su padre. Y como era su costumbre, seguía haciéndose preguntas sobre las cosas que le enseñaban en la escuela o en su casa.
-          Y ¿qué has aprendido hoy, Crispín? le preguntaba su padre como siempre.
-          Hoy hemos tenido clase de religión, papá.
-          ¡Ah! Qué bien, Crispín. ¿Y qué es lo que te han enseñado?
-          Historia sagrada. La vida de Jesús y de cómo murió. No entiendo por qué lo mataron siendo tan bueno. ¿Por qué hay gente mala en el mundo, papá?
-          Bueno hijo. La realidad es que siempre ha habido gente mala, la hay ahora y, al parecer, seguirá habiéndola en el futuro; porque la naturaleza humana es así, con capacidad para hacer el bien y para hacer el mal.
-          Pero, me pregunto, papá, si hace más de dos mil años Jesús nos enseñó a hacer el bien ¿por qué seguimos haciendo el mal? Se lo pregunté a mi maestra y no supo qué responder. Sólo me dijo que hay que seguir rezando para que las cosas cambien. ¿Dos mil años más, papá?
-          Bueno, hijo. No exageres. Tal vez no tanto.
-          Y, a propósito, papá. Tú no rezas ¿verdad? Y no vas con nosotros los domingos a la iglesia.
-          Me pillaste, hijo. Tengo mis razones que por el momento no estás en capacidad de entender. Cuando seas un poco más grande podremos conversar sobre ese y otros temas delicados e importantes.
-          Yo voy con mi mamá a la iglesia a rezar y a rogar por la paz en el mundo. Sin embargo, por las noticias que veo, creo que el mundo está cada vez peor. ¿Por qué, papá?
-          La verdad, hijo, no lo sé. Creo que algo está fallando en los hogares y en las escuelas, que hace que los seres humanos no aprendamos a ser gente de bien; y no creo que rezando más vayamos a cambiar las cosas.
-          ¿Quieres decir que ya no hay que rezar?
-          No, hijo. No he dicho eso. Lo que he dicho es que hace falta algo más que rezar para que esos ruegos y buenos deseos se conviertan en realidad.
-          ¡Ah! Y otra cosa, papá. La vez pasada me enseñaron que en el Perú la mayoría de la gente es católica ¿verdad?
-          Sí hijo; aunque yo diría mejor, cristiana. Más del 80% creo.
-          Y si es así ¿por qué en el Perú hay tanta maldad, tantas muertes y tantas cosas malas?
-          ¡Ay, Crispín, Crispín! Siempre haces preguntas difíciles de responder. Pareces un adulto. No puedo darte una respuesta precisa y única y tampoco creo que haya alguien que te la pueda dar; pero, tu observación es válida. Intentaré ofrecerte algunas respuestas para que entiendas esa paradoja.
-          ¿Paradoja? ¿Qué es una paradoja, papá? ¿Qué significa y por qué la mencionas?
-          ¿Más preguntas, Crispín? Bueno. Una paradoja es una situación contradictoria. Una en la que se presentan dos verdades que están en contraposición y que, por lo tanto, exigen una explicación.
-          ¿Como Condorito?
-          Ja, ja, ja. Más o menos. Por ejemplo, la que tú has planteado. Los peruanos somos en una inmensa mayoría cristianos, lo que supone que deberíamos ser y hacer cosas buenas y, sin embargo, parece que hacemos cosas malas, como las que vemos todos los días y que tú has observado. Esa es la paradoja. ¿Cómo se entiende? ¿Cuál es la explicación? Se nos ofrecen muchas, pero ¿cuál es la verdadera?
-          A mí no se me ocurre ninguna, papá.
-          Bueno, Crispín. Te daré algunas. La primera es que no somos tan cristianos como decimos. Es decir; declaramos ser cristianos, vamos a la iglesia, rezamos, pero no nos comportamos como tales en nuestra vida diaria. La segunda es  que aun siendo cristianos nos olvidamos de las enseñanzas de Jesús y nos guiamos más por nuestros propios intereses y no los de los demás. Una tercera es que tal vez no somos tan malos como creemos, pero como los diarios, la radio y la televisión lo repiten tanto hemos terminado por creer que todo está mal.  De tanto repetir algo, ésta se convierte en realidad; una realidad aparente.
-          ¿Cómo la propaganda comercial?
-          Así es, hijo. Ya captaste la idea. Una cuarta explicación es que  tal vez, algunas cosas que se cree, o se nos dice que son malas, no lo son necesariamente y que dependen de las circunstancias o de una interpretación.
-          ¿Así? ¿Como cuáles, papá?
-          Verás, hijo. Hay cosas que claramente son buenas y otras que son malas. Ayudar al desvalido es bueno, robar al prójimo es malo. Eso está claro; pero, si yo te preguntara si matar es bueno o es malo ¿qué me responderías?
-          Que es malo.
-          Claro. Esa respuesta es obvia y es la que todos dirían. Pero, suponte que eres militar y nuestro país está en guerra. ¿Qué harías en el campo de batalla? Tendrías que matar al enemigo ¿verdad?
-          Si, pues. Porque el enemigo es malo.
-          Por definición. Pero, piensa un poquito más. Para ellos, nosotros somos el enemigo. ¿Somos malos, entonces?
-          Ya me confundiste, papá. Ya no sé qué pensar.
-          Discúlpame, hijo. No era mi intención confundirte sino ponerte ante situaciones reales que se dan en la vida y que nos obligan a pensar en lo que es bueno y lo que es malo. Son temas sujetos a controversia, a discusión y a confrontar puntos de vista diferentes. Muchos hombres han dedicado su vida a tratar de entenderlos. En la vida, te encontrarás con muchos casos como este y tendrás que tomar decisiones. Como siempre, lo único que te puede aconsejar es que estudies mucho, que siempre te hagas preguntas y que te plantees respuestas. Con la práctica, tú mismo empezarás a encontrar las correctas.
-          Si, papá. Gracias por tus consejos.

Petronio

jueves, 6 de febrero de 2020

EL AJEDREZ COMO METÁFORA

José Raúl Capablanca fue un brillante campeón mundial de ajedrez allá por los años veinte del siglo pasado. A este genial ajedrecista español nacido en la Habana un periodista le preguntó: Maestro, en una partida ¿cuántas jugadas piensa usted por adelantado? La respuesta fue igualmente genial: ”Una más que mi adversario”. 

Quien haya practicado alguna vez el singular deporte de los trebejos, sabe que para jugarlo medianamente bien tiene que hacer cada jugada pensando en cuál será la probable respuesta de su  adversario. Las alternativas son varias y tendrá que pensar cuál es la mejor. De lo contrario, se expone a quedar en desventaja ante una jugada no prevista del oponente, que es lo que generalmente les ocurre a los principiantes cuando les ofrecen la dama y “aprovechan” la oportunidad de comérsela con su peón. Dos o tres jugadas después tienen que abandonar la partida ante el famoso “mate pastor”.

Pues bien. Se dice que la vida es un juego y, en cierto modo es cierto. Pero es un juego mucho más complicado que una partida de ajedrez; porque se juega en simultáneas, en varios tableros y enfrentados a múltiples adversarios con diferentes estrategias. Razón de más para aprender a jugarlo bien pensando varias jugadas por adelantado como Capablanca. Va en ello su dinero, su prestigio, su libertad y, a veces, su misma existencia.

Sin embargo, y por desgracia, no es lo que ocurre muchas veces en la vida real. Normalmente actuamos habiendo pensado solo una jugada por adelantado; aquella que nos parece genial.  Y esa es la razón por la que solemos perder las partidas; ya sea las individuales y también las colectivas, como pareja, como familia, como miembros de una comunidad  o como país. Pruebas al canto.

            En noviembre del año pasado, el presidente Vizcarra hizo una jugada audaz: cerró el Congreso y convocó a nuevas elecciones. En términos ajedrecísticos la cosa fue así. Primera jugada: cierre del Congreso. ¡Brillante! La afición, es decir el pueblo, aplaudió enfervorizada casi por unanimidad. Sin embargo, la siguiente jugada fue opaca, confusa, improvisada. Ningún interés. La gente no sabía por quien votar hasta el último momento; se produjo una enorme cantidad de votos en blanco; desaparecieron varios partidos tradicionales; los congresistas se  dispersaron en más de diez bancadas; fueron elegidos varios congresistas con prontuarios policiales y judiciales; aparecieron varios “partidos políticos” con agendas absurdas o extremistas; muchos congresistas no tienen experiencia política alguna y pretenden cambiar la Constitución; todavía no han sido proclamados oficialmente y ya muestran las pugnas por su ración de poder al interior de sus propias agrupaciones. Nada bueno para el país se puede esperar de este Congreso. ¿Ha sido el remedio peor que la enfermedad? ¿No eran previsibles estos resultados?

La SUNEDU está clausurando varias universidades por no cumplir con los requisitos básicos para funcionar como tales. Esta ha sido la primera jugada. Buena, excelente, necesaria en pro de mejorar la calidad de la educación universitaria. ¿Pero, se pensó en la segunda jugada? Definitivamente NO. Recién cuando los alumnos y los padres de familia protestaron se dieron cuenta de que estaban creando un problema mayor: ¿Qué va a pasar con los miles de alumnos de esas universidades cerradas? Los traslados a otras van a ser difíciles y costosas porque están lejos, porque están saturadas y porque van a costar más. Una verdadera tragedia para ellos, para sus padres y para el país. El problema continúa y todas las soluciones propuestas adolecen de serias dificultades porque no se previó la segunda jugada, ni las siguientes, antes de hacer la primera.

Lucha frontal contra la corrupción y la inseguridad ciudadana. ¡Magnífica primera jugada! Los “peces gordos” están cayendo. ¡Al fin! Prisiones preventivas y preliminares se dictan por doquier. Allanamientos también. Caen las bandas delincuenciales en manos de la policía. Hasta aquí todo parece estar bien; ¿pero se ha pensado en las siguientes jugadas? Parece que tampoco. La realidad es que nuestras cárceles están saturadas desde hace tiempo y los presos actuales están hacinados haciendo imposible su resocialización. ¿A dónde van a meter a los cientos o miles de corruptos y delincuentes comunes que están siendo juzgados y condenados? No hay por donde, como decía el Chavo del Ocho. Se tendría que liberar a muchos, aplicarles penas menos severas, amnistiarlos o hacinarlos más, lo que resulta más que inhumano.

Se tendría que improvisar, retorcer la Constitución y las leyes con todo lo que eso significa para la institucionalidad, la democracia y el sistema de justicia del país. Todo porque no se habría pensado previamente en cuales serían las próximas jugadas.

            Dejo como "tarea para la casa" multitud de otros casos vigentes en todo orden de cosas como pueden el NO la bicameralidad, la no reelección inmediata de congresistas y autoridades, el pico y placa, la pena de muerte, etc. Todas aparentes buenas medidas como primera jugada; sin embargo, habría que ponerse a pensar si es que estamos preparados para enfrentar las posibles respuestas del adversario. No vaya a ser que perdamos por “mate pastor”, como ya ha ocurrido más de una vez en el pasado.

Petronio

jueves, 30 de enero de 2020

PREGUNTAS SIN RESPUESTAS 01


Crispín era un niño muy aplicado en su escuela. Ya estaba por terminar la primaria y, como en años anteriores, estaba disputando los primeros puestos de su salón. Era curioso y observador por naturaleza y siempre andaba haciendo preguntas raras sobre las cosas que le enseñaban, las que veía y escuchaba por ahí o las que a él mismo se le ocurrían.

Ese día, mejor dicho, esa noche, esperó la llegada de su padre del trabajo y luego de cenar frugalmente aprovechó el momento cuando este, por costumbre, le solía preguntar:

      -  Y bien, Crispín ¿qué has aprendido hoy en la escuela?
      -  Historia, papá. Los últimos virreyes y la independencia del Perú.
      -  ¡Ah! Que bien.  El año pasado aprendiste sobre el Imperio de los Incas y ahora sobre la Colonia y la Independencia. ¿Y… que te ha parecido? ¿Tienes alguna pregunta?
      -  Varias, papá. Hay varias cosas que no entiendo.
      -  ¿Cómo cuales, Crispín? Aunque supongo que tu profesora ya debería habértelas absuelto, tal vez yo pueda agregar algo más. Dime.
    - Gracias, papá. ¿Por qué tuvieron que venir de otros países nuestros libertadores? ¿No podíamos hacerlo nosotros mismos?
     -  Mira, hijo. Debes saber que el Virreinato del Perú era el más fuerte de la región y fue por eso la última de las colonias españolas en liberarse.  Si el Perú no se independizaba, las otras repúblicas corrían el riesgo de volver a perder su independencia. Es por eso que  esos países amigos, con Bolívar por el Norte y San Martín por el Sur, nos ayudaron a lograr la nuestra.
       -  Gracias, papá. Ahora entiendo. Pero tengo otra pregunta que se la hice a mi maestra y no entendí su explicación.
    - A ver, mi amigo preguntón. ¿Qué pregunta le hiciste a tu maestra? Seguramente la pusiste en aprietos.
      -  Yo no quise ponerla en aprietos, papá. Lo único que yo quería era saber, nada más.
      -  Claro, hijo. ¿Y qué pregunta fue esa? ¿Me la puedes decir?
     - Si, papá. Si el Imperio de los Incas fue el más grande y poderoso de Sudamérica y el Virreinato del Perú también lo fue ¿por qué, entonces, no fuimos la república más poderosa?

Su papá lo miró, se rascó la cabeza, y le dijo.

      -  De dónde sacas esas preguntas, Crispín? Ya me imagino como se pondrá tu pobre maestra cuando le haces preguntas así. Intentaré responderte de la mejor manera posible. Verás. Es cierto lo que te han enseñado respecto a nuestro Imperio de los Incas y al Virreinato del Perú. Como república no estamos tan mal; pero, efectivamente, debiéramos estar mucho mejor y también creo que deberíamos ser la primera. Pero, desde que nos independizamos hemos ido perdiendo territorio, riquezas y recursos naturales;  con todos nuestros vecinos.

      - ¿Pero, por qué, papá? ¿Por qué nos hemos dejado quitar nuestras tierras y nuestras riquezas?
     - Sabes, hijo. Hay muchas razones y explicaciones que nos damos los peruanos: malos gobernantes, malos ciudadanos, falta de educación, intereses extranjeros, corrupción, centralismo, mala suerte, etc.  pero, la principal, creo yo, es que no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo para saber qué es lo que queremos como país.  Si alguien supiera la respuesta correcta no habríamos perdido ni territorio, ni guerras, ni riquezas y el Perú sería, efectivamente, el país más poderoso,  Por ahora, lo único que te puedo aconsejar es que sigas estudiando. Sigue haciendo preguntas y sigue buscando respuestas; tal vez, algún día, tú mismo encontrarás las correctas.

      -  Gracias, papá. Seguiré tu consejo. Voy a estudiar mucho para ser el primero de la clase.
      -   Muy bien, Crispín. Así se habla. Si te lo propones, estoy seguro de que lo lograrás.

      Petronio
           


¿EL ORDEN DE LOS FACTORES ALTERA EL PRODUCTO?


Los pobres políticos han sido, son y serán vapuleados todos los días del año y en todas partes del mundo.  Ya es hora de que alguien salga en su defensa. Pero; ¿necesitan que alguien los defienda? [1]

En Perulandia, la cosa no es diferente; yo diría que es mucho peor. Por eso es por lo que no tenemos verdaderos partidos políticos, ni institucionalidad. Los hemos escarnecido y estereotipado tanto que ya nadie da un medio por ellos.[2] Para una gran mayoría, ser político en el Perú es sinónimo de ser ladrón. De ahí la conocida frase que se ha hecho dogma de fe en nuestro medio cuando se menciona a cualquier autoridad que quiera reelegirse: “Roba; pero hace obra”. Lo que suena casi a un elogio.

Pues bien; partiendo de esta frase y de su conocida y malévola connotación, voy a tratar de borrar, en algo, la mala fama de los políticos. Tarea titánica, incomprendida y probablemente condenada al fracaso. Pero, de todos modos, haremos el intento, aunque tengamos que nadar contra la corriente.

En primer lugar; creo que la frase no está apropiadamente construida pues, si se trata de “elogiar” o de justificar a la autoridad o al político, se debería destacar primero lo bueno, para luego añadir el defecto. En consecuencia, habría que reformularla así: Hace obra; pero roba.

Las palabras son las mismas; pero el enunciado no tiene necesariamente la misma connotación. Por lo que se hace evidente que aquí no vale el principio matemático de que el orden de los factores no altera el resultado. En política, el orden sí altera el resultado; aunque sea un poco, o un mucho.

Pero; no son las únicas variantes. Hagamos una lista, según mi particular escala de valores:

1.       Hace obra; y no roba.
2.       Hace obra; pero roba.
3.       Roba; pero hace obra.
4.       No roba; ni hace obra.
5.       Roba; y no hace obra.

El primero es lo ideal. Muy difícil de hallar. Es una rara avis; pero hay uno que otro ejemplar por ahí.
El segundo es lo más común de encontrar en la práctica. Abundan.
El tercero no es deseable; pero algo hacen que ¿los justifica? No abundan; pero sí hay muchos.
El cuarto es indeseable e injustificable. No hay muchos, por fortuna. Pero, de que los hay, los hay.
El quinto, a Dios gracias, es muy raro; pero existe. Ejemplo: el ¿presidente? de Ancash; elegido, acusado, denunciado, encarcelado, perseguido y vuelto a reelegir con la promesa de entregar a cada familia ancashina 500 soles mensuales; y celebrar a lo grande sus primeros 100 días de gobierno. ¡@#¿?%?

Bueno, pues.  Exceptuando los casos extremos lo que nos queda es lo real; no lo deseable sino lo real. Todos quisiéramos tener políticos y autoridades tipo 1, pero ¿de dónde? No se le puede pedir peras al olmo. No vivimos en el País de las Maravillas ni en un cuento de hadas en donde existen las varitas mágicas y los príncipes encantados. Vivimos en el Perú, con todo lo bueno, lo malo y lo feo que nos han dejado las generaciones anteriores. Saquémosle el mejor provecho a lo que tenemos y no permitamos que ningún autoritario o demagogo nos venga con el cuento chino de que él sí hará obra y no robará. Porque, sí robará, no sólo las arcas del Estado, sino lo que es peor, nos robará la esperanza.

Petronio

[1] Este pechito. Pero; por favor, no tiren piedras ni huevos podridos, y menos en la cara. Y dejen a mi mamacita dormir en paz.
[2] Y sin embargo seguimos votando por ellos; aunque, a decir verdad, cada vez son más los que no votan o lo hacen en blanco o viciado. A este paso, pronto superarán a los que sí votamos. OJO con los que auspician el voto voluntario. Habría que cerrar la tienda.

miércoles, 29 de enero de 2020

ENTRE TUMBOS Y RETUMBOS


Retornaba a mi casa en Miraflores por la Av. Aramburú un viernes por la tarde, en medio del tráfico infernal de esa hora, incrementado por el apresuramiento de los choferes por no ser víctimas del bendito (o maldito) pico y placa.

Siendo mi calle una de un solo sentido a la altura de la cuadra 39 de la Avenida Arequipa, sólo hay dos formas correctas de llegar: avanzar una cuadra por la Avenida Santa Cruz hasta el semáforo y haciendo una maniobra temeraria para ganarle al cambio de luz, dar una vuelta no en U sino en V para retornar a la Avenida Arequipa o, doblar por la Avenida Petit Thouars, avanzar una cuadra,  doblar a la izquierda por la calle La Florida, desembocar a la Avenida Arequipa, doblar a la izquierda nuevamente y enrumbar hasta la cuadra 39 y listo. Generalmente esta última era la opción que tomaba cuando manejaba, hasta hace poco. Una de las razones, que fueron muchas, por las que dejé de manejar fue la que paso a relatar.

Esa tarde inicié la maniobra con la opción número dos, doblé a la derecha por Petit Thouars y llegué a la esquina de la Florida. Lógicamente disminuí la velocidad pues hace tiempo, a algún Einstein del municipio se le ocurrió poner uno de esos montículos o gibas, mejor conocidos como rompemuelles o eufemísticamente con el pomposo nombre de “reductores de velocidad”. Y, efectivamente, hay que reducir la velocidad casi al mínimo si uno no quiere romper los muelles de su vehículo y dar un tumbo espectacular que, si no te sujetas bien al volante, saltas hasta el techo y  pierdes el control de tu carro.

Empecé a hacer la maniobra, luego de haber accionado las luces direccionales, cuando escuché un chirrido espantoso producido por la aplicación de los frenos del vehículo que venía detrás de mí y al no percatarse de mi maniobra, casi  lo chocan al tratar de desviarse al carril central. Cuando logré pasar la giba todavía pude escuchar los desaforados gritos del chofer quien, entre sapos y culebras, se acordaba de mi mamacita y de mi quinta generación.

Y todo eso por ese invento para brutos que prolifera por toda la ciudad y que te obliga a reducir la velocidad “a la mala” o exponerte a dar tumbos y retumbos constantemente.

No me imagino ni recomiendo que un extranjero o turista se arriesgue a manejar en nuestra caótica ciudad de Lima, la que antaño ostentaba con orgullo los poéticos títulos de Ciudad Jardín, Ciudad de los Virreyes o La Tres Veces Coronada Villa. Hoy por hoy, habría que agregarle uno no tan poético, pero más apropiado: Lima, la Ciudad de los Carros Canguro.  

Petronio

martes, 28 de enero de 2020

EJERCICIOS DE LÓGICA ELEMENTAL


La lógica y el sentido común nos dicen que, si los elementos constituyentes de un compuesto son defectuosos o de baja calidad, el compuesto será defectuoso o de baja calidad. Elemental ¿verdad?

Esta verdad de Perogrullo no necesita probarse. Se comprueba por sí sola. Y es válida tanto para cosas materiales como inmateriales y para todo tiempo y lugar.

Las consecuencias pueden ser mínimas o catastróficas, baratas o costosas, leves o dolorosas.

Una pieza mal diseñada o construida puede arruinar una máquina; un aparato doméstico, por ejemplo. Pero, se arregla con un poco de dinero. En cambio, si se tratara de un avión de pasajeros, la catástrofe sería enorme y lamentable por la pérdida de decenas o centenares de vidas humanas. Impagable.

Unas bolsas de cemento de menos o de mala calidad en la mezcla de concreto de una pista pueden deteriorarla completamente por la acción del tiempo, de las lluvias o los aniegos. Las consecuencias son costosas al tener que reconstruir la pista y los daños causados a los vehículos que la transitan.

Bastan estos dos ejemplos de la vida real para ilustrar lo dicho al inicio.  Hemos olvidado el poema de George Herbert escrito en 1651 que nos enseñaron en la escuela: Por un clavo se perdió un reino.
Las instituciones de un país están compuestas por elementos humanos: familias, escuelas, colegios, universidades, gremios, sindicatos, asociaciones, agrupaciones  cívicas, políticas, deportivas, religiosas,  Fuerza Armada, empresas públicas y privadas, partidos políticos, alcaldías, poderes del Estado, etc. etc.

La lógica y el sentido común nos dicen entonces que, si nosotros los peruanos funcionáramos bien,  esas instituciones también funcionarían bien: y si esas instituciones funcionaran bien, nuestro país funcionaría bien. ¿No es verdad? Elemental. Verdad de Perogrullo. La pregunta es entonces: ¿Está funcionando bien nuestro país? ¿Están funcionando bien nuestras instituciones? ¿Estamos nosotros funcionando bien? El malestar ciudadano responde que no. Y PISA lo ratifica.[1]

Sin embargo; las quejas, reclamos y protestas se dirigen y concentran siempre en las cabezas de esas instituciones como si nosotros no tuviéramos nada que ver en el asunto; ninguna responsabilidad, siendo en muchos casos los que los elegimos. Peor aún, nos dedicamos a maltratar y denigrar a las personas e instituciones, calificándolos sin pudor alguno de vulgares delincuentes, organizaciones criminales, olvidándonos del primer artículo de la Constitución que dice: “La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”.

Me temo que una inmensa mayoría de peruanos desconoce este artículo ni entiende lo que significa.
La existencia de uno o dos tipos de esa calaña, de cinco o diez o incluso más; no justifica ni autoriza la generalización que se ha hecho y que le hace un gravísimo daño al país; es decir, a nosotros mismos.

Los primeros resultados oficiales del reciente proceso electoral reflejan nítidamente  esa errada percepción ciudadana, la que podría resumirse  en una frase: “No me importa que un congresista no tenga experiencia; lo único que me importa es que sea honrado”. Esta “lógica”, aparentemente correcta, adolece de tres falacias: la primera es que el hecho de ser nuevo en política es garantía que esa persona u organización sea honesta. Eso es sólo una presunción, mas no una certeza. La segunda es la creencia de que la experiencia política es algo fácil de adquirir. Y la tercera es que político es casi sinónimo de delincuente “porque la política es sucia” y “el político es corrupto por naturaleza”.

Razonemos correctamente, aunque PISA nos demuestre que somos uno de los peores del mundo en este sutil arte.

Petronio

[1] En otro escrito  justificaremos esta aseveración.

domingo, 26 de enero de 2020

VIRUS Y BACTERIAS


No son lo mismo; pero ambos causan serias enfermedades a los humanos. Los virus, desde el resfriado común hasta el sarampión, el herpes y el SIDA. Las bacterias, desde la vulgar colitis hasta la tuberculosis, la sífilis, la tifoidea y la lepra.
                Los virus son responsables de verdaderas pandemias que aparecen de cuando en cuando, como la Gripe Española desatada en 1918, causando 40 millones de muertes en todo el mundo.
En estos precisos momentos, la China está experimentando la aparición del corona virus, que se está propagando con relativa facilidad y velocidad con decenas de muertos en su haber. Hay alarma, no sólo en China sino en otros países en donde están apareciendo los primeros casos. No se conoce remedio efectivo para esto, los antibióticos no funcionan y lo único que cabe son medidas de prevención como la cuarentena. Los medios de comunicación, terrestre, marítimo y aéreo, usados por la industria del turismo contribuyen a la diseminar este virus mortal.
                Una cosa muy importante hay que tener en cuenta. Los virus y las bacterias estuvieron en este planeta miles o millones de años antes que los humanos. Eran los dueños y señores de este mundo casi invisible. Vinimos los humanos y, premunidos de un arsenal de conocimientos científicos y tecnológicos, pretendimos erradicarlos de su reino, expulsarlos de su hábitat natural. Creímos haberlos vencido; pero nos equivocamos. Han reaparecido amenazantes una y otra vez, como ahora, recordándonos: ¡Aquí estamos!  ¡No nos fuimos! Y renovados con nuevas cepas parecen estar reclamando su anterior territorio.
                Hay un viejo y cínico dicho que dice: Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Tal vez esa sea una nueva estrategia que habría que probar. ¿Cómo? No lo sé. Pero ya se nos ocurrirá. No será la primera vez. La lucha está planteada y cabe esperar que los humanos prevalezcamos. No olvidemos que H. G. Wells ya lo mencionó en su apasionante novela La Guerra de los Mundos, cuando estos microorganismos nos ayudaron a derrotar a los marcianos.
                Hay pánico en China. Hay amenaza de pánico en todo el mundo.  Hay que estar alertas y listos para aplicar las medidas más aconsejables en estas circunstancias. Hay que lavarse las manos constantemente. Hay que evitar las aglomeraciones. Hay que disminuir nuestra propensión a  viajar hasta que el riesgo haya sido controlado. Es un pequeño precio que debemos pagar para no sufrir grandes, graves y dolorosas consecuencias. ¿Lo haremos? [1]



[1] La imaginación vuela y nuestro cerebro especula y se pregunta. ¿No será que, ante este tipo de amenaza, la certidumbre del calentamiento global y la posibilidad de un conflicto nuclear, los dirigentes de las grandes potencias y los magnates de la empresa privada están incursionando e invirtiendo ingentes cantidades de dinero en desarrollar la industria espacial? ¿Estarán dando por descontado una eventual derrota de los humanos y tomando las previsiones para migrar a otros mundos? ¿Cuántos y quienes? No será toda la humanidad, por supuesto. Serán sólo algunos miles: ellos.  

sábado, 25 de enero de 2020

POR QUIÉN VOTAR POR QUIÉN NO VOTAR



Esa es la cuestión.
A pocas horas del inicio del proceso electoral para elegir nuevos congresistas, debo confesar con vergüenza que, como la mayoría de los peruanos, aún no he decidido mi voto. Y, aunque muchos lo hacen en la misma cola, yo no lo haré. Le dedicaré un par de horas la tarde de hoy sábado a tomar esa importante decisión. Y lo haré, aunque por mi edad no estoy obligado a votar. Y por un motivo justificado, creo yo. Porque si no participo, o lo hago de manera ligera o irresponsable, no tendré derecho a quejarme después de los resultados.

                ¿Cómo decidiré mi voto? De la siguiente manera:

·         NO votaré por uno nuevo; por alguien que no haya participado en política anteriormente, por uno que no tenga la experiencia necesaria en la vida pública, con algún cargo anterior de responsabilidad. NO a un improvisado e inexperto, aunque presuma de honrado. Yo, ni nadie, encargaría la construcción de su casa a un ingeniero recién graduado. Mucho menos podría encargar la construcción de mi casa grande, el Perú, a gente improvisada, por más buenas intenciones que tenga. Ya sabemos de qué está empedrado el camino del infierno.

·         NO votaré por uno prontuariado por cualquier tipo de delito, aunque ya haya cumplido su condena. Puede dedicarse a otra cosa menos a administrar la cosa pública y la plata de los peruanos como yo. Con una única excepción: los acusados e incluso penados, por “delitos” políticos. Estas excepciones son materia delicada y quedan libradas al criterio de cada elector en base al conocimiento real que tenga sobre cada caso. Es una decisión muy personal.

·         Habiendo tachado de la lista a todos los candidatos que caen dentro de las categorías anteriores, procederé con los que queden a examinarlos someramente uno por uno y eliminar a aquellos que por cualquier razón expresa, tácita o subliminal no merezcan mi confianza. A veces, como en este caso y  en las actuales circunstancias, la intuición juega un papel útil y bastante certero.

·         Del escaso número de candidatos que quede (espero que no pasen de veinte) seleccionaré una media docena que por mi propio conocimiento, experiencia e interés, merezcan mi absoluta confianza de que pueden aportar, positivamente, a formular y aprobar buenas leyes.

·         NO ME GUIARÉ POR LAS ENCUESTAS. Generalmente están amañadas y responden a intereses ocultos no muy santos.
         
        Finalmente, lo echaré a la suerte: moneda, dados o “mi mamá me dijo...”.

Y ahora mismo empiezo porque ya cae la tarde.

Buena suerte a todos y sobre todo ¡Buena suerte al Perú!

viernes, 24 de enero de 2020

EL VIEJO


EL VIEJO

Camina más lento, reacciona más lento, habla más lento o casi no habla; sólo observa y escucha.
Recuerda, piensa, reflexiona, se pregunta y se responde. Entiende.
Ya no participa como antes porque van quedando pocos como él.
Ya no escucha bien y no entiende lo que se habla. Y si cree que entiende, se equivoca; por eso prefiere callar.
Porque el mundo que conoció, las personas que trató, los lugares que visitó, los conocimientos que adquirió y las habilidades que tuvo ya no existen o han cambiado.
Su mundo está en el pasado; el presente lo acepta, pero no le gusta, y sabe bien que el futuro le está vedado aunque tenga sueños y proyectos y demuestre un interés.
Y se recluye en algún lugar cómodo, acogedor, apacible, que no haya cambiado mucho todavía. 
La música, los libros, los viejos álbumes de fotografías, las viejas películas son su diaria compañía.
O, recorrer calles conocidas que aún quedan o el barrio de su infancia donde jugó, creció, hizo amistades duraderas y conoció a su primer amor o al amor de su vida.
Y, si la economía lo permite, recorrer el mundo para cumplir con sueños eternamente postergados, esperando mejores momentos que nunca llegarán.
O reunirse con gente como él, desconocidas al principio, pero entrañablemente unidas al final.
Para recordar los tiempos idos, compartir secretos que ya no lo son, reírse con las anécdotas o tonterías que cometió y repetir una y otra vez viejas historias y urdir nuevas, para volver a vivir.