lunes, 27 de septiembre de 2021

 

COMENTARIOS MALEVOLOS

Gran marcha contra la corrupción. Diversos colectivos se vienen sumando a la convocatoria para una gran marcha contra la corrupción este 16 de febrero. El propósito es bueno y las circunstancias propicias. Lo que habría que preguntar a los organizadores es si no aprovecharán de esta convocatoria para promover o apuntalar su plataforma personal con miras a las próximas elecciones municipales y regionales. Hoy en día la anticorrupción es un producto que vende. Y vende muy bien.

¡Wanted! Cien mil soles por la cabeza de Toledo.  ¿Vivo o Muerto? No son pocos los que lo quisieran muerto. El “Choro Sagrado” como ahora se le conoce, ha puesto por los suelos la institución presidencial. Claro que no sólo él; hay uno ya en cárcel y otros haciendo cola. No es para reírse; es para llorar. Llorar por el Perú, por la democracia y por nosotros mismos.

Caridad cristiana. Apenas supo que el expresidente Toledo iba a ser pasible de prisión preventiva solicitado por la Fiscalía, nuestro inefable cardenal Cipriani se apresuró a manifestar que lo visitaría en la cárcel. ¿Podemos imaginarnos semejante escena? ¿Toledo confesando sus pecados al cardenal? ¿El cardenal perdonando a quien persiguió y metió en la cárcel (probablemente en la celda contigua) a su amigo y compinche Fujimori? Inimaginable.

Zombis. La moda de los “caminantes”, zombis o muertos vivientes ha llegado al Perú. Personajes alejados o casi olvidados de la política peruana reaparecen con motivo de la coyuntura actual: Olivera, Borea, Morelli, Solari, Benítez, de Soto, el payasito Waisman, etc. Y es natural; porque todos están de algún modo tocados, comprometidos o salpicados por el barro de la corrupción y necesitan decir algo para deslindar responsabilidades o para promocionarse, reciclarse y mantenerse vigentes: “No estamos muertos; estamos a vuestra disposición para lo que ustedes deseen”. Al mejor postor.

Peces chicos, grandes y gordos. ¿Es Toledo un pez grande o gordo? Ni lo uno ni lo otro. Por su tamaño es un pez chico y aunque es de contextura robusta no se le podría calificar de gordo. Pero por el monto de la “cutra” que se le atribuye, no cabe duda de que es muy grande y gordo. Más en el imaginario popular el pez más grande y más gordo sería García, a quien un 95% de peruanos quiere verlo pescado. Los otros dos en competencia en esa categoría serían Fujimori y Humala (aunque hay algunos que quisieran incluir también al buen PPK). Y no hay que olvidarse de las otras categorías en las que figuran varios ex ministros, gobernadores regionales y alcaldes (con Castañeda a la cabeza). La ola que viene de Brasil y que más parece un tsunami, dejará varados en la playa muchos peces y anfibios de todos los tamaños y colores. Consejo: no acercarse a la playa porque nos puede arrastrar la ola.

A prepararse; pero en serio. La inusitada y urgente convocatoria del Fiscal de la Nación a la Comisión de Alto Nivel Anticorrupción para el día lunes es una desesperada clarinada de alerta para que el país se prepare para lo que está por venir. No es exagerado decir que la gobernabilidad, la democracia y nuestra supervivencia como un país de verdad están en juego. La ola de denuncias e investigaciones que han conducido a la emisión de la orden de prisión preventiva y búsqueda internacional del ex presidente Toledo, no es más que el prolegómeno de las que inexorablemente llegarán a nuestras playas en los próximos días. La información que viene de Brasil, USA y otras fuentes, proporcionada por colaboradores eficaces, amenazan en comprometer seriamente a muchos funcionarios del más alto nivel de los últimos treinta años de gobierno ¡incluido el actual! Lo que se viene “no es moco de pavo” ni ocasión para chistes, memes o caricaturas. Es algo inédito y extremadamente serio, para lo que el país no se ha preparado.  Hace bien el Fiscal de la Nación en convocar a los jefes de los poderes del Estado y a los representantes de las principales instituciones, gremios y empresarios del país. Un terremoto político de grado 8 o mayor se avecina y los cimientos sobre los que está construida nuestra democracia son muy endebles. ¿Resistiremos? Por si acaso, encomendémonos a San Judas Tadeo.

Petronio                                                            11 de febrero de 2017

 

LAS NUEVE COSAS QUE DESAPARECERAN

(Comentarios a un mensaje del mismo título recibido por Internet)[1]

Es evidente que son más de nueve las cosas que desaparecerán, están desapareciendo o ya han desaparecido en nuestro planeta.

A nivel local, lo percibimos con mayor claridad porque han formado parte de nuestro entorno inmediato y nuestra historia personal. Pero a nivel universal, es a veces más difícil darse cuenta de este proceso inexorable, que va volviendo obsoletas ciertas cosas, objetos, ideas, conceptos, usos, costumbres e instituciones, pero que en su momento fueron o nos parecieron útiles, importantes y permanentes. Este proceso siempre ocurrió; pero a un paso más lento que abarcaba varias generaciones, lo que permitió, aunque a veces de mala gana, irse adaptando a los cambios. La nuestra, es quizás la primera que percibe o experimenta esos cambios en el transcurso de nuestras vidas y nos cuesta trabajo adaptarnos, o simplemente decidimos no adaptarnos. La que nos sigue, la de nuestros hijos y nietos, está mejor preparada para el cambio. Ellos han nacido dentro de él y ya no necesitan adaptarse pues forman parte del proceso de cambio acelerado.

Antes de hacer un comentario a cada una de las nueve cosas que desaparecerán, hay una que podríamos agregar: las especies que los seres humanos condenamos a la extinción por millares cada año; aunque nos quede el magro consuelo que la biogenética está ahora en condiciones de recrear o resucitar especies extinguidas e incluso de crear formas de vida nunca antes vistas.

1.- LA OFICINA DE CORREOS

La clásica figura del cartero que llueva o truene cumplía con el deber de dejar la correspondencia en nuestras casas, no se verá más. Son una especie en vías extinción acelerada. Y de los dos tipos de correspondencia que el servicio de correos manejaba, cartas y encomiendas, sólo esta última perdura gracias a la modernidad, convertida en los servicios de delivery y las compras por Internet. Pero ya no se camina; se usan vehículos motorizados y muy pronto serán los drones quienes se ocuparán de la distribución y el reparto directo a nuestros domicilios. No se necesitarán carteros o mensajeros.

2.- LOS CHEQUES

Hace muchos años que no uso chequera y que, igualmente, no recibo un cheque.  Las poquísimas veces que he usado uno ha sido para ordenar al banco la emisión de un cheque de gerencia cuando he tenido que girar una suma importante. Aun así, la transferencia interbancaria minimiza este uso. Los cheques son pues otra especie en vías de extinción acelerada.

3.- LOS DIARIOS

He hecho referencia más de una vez a la encuesta que el Washington Post hiciera hace una década al estrato joven de la población en los Estados Unidos, acerca de si aceparían una suscripción gratuita al diario. La respuesta fue sorprendente (en ese entonces). Una mayoría respondió que no. Y las razones que esgrimían para sustentar su respuesta fueron esencialmente tres: porque ocupaban sitio, porque manchaban y porque podían leer las mismas noticias, y más, por internet. Ahora, eso es mucho más obvio. Las redes sociales y los smartphones han acentuado la tendencia.

4.- LOS LIBROS

Este es todo un tema. Sé que muchos de mi generación se han deshecho de sus libros: los han donado, regalado o simplemente los han tirado al tacho.  Yo no. Y mis razones no son prácticas sino puramente sentimentales.  Cada libro que he adquirido tiene su propia historia y terminará el día en que la mía también se acabe. Probablemente los donaré y espero que alguna institución los acepte… y me recuerde. He descubierto que soy un sentimental irremediable.

Mario Vargas Llosa, entre otros personajes notables, apuesta por la persistencia del libro impreso. Yo quisiera apostar también y es seguro que si yo pudiera vivir cien años más seguiría apostando por ello, aunque sea en solitario. Tomar un libro entre las manos, voltear sus páginas, hacer anotaciones en los márgenes e incluso percibir de vez en cuando ese olor a viejo que se desprende de su interior, es algo personal e irreemplazable. Sin embargo; no puedo dejar de reconocer las enormes ventajas del libro electrónico. Se puede hacer prácticamente todo aquello que se hace con el libro impreso y mucho más: buscar, resaltar, traducir, indexar, referenciar, etc. Y además, es más barato y muchas veces gratis.

El libro impreso se irá extinguiendo poco a poco, cuando la generación actual salga del escenario de la vida y ceda el paso a las nuevas generaciones que han nacido y se han formado con la nueva tecnología electrónica. Nosotros, obviamente, no nos daremos cuenta de esa extinción.

5.- EL TELEFONO CONVENCIONAL

Debo confesar que hasta hace poco yo utilizaba mi teléfono celular sólo para conversar. Y lo hacía conscientemente, sabiendo sus otros usos que son materia común entre la gente más joven. Tal como dice el artículo materia de este comentario, tenemos teléfonos fijos en nuestras casas por costumbre; es decir, sólo por el hecho que siempre lo hemos tenido. Yo tengo dos inalámbricos para el servicio fijo. El otro día tuve un problema; no podía hacer ni recibir llamadas.  Traté de llamar a la Telefónica que me proveía el servicio, usando mi celular Claro. No pude hacerlo. Me “hice bolas” y tuve que ir personalmente a la oficina de la Telefónica. La tecnología te puede facilitar la vida para muchas cosas; pero también te la puede complicar a tal punto que te hace sentir como un idiota.[2]  Mi hija, no tiene teléfono fijo. Con su iPhone5, realiza todas sus actividades cotidianas: lee las noticias vía internet, se moviliza por las calles con el Google Maps, hace sus pagos y transacciones a través del smartphone, reserva entradas para el cine o los restaurantes, compra pasajes en avión y hace reservas en los hoteles, toma y envía fotos a través de las redes sociales, atiende su negocio de catering y sí: también habla por teléfono con sus amigas y a veces conmigo.

6.- LA MUSICA

Esto también es todo un tema. ¿Quién no ha comprado alguna vez, o más de una vez, discos piratas? Pero, aparte de esto, lo interesante del artículo que comento es la trasformación que está sufriendo la música.  Para ilustrar mi punto, quiero referirme a esa otra forma de arte que es la poesía. Nos enseñaron en la escuela que los tres elementos esenciales de la poesía eran el metro, la rima y el ritmo. De estos tres ninguno subsiste (salvo a veces el ritmo); pero la poesía sí. ¿Se ha transformado? Tal ve. O quién sabe si la esencia de la poesía nunca estuvo contenida en esos tres elementos. La poesía no solo subsiste sino que está floreciente. ¿Está sucediendo lo mismo con la música? Se dice que cuando Beethoven introdujo los instrumentos de viento en la orquesta como parte esencial de sus composiciones, no fue bien recibida al principio. Y es sabido que su novena sinfonía también rompió esquemas cuando introdujo la voz humana en el cuarto movimiento. Harry Belafonte dijo en una reciente ceremonia[3] que el rap era la quinta esencia de la música popular, siguiendo la larga tradición de la producción musical. Si él lo dice es porque sabe lo que dice; aunque para mi gusto personal, el rap casi ya no es música.[4] Lo que sí es una realidad es que hay una revolución en la industria de la música que tiene mucho que ver con el desarrollo de la tecnología. No sé si la afirmación de que la música, tal como la conocemos, está muriendo.  Lo que sí sé es que la forma de producir y distribuir música está cambiando radicalmente. Un joven sobrino mío que reside en Miami, utiliza sus ratos libres para componer música electrónica y arreglar la música de otros bajo el sello Steve Sanx de su propiedad. Él no es un caso único ni raro. Hay muchos como él en el mundo y entiendo que en el Perú también. No recuerdo o no sé cuál es la definición formal de música; y mucha de la que escuchamos (o no escuchamos) actualmente nos resistimos a considerarla como tal. Pero creo que al igual que la poesía (y otras cosas también), la música persistirá a pesar de que sus elementos constitutivos clásicos desaparezcan.

7.- TELEVISION

La televisión por cable está efectivamente transformándose y tal como dice el artículo no podrá sostenerse económicamente frente a otras opciones a través de las redes. De acuerdo al pronóstico de la revista anual The World in 2014 que publica The Economist, este año el video en línea será una fuerza cultural más influyente cambiando la forma en como la gente ve, conversa y se comunica. Mayor ancho de banda, accesibilidad por múltiples plataformas y aparatos de TV inteligentes, y sobre todo software y aplicaciones novedosas conducen a esta revolución. Empresas como Apple, Sony, Disney, Netflix, Amazon, Google, y otras están inclinando la balanza hacia la televisión en línea y por demanda. Si algo me convence de que esto está ocurriendo en el mundo es mi propio hijo, quien se salió del Canal N luego de diez años  y está trabajando por su cuenta en un proyecto de televisión por Internet, full interactivo.

8.- LAS “COSAS” QUE USTEDES POSEEN

Todavía somos muchos los que nos resistimos vanamente a guardar nuestros archivos en “la nube” y por muy buenas y fundadas razones. Y luchamos denodadamente para que nuestras PC o laptops lo hagan automáticamente.  Bueno, somos una especie en extinción. Guardamos también infinidad de objetos materiales en nuestras casas, muchos de los cuales ya no necesitamos o no los usamos. Al final terminarán repartidos por allí, regalados, tirados a la basura o donados a los Traperos de Emaús.  Bueno, parece que el consumismo está conduciendo al mundo a que las cosas sean cada vez más ligeras, más efímeras y más insubstanciales. Se pregunta el articulista ¿si serán casi todas las cosas en nuestras vidas, desechables y arbitrarias? Y la respuesta parece ser afirmativa; lo que nos cuesta aceptar. Pero OJO, nos cuesta aceptar a nosotros que ya estamos de salida. Ese sentimiento no lo experimentan los de las nuevas generaciones. Vista esta tendencia desde una perspectiva mayor o de más largo alcance temporal, ya no nos debería sorprender. Siempre ha sido así; pero a un ritmo más lento y a mucha menor escala. Los seres humanos, desde el más remoto pasado, han dejado sus pertenencias, sus seres queridos y sus amores en pos de la aventura y de saber qué cosa hay más allá del reducido entorno familiar o vecinal. Así se han conocido nuevas tierras, nuevos pueblos, nuevas riquezas y nuevo conocimiento. La tecnología actual apunta ahora a la conquista de nuevos espacios: el centro de la Tierra, los fondos marinos[5] y el espacio estelar. La humanidad se está preparando para esta nueva gran aventura que no tendrá fin. Y para esto tiene que romper con algunas ataduras que lo anclan al pasado y al presente.

Muchas de las cosas que más queremos en nuestras vidas, tanto materiales como sentimentales, tendrán que ser abandonadas o transformadas para poder emprender la nueva gran aventura de la humanidad. El espíritu de los grandes aventureros del pasado permanece y continúa renovado a través de las generaciones que vendrán.

9.- LA PRIVACIDAD

La realidad se impone, aunque no nos guste. La privacidad será cosa del pasado, a menos que voluntariamente nos convirtamos en unos anacoretas y nos apartemos del mundo. Pero la inmensa mayoría de la población la terminará aceptando, aunque no sin una gran transformación, cuyo significado está pasando desapercibido. Para entender esto, debemos hacer un gran esfuerzo (me refiero sobre todo a los de nuestra generación).  Tal como dice el articulista, la gente común y corriente, nosotros, no nos percatamos que en las redes y en los grandes servidores (y en la nube) se están almacenando inmensas cantidades de información personal. La información que antes estaba dispersa en cada formulario que llenábamos, para ingresar o inscribirse en la escuela, la universidad, los bancos, los registros públicos o las tiendas, están ahora, y cada vez más, concentradas en inmensas bases de datos y a disposición de aquellos que sepan cómo procesarla y utilizarla.  Textos, fotos, videos, conversaciones, audios y todo aquello que hacemos con nuestras PC, laptops o teléfonos inteligentes, queda registrado en algún sitio. ¿Cómo se podría entonces hablar de privacidad en estos tiempos? A Edward Snowden, el más grande hacker de nuestros tiempos está siendo propuesto por el Parlamento Europeo como candidato al Premio Nobel de la Paz. Nada menos.

Hay una forma de entender este asunto de la privacidad o la confidencialidad, en esta Era de la Información. El jesuita francés Theillard de Chardin y el sociólogo canadiense Marshall McLuhan pueden ser considerados como padres de esta nueva criatura. El primero, allá por los a 50, nos hablaba de la noosfera, mientras que el segundo acuñó la famosa frase de la aldea global. Pero ambos hablan en términos de la evolución. Lo que estamos viviendo ahora no es más que fruto de la evolución del mundo en general y de la humanidad en particular. Y así como hay la tendencia natural, a lo largo del tiempo, a formar unidades más complejas a partir de elementos más simples; lo mismo ocurre con las especies vivas como el hombre. Desde la formación de las primeras bacterias hasta la aparición de la especie humana, el proceso evolutivo no se ha detenido bajo las leyes de la selección natural. Y continúa. Según los pensadores citados y otros más, estamos en medio del proceso de transición a un estado de mayor complejidad. Los elementos somos los seres humanos individuales. El nuevo ente es algo que sólo podemos intuir o imaginar; pero que el proceso está en marcha, no me cabe la menor duda. Si esto es así ¿Cómo podríamos hablar de confidencialidad o privacidad?  Sería algo así como que las distintas partes y órganos de nuestro cuerpo no se hablaran o comunicaran entre sí para “mantener su privacidad”. Absurdo.

¡Bienvenida esa nueva entidad u organismo, del cual ya empezamos a formar parte; aunque no sepamos qué forma adoptará ni qué metas y objetivos se propondrá!

Petronio                                                                                31 de enero de 2014

 



[1] Lo recibí de nuestro amigo Jesús Dalmau desde España.

[2] Lo que me hace recordar un correo reciente remitido por Jesús (creo) sobre las contraseñas. Me he reído con ganas porque refleja una realidad a la que nos hemos enfrentado más de una vez al tratar de incursionar en las aplicaciones prácticas de la tecnología informática, cosa que para los jóvenes parece ser pan comido.

[3] Creo que la de los Grammy Awards.

[4] Reconozco que en esta material no soy un buen referente. Todavía “no paso” el heavy metal a pesar de que mi hijo es un fan declarado y en su momento vivió en las calles esta forma de…música. Pero, más extraño aún, me costó tiempo y esfuerzo reconocer y apreciar la calidad de esos genios que fueron Los Beatles.

[5] Los peruanos, los tacneños en particular, deberían prepararse ya para esta gran aventura, ahora que la Corte de la Haya nos ha devuelto 50 mil km. de mar pelágico.

 

LA CIVILIZACION DEL ESPECTACULO

Con bombos y platillos y durante varias semanas, los medios involucrados han estado anunciando el retorno a la televisión de la inefable Magaly Medina. La cosa será hoy en horario estelar en ATV y “todos” los peruanos estarán pendientes de lo que haga o diga esta señora. Todos, menos yo.

Este hecho, junto a muchos otros que cada día se producen en nuestro país, ejemplifica algo de lo que viene ocurriendo desde hace años en el mundo y que, a falta de una mejor denominación, se viene conociendo como la civilización del espectáculo. Todo se va convirtiendo en un espectáculo que las cámaras se encargan de registrar, los medios de difundir y nosotros, los ciudadanos de a pie, de consumir. Es nuestro alimento diario del que ya no podemos prescindir.

Nuestro único Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, publicó en el 2012 un libro con ese mismo título, producto de una recopilación de artículos publicados en diarios y revistas, uno de los cuales prestó su nombre al libro. MVLL es un intelectual controvertido. A muchos no les agrada, ni como persona ni como intelectual. Como cada uno es dueño de sus simpatías y de sus gustos olvidémonos de la persona y quedémonos con la idea central que desarrolla a través de dichos artículos; con aquello que muchos otros pensadores coinciden en advertir y denunciar[1]: la banalización de la cultura y su reemplazo por la diversión y el entretenimiento; es decir, el espectáculo.

El tema es muy amplio; de manera que lo único que haremos aquí por el momento, es reproducir algunos párrafos significativos de su libro.

“Es probable que nunca en la historia se hayan escrito tantos tratados , ensayos, teorías y análisis sobre la cultura como en nuestro tiempo… Este pequeño ensayo no aspira a abultar el elevado número de interpretaciones sobre la cultura, sólo a dejar constancia de la metamorfosis que ha experimentado lo que se entendía aún por cultura cuando mi generación entró a la escuela o a la universidad…”

 “En todas las épocas históricas, hasta la nuestra, en una sociedad había personas cultas e incultas, y, entre ambos extremos, personas más o menos cultas y más o menos incultas, y esta clasificación resultaba bastante clara para el mundo entero porque para todos regía un mismo sistema de valores, criterios culturales y maneras de pensar, juzgar y comportarse.”

 “¿Qué quiere decir civilización del espectáculo? La de un mundo donde en primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal. Este ideal de vida es perfectamente legítimo, sin duda… Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y, en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo.”

La diferencia esencial entre aquella cultura del pasado y el entretenimiento de hoy es que los productos de aquella pretendían trascender el tiempo presente, durar, seguir vivos en las generaciones futuras, en tanto que los productos de este son fabricados para ser consumidos al instante y desaparecer, como los bizcochos o el pop corn.”

“En la civilización del espectáculo la política ha experimentado una banalización acaso tan pronunciada como la literatura, el cine, y las artes plásticas, lo que significa que en ella la publicidad y sus eslóganes, lugares comunes, frivolidades, modas y tics, ocupan casi enteramente el quehacer dedicado a razones, programas, ideas y doctrinas. El político de nuestros días, si quiere conservar su popularidad, está obligado a dar una atención primordial, al gesto y a la forma, que importan más que sus valores, convicciones y principios.

“En la civilización del espectáculo acaso los papeles más denigrantes sean los que reservan los medios de comunicación a los políticos. Y esta es otra de las razones por las que en el mundo contemporáneo haya tan pocos dirigentes y estadistas ejemplares que merezcan la admiración universal.”

“La gente abre un periódico, va al cine, enciende la televisión o compra un libro para pasarla bien, en el sentido más ligero de la palabra, no para martirizarse el cerebro con preocupaciones, problemas, dudas. Sólo para distraerse, olvidarse de las cosas serias, profundas, inquietantes y difíciles, y abandonarse en un devaneo ligero, amable, superficial, alegre y sanamente estúpido. ¿Y hay algo más divertido que espiar la intimidad del prójimo, sorprender a un ministro o un parlamentario en calzoncillos, averiguar los descarríos sexuales de un juez, comprobar el chapoteo en el lodo de quienes pasaban por respetables y modélicos?”[2]

Como puede apreciarse el tema es la cultura en su más amplio sentido y de cómo ha devenido superficial y efímero. Sin ser intelectuales, todos podemos comprobar cómo las imágenes y los videos han ido reemplazando a la palabra para transmitir ideas, conceptos y conocimiento, y en la toma de decisiones trascendentales como elegir a un presidente, por ejemplo. Un simple meme hoy en día puede influenciar a millones de personas más que un profundo y sabihondo estudio o discurso.

Y otro ejemplo, de los miles que se pueden exhibir, es la forma cómo ahora se trasmiten las noticias. Hasta hace poco, los noticieros, radiales o televisivos, eran sólo eso, noticias. Ahora, eso ha cambiado radicalmente. Ahora también es diversión, entretenimiento. Y lo hacen abiertamente. Tomemos el ejemplo de RPP. Las noticias son comentadas o repetidas por un “chistoso”. Y lo hacen muy bien. Son excelentes imitadores, a tal punto que casi no es posible distinguir al imitador del imitado. Y, digo yo, si en un país en el que los ciudadanos son incapaces de comprender lo que leen o de razonar en forma mínima,[3] ¿estarán en capacidad de discernir entre lo que dijo uno u otro, el auténtico o el apócrifo? ¿El pueblo será así mejor informado? Lo dudo.  

De manera que, vean y escuchen a Magaly hoy en la noche. Mañana me cuentan; aunque mejor no. Mejor me entero en la tarde por Los Chistosos. Será más divertido.

 Petronio                                                                        14 de enero de 2014



[1] A lo que este anónimo y modesto escribiente, también se adhiere.

[2] ¡Qué gran espectáculo el que nos siguen ofreciendo un Fujimori preso y sus hijos también! ¡Qué gran espectáculo nos dieron en su momento la pareja conyugal cuando los apresaron! Y otros dos expresidentes igualmente acusados, uno esperando ser extraditado (para las calendas griegas) y el otro esperando su turno para ser juzgado. Sólo hay uno que se está salvando hasta ahora. Por eso, nadie le perdona el habernos privado del mayor espectáculo del mundo, al haberse asilado en una embajada, cuando estaba a punto de salir al escenario y aparecer ante las cámaras enmarrocado y con su traje a rayas. ¡Eso no se hace en la civilización del espectáculo! Es una estafa flagrante al pueblo ávido de esta diversión. Para compensar, por el momento, se están presentando otros artistas, como Chávarri, por ejemplo. Felizmente, el empresario Odebrecht, su representante Barata y sus socios peruanos tienen bastantes artistas secundarios para mantener entretenido al gran público, mientras espera no tan pacientemente el número estelar.  

[3] Recordemos que en las pruebas PISA ocupamos el último lugar en estos rubros. Siempre.

UN CUENTO DE HADAS

(In Memoriam)

-       Hola, Ratonardo.

-    Hola, Miniguel.

Era el saludo habitual que intercambiaban Leonardo y Miguel, los dos integrantes más bajitos del grupo cuando se reunían en el trabajo, el Minitrack de Ancón, a comienzos de los años 60.

Ambos se habían puesto esa “chapa” y de muy buen humor se trataban así todo el tiempo.

Los otros integrantes del grupo tampoco eran altos salvo el jefe quien además de alto era blanco como la nieve. De manera que, en forma natural, ellos mismos se bautizaron como Blanca Nieves y los Siete Enanos. Por supuesto que no eran siete sino algo menos; pero para el caso el número exacto no importaba.

Y todas las tardes a la 4:00 p.m. al hacer el cambio de turno, salían marchando en fila india con cualquier cosa que simulara un pico sobre el hombro, cantando con voz sonora:

¡Hi ho! ¡Hi ho!

A casa a descansar

Tralala tralalala

Hi ho, Hi ho, Hi ho

Y así transcurrían los días felices de los años sesenta; hasta que un 20 de julio de 1969 terminaron abruptamente con la llegada del Hombre a la Luna y todos los que trabajábamos allí nos quedamos en la calle y nos dispersamos por el mundo.

Inexorablemente los años siguieron pasando y, uno a uno, Blanca Nieves y sus Enanos fueron perdiéndose en el tiempo. Cincuenta años después, de ellos sólo me queda el recuerdo.

Quiero pensar que, al dejar su trabajo en este mundo, se habrán dirigido a la casa definitiva cantando como siempre:

¡Hi ho! ¡Hi ho!

A casa a descansar.

Tralala tralalala

Hi ho, Hi ho, Hi ho …



Petronio                                                            8 de febrero de 2020 

 

CARLOS SLIM Y LA CAJA FRIA FRIA

 

Una de las noticias que ocupan las portadas y primeras páginas de diarios y medios de comunicación, es la que se refiere al magnate de las telecomunicaciones Carlos Slim, quien, para dudoso orgullo de los latinos, habría desplazado del primer lugar a Bill Gates en el podio de los multibillonarios.  Sea cierta o no, la noticia plantea inevitablemente el polémico tema de las inequidades en este mundo.

Se dice que el señor Slim habría sido catapultado a ese envidiado primer lugar gracias a una revaloración de sus acciones en 8 mil millones de dólares.  Y el contraste es patético.  Mientras él y otros de su categoría pueden ganar (o perder) cifras tan siderales de un momento a otro, millones de personas en el mundo sobreviven sumidos en la miseria y la desesperación con menos de un dólar al día (definición de pobreza extrema) a pesar de todos los esfuerzos que gobiernos, iglesias e instituciones filantrópicas vienen haciendo desde hace mucho tiempo. Una voz interna nos dice que algo no anda bien en el mundo.

No haremos aquí filosofía barata, ni propondremos remedios, ni señalaremos culpables, ni pegaremos el grito al cielo por este estado de cosas; ya hay mucha gente haciéndolo.  Lo que haremos es reflexionar sobre dos o tres cosas que nos permitan abordar el tema en forma diferente y constructiva.

Cuando no se tienen cifras precisas sobre algo, se recurre normalmente a dar estimados o usar lo que comúnmente se llama órdenes de magnitud.  Eso ayuda mucho para saber de qué estamos hablando.  Matemáticamente cada orden de magnitud es diez veces más o diez veces menos que el nivel inmediato (las escalas sismográficas son ejemplos de esto). En números, la progresión es la siguiente: 1, 10, 100, 1000, 10,000; y así sucesivamente.  Apliquemos esta noción a los ingresos diarios de las personas en términos monetarios que, para el caso presente será en dólares americanos.  Grosso modo, la cosa es así:

  • Por debajo de 1 dólar corresponde a pobreza extrema (980 millones de personas en el mundo)
  • Por debajo de 10 dólares corresponde a pobreza simple (50% de los peruanos)
  • Por debajo de 100 dólares corresponde a clase media (Aquí se ubican muchos profesionales)
  • Por debajo de 1000 dólares corresponde a las llamadas clases ricas o de categoría A.
  • Por debajo de 10,000 dólares corresponde a clase muy, muy rica (CEOS de empresas multinacionales, grandes estrellas del fútbol o del espectáculo, capos del narcotráfico, etc.)
  • Por encima de los 100,000 dólares estamos hablando de los más grandes billonarios del planeta, como Bill Gates o Carlos Slim. (Durante la explosión de la burbuja de las dot com en el 2000, Bill Gates perdía un millón de dólares diarios, lo que a él no le hacía ni cosquillas.)

El primer nivel está realmente fuera de escala o clasificación.  No debería existir; pero desgraciadamente existe. Los tres niveles siguientes simplemente podrían ser catalogados como “normales” en el sentido de que para ellos el dinero es dinero y sirve no sólo para subsistir sino para adquirir bienes y servicios, para prosperar y gozar de la vida. El quinto nivel es de transición en donde el dinero es tanto, que ya empieza a molestar y a dilapidarse en ciertos caprichos y sofisticadas adicciones.

Para los que acceden al último nivel, el dinero pierde el significado que los demás mortales le damos; aunque habría que reconocer que en los otros niveles ya empieza a emerger el mismo fenómeno que en este nivel excepcional: el dinero ya no es dinero; es lisa y llanamente poder.  Es esta transmutación lo que hay que tener presente cuando se tratan los grandes temas que aquejan a la humanidad; porque, como sabemos, el dinero y el poder se pueden utilizar indistinta y simultáneamente para el bien o para el mal (cualesquiera sea el significado que le demos a estos términos).  Los extremos se tocan, y así como el primer nivel de indigencia no debería existir, con igual o mayor razón este último tampoco.[1]  Pero existe.  Y al parecer no hay forma de erradicarlo, porque cada vez que se ha intentado, los resultados han sido dolorosos o catastróficos para los pueblos; aunque no faltan los que siguen insistiendo. 

La Ley de Hooke, por otra parte, nos informa que la elongación de un resorte es proporcional a la fuerza o el peso que se le aplica.  En la práctica, esto es válido dentro de ciertos límites.  Si la fuerza o peso es muy pequeña la ley no se cumple.  Igualmente, no se cumple si la fuerza es demasiado grande; es más, se arruina el resorte y el aparato que lo utiliza.  Algo parecido sucede con el dinero y el poder. En exceso, el entorno se distorsiona, se deteriora y tiende a arruinarse.

Un tercer elemento por considerar, complementario a los anteriores, es el hecho conocido de que varias empresas transnacionales manejan un presupuesto mayor que el de muchos estados y esto significa, en términos prácticos y reales, que son más poderosas que ellos y ejercitan ese poder para sus propios fines e intereses.  Esto no es una novedad; pero resulta preocupante la tendencia. Se comprueba que mientras muchos estados se debilitan y se hacen más vulnerables, las empresas transnacionales se hacen cada vez más poderosas.  El fiel de la balanza tiende a inclinarse, y no por culpa necesariamente de los estados.

Conocida es la filantropía de Bill Gates y de su esposa.  Y Carlos Slim parece ser un gordito buena gente.  Pero no es la filantropía ni la simpatía lo que les ha permitido llegar a donde están. Seguramente ha habido esfuerzo, habilidad, constancia y buena fortuna para saber aprovechar las oportunidades y para derrotar a sus rivales o competidores dejándoles fuera de carrera, en una lucha darviniana por sobrevivir.  Pero ¿qué pasaría si un inescrupuloso o un desalmado gana esas contiendas y alcanza esos niveles y ese poder?  Peor aún ¿podemos afirmar con certeza que esos casos no se han producido ya y que están vigentes en el mundo?  ¿Los regímenes despóticos (Trujillo, Idi Amin, Sukarno, etc.) no son un ejemplo de ello? ¿Y los grandes capos del narcotráfico o los grandes traficantes de armas no lo son también, aunque actúen en la sombra? ¿Y nuestro representante Montesinos, con sus dos mil millones de dólares, no estaba también en esa multibillonaria carrera interrumpida por el primer vladivideo?  Si no hubiera ocurrido ese traspié, hoy los peruanos estaríamos “orgullosos” de que un compatriota pudiera codearse con Gates y Slim en cuanto a fortuna personal, aunque no por cierto en la galería de Forbes.  Lo que me lleva a pensar ¿cuánto hay de cierto en esa famosa frase de que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente?  ¿O es sólo una metáfora que usamos para las charlas de café?  En algún momento y bajo ciertas circunstancias la frontera entre una actividad lícita y otra ilícita tiende a borrarse o a confundirse.  Un pequeño cuento de ciencia ficción de Howard Fast de los años sesenta ilustra este punto.

 LA CAJA FRIA FRIA (Resumen)

La acción se desarrolla en un tiempo futuro, cuando un joven accionista de una gran corporación mundial acude por primera vez a la magna asamblea anual de la compañía.  Mientras trata de ubicar su asiento en la inmensa sala de conferencias, observa que en el centro del recinto hay un gran espacio vacío al que se accede por un largo corredor.  Ya en su sitio, encuentra la documentación para la sesión inaugural y en ella un dossier con la historia de la compañía y en particular la de su fundador y presidente, virtualmente fallecido.  El gran magnate había empezado su brillante carrera al mando de una pequeña corporación ubicada en un sector clave de la economía y que, gracias a su talento, visión, audacia y una absoluta falta de escrúpulos, había logrado convertirla en un gran conglomerado empresarial a escala mundial. Ningún estado pudo ya oponerse a su poder. No había más poder que el de su corporación y él estaba al mando de ella.

Pero, cuando se encontraba en la cúspide del poder algo inesperado sucedió.  Los médicos le diagnosticaron una enfermedad que la ciencia de ese entonces no podía tratar y menos curar.  Hombre práctico y con ilimitados recursos, reunió a los mejores científicos y tomó una determinación.  Su cuerpo sería sometido a un proceso criogénico que lo preservaría en estado de hibernación hasta que la ciencia estuviera en condiciones de curarlo.  Reunió a su cuerpo de directores, les informó de su decisión y dio instrucciones precisas para que su empresa, y el mundo, continuaran funcionando bien hasta su retorno.  Año tras año, la Gran Asamblea de Accionistas se reunía para evaluar el estado de cosas y decidir qué hacer al respecto.

El presidente de la asamblea abrió la sesión.  Y mientras unos ujieres ingresaban por el largo pasillo conduciendo un gran sarcófago en donde yacía el cuerpo congelado del magnate, se dirigió así a los asistentes. “Señores”, les dijo, “como todos saben, la ciencia parece estar ya en condiciones de tratar la enfermedad que aqueja a nuestro Presidente y que éste se haga cargo nuevamente de la compañía.  Al igual que otros años, ustedes decidirán con su voto si ya ha llegado el momento de despertarlo.  Les ruego hacer uso su tablero ubicado en sus asientos para expresar su voluntad.”  Todos así lo hicieron y el voto fue unánime.

Y mientras el sarcófago era retirado de la sala, el chairman, pronunciaba tal vez por enésima vez, la rutinaria frase: “Bien, señores, ahora pasaremos a discutir los siguientes puntos de la agenda.”

 ¿Y que tiene que ver Carlos Slim con esta historia?  Nada. Carlos Slim no se ha muerto y al parecer goza de buena salud. El hecho que pertenezca al exclusivo club de los multibillonarios no lo convierte necesariamente en una mala persona. Como tampoco a los otros integrantes. ¿Verdad?

 

Petronio                                                                             27 de setiembre de 2009



[1] Opinión personal.

 

EL DOLOR NUESTRO DE CADA DIA[1]

Me despierto a las 6. Me levanto a las 6:30. Últimamente me estoy dando ese gusto de holgazán; pero es a esa hora cuando empieza mi calvario de todos los días.

Mi primer dolor es en la espalda al momento de doblarme para quedar sentado sobre la cama.

Luego hago un pequeño giro, bajo las piernas y las dejo colgando por unos momentos antes de ponerme de pie sobre el piso. Allí me coge el segundo dolor al tratar de estirarme para dirigirme al baño. Allí, menos mal, todavía no me duele nada.

El tercer dolor es el de los pies al caminar hacia la cocina para preparar mi desayuno. Me duelen los callos y las ampollas producidas por unos zapatos apretados que usé el día anterior.

El otro dolor que me hace ver a Judas en calzoncillos es el juanete del pie izquierdo que ya se está promoviendo para convertirse en un sexto dedo; y creo que lo va a lograr.

Luego vienen los dolores a las pantorrillas y los muslos los que, dicho sea de paso, no están mal y pueden hacerle la pelea a La Piernona. Pero el problema es que me duelen. Estoy pensando en contratar una masajista. Así podría matar dos pájaros de un tiro o podría morir en el intento.

Los otros dolores se presentan a la hora de comer y tener que masticar. Ya tengo bien mapeados los dientes y las muelas que debo utilizar según sea la dureza o plasticidad de los alimentos; pero de vez en cuando me equivoco y… ¡Agárrate, Catalina! La zona izquierda es la más delicada, lo que en forma inconsciente me ha llevado a comer como peón de ajedrez; es decir, de costado. ¡Ah! Y de vez en cuando me muerdo la lengua, justo cuando con mayor placer disfruto de algún manjar exquisito.

El dolor que ya es caserito es el de la zona lumbar. Es fiel y me viene acompañando desde hace años. Con este dolor hemos establecido relaciones cordiales y podría decirse que somos amiguitos.

Los otros dolores son en las manos que a veces se ponen a jugar a los bandidos. Se ponen rígidos con el pulgar hacia arriba, el índice hacia adelante y los demás contraídos, apuntando a cualquier parte.

Pero lo que más me viene preocupando últimamente son unos dolores raros en todo el cuerpo. Son muy ladinos; no avisan ni están ubicados en alguna parte específica del cuerpo. Y son rápidos y agudos. Es como si mi cuerpo fuera un gran alfiletero y una costurera bisoña se entretuviera en clavar sus agujas por cualquier parte. Algunas veces tengo que enderezarme súbitamente lanzando una exclamación subida de tono. O a veces pienso que tal vez sea una operación de vudú de alguien que me quiere mucho. ¡Vaya uno a saber!

Pero; la mejor parte (¿?) es en la noche cuando me voy a la cama dispuesto a descansar. No siempre; pero cada vez con mayor frecuencia, un último dolor me ataca a mansalva cuando me echo de espaldas y me acomodo de la mejor manera para poder dormir como un angelito. Es entonces cuando, sin pedir permiso, un malévolo calambre me obliga a bajarme de la cama, ponerme de pie y con todo el peso del cuerpo obligar a mi arqueada planta a enderezarse. Primero fue el izquierdo, luego el derecho y ahora son las piernas.[2] ¿Seguirá trepando? ¡No quiero ni pensarlo!

Pero ¡Qué diablos! Todos esos dolores me indican claramente de que aún estoy vivo y que puedo decir como Descartes Me duele; luego existo. Si no me doliera el cuerpo querría decir que estoy muerto y eso sí me resultaría algo insoportable.

            Así que: ¡Bienvenidos sean mis dolores de cada día! Pero, por favor, no me duelan tanto.

Petronio                                               Jueves 14 de marzo de 2019

 

Adenda

No me hicieron caso. Es más, llamaron más refuerzos. El último acudió anoche y apareció en mi mano izquierda. Asolapado,  agudísimo, dolorosísimo. Lo que me obligó a soltar espontáneamente lo más selecto de repertorio de palabrotas, reservado para mis más enconados enemigos. ¡Y vaya los que he conseguido! Lo único que lamento es que estos no tengan mamá. ¿Aparecerán más? Seguro que sí. No me cabe la menor duda. Pero ¿por dónde atacará? Ojalá que no sea por ahí.

(26/09/2021)



[1] Versión actualizada.

[2] En un reciente viaje a Machu Picchu, al término de la caminata, una contractura a los muslos me impidió caminar durante media hora. #%(#!:)*. Y hace dos semanas me agarró otro calambre manejando por la Javier Prado y no tenía cómo estirar las piernas.  #%+?!#$!

domingo, 26 de septiembre de 2021

YO QUELO JULBO

En la salita de estar que da al jardín el papá está conversando con su pequeño hijo, mientras sigue con la mirada el vuelo de un moscardón que se ha metido en la casa y que, porfiadamente, trata de salir a través de la ventana cerrada.

  • Mira pequeñín, ¿Qué te parece si este fin de semana te llevo a ver un partido de básquet?

El pequeño, que apenas puede hablar, le responde haciendo una mueca de disgusto:

  • No papito. Yo quelo julbo.
  • Bueno hijito. Ya hemos ido al estadio varias veces, pero creo que sería bueno que vieras también otros deportes. 
  • Porque hay muchos otros deportes ¿sabes?
  • Chi, papito; pelo yo quelo julbo, responde resueltamente el pequeño.
  • Mira que en otros deportes somos campeones internacionales... y en el fútbol…nada.
  • Chi, papito; pelo yo quelo julbo, repite el chico visiblemente contrariado.

Pero el papá, torpemente, insiste:

  • Es que hay otros deportes muy bonitos como la natación, el atletismo, el básquet …

A lo que el chico, ya fuera de sí, reacciona tirándose al suelo preso de una pataleta mientras grita desaforadamente:

-        ¡¡¡YO QUELO JULBO!!!  ¡¡¡YO QUELO JULBO!!!

Alarmada por el escándalo y por los gritos del chico baja la mamá del segundo piso y le pregunta a su marido con tono recriminatorio:

  • ¿Qué le has hecho al chico?
  •  ¿Yo? Nada, cariño. Nada. Responde el hombre asustado.
  •     Entonces ¿por qué llora así? -le dice la mujer con una mirada acusatoria mientras   levanta al pequeño y le limpia sus lágrimas.
  •    Por nada, cielo. Yo sólo quería llevarlo a ver el básquet; pero parece que a él no le gustó la idea. Sólo quiere fútbol y yo pensé que sería bueno que apreciara también otros deportes.
  •     Bueno. Pero si al chico le gusta el fútbol ¿para qué contrariarlo? Todos sus amiguitos juegan al fútbol y si no aprende a jugar, cuando entre a la escuela, los demás chicos le van a hacer bullying y tú tendrás la culpa de eso.
Le  dice, señalándolo con un acusador dedo índice; mientras se dirige a las escaleras cargando al niño.

  • Tienes razón. Ya no insistiré. 

g  Resignado, el hombre mueve la cabeza de un lado al otro, abre una hoja de la ventana para que el moscardón pueda escapar al exterior, mientras se dice a sí mismo: 

  •      Tal vez tengan razón. Y para aliviar la tensa situación creada, grita a todo pulmón: 

¡Arriba Perú! 

Y desde la parte alta se escucha la alegre voz del niño, quien repite:

¡Aliba Pelú!

Petronio                                                                                    14 de marzo de 2018