martes, 18 de febrero de 2020

ISAAC ASIMOV IN MEMORIAM

El escritor que creó el futuro.
El pasado 2 de enero se conmemoró el primer centenario del nacimiento de uno de los genios de la literatura de ciencia ficción, que allá por la década de los años cincuenta encendiera la imaginación de un joven que iniciaba su carrera profesional de ingeniero.

Al lado de otros gigantes del género como Ray Bradbury (Crónicas Marcianas), Arthur C. Clarke (2001 Odisea del Espacio) o Robert A Heinlein (Stranger in a Strange Land)) Asimov  se adelantó a su época, con obras que han quedado marcadas como clásicas, uniéndose así al exclusivo club de escritores de anticipación como Julio Verne o H. G. Wells.

Los robots son ya una realidad en nuestros días. Su presencia en las diversas actividades humanas se extiende y profundiza cada vez más en forma indetenible generando, como toda nueva tecnología, esperanzas y temores. La amenaza de que los humanos seamos desplazados por las máquinas es uno de las más temidas y extendidas. Y es cierto que lo harán, porque las máquinas son cada vez más inteligentes, más hábiles, más rápidas y, además, más económicas. Esto no es nuevo. Ya ha ocurrido antes con la introducción de cada nueva tecnología. Los escribas, encargados de copiar una y otra vez los manuscritos hechos en material deleznable, desaparecieron con la aparición de la imprenta. Los cocheros igualmente se quedaron sin chamba con la aparición del automóvil. Y en la Inglaterra del siglo XIX los luditas destruían los telares automáticos que les quitaban puestos de trabajo.

Los robots, ya lo dijimos, son una realidad para quedarse. Y desplazarán a los humanos en actividades rutinarias eliminando no sólo puestos de trabajo sino actividades completas. Pero, al mismo tiempo, generarán otras nuevas y más enriquecedoras. Los seres humanos no debemos convertirnos en modernos luditas. Lo que debemos hacer es adaptarnos al cambio; como siempre lo hemos hecho y hacer que la transición sea lo menos traumática posible. Oponerse a esta realidad es oponerse al progreso. Es detener la historia. Es algo inútil y es un absurdo.

El mundo futuro, que ya empezamos a transitar, estará gobernado por robots y máquinas inteligentes. Qué duda cabe. Pero siempre bajo el control humano. Esperamos que así sea. Sin embargo, una gran duda nos asalta. Las máquinas no tienen conciencia, no tienen alma, no tienen principios, ni valores, ni ideales. ¿Verdad? ¿Estamos seguros? Bueno. Lo cierto es que ya hay varios proyectos en marcha para dotarlas de estas cualidades, o algo parecido.  Y, curiosamente, Isaac Asimov es citado frecuentemente en revistas serias cuando se habla de estos temas.

En su novela Yo Robot y en otras de la saga de Fundación, Fundación e Imperio y Segunda Fundación, establece sus famosas tres Leyes de la Robótica implantadas en los cerebros positrónicos de los robots. ¡Todo un código de ética!

1)       Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
2)       Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la primera ley.
3)       Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o la segunda ley.

Netflix, acaba de revelar que este año lanzará en streaming la saga Fundación. ¡Vaya! Ya era tiempo de que se le hiciera justicia a su creador. Constará de 10 capítulos; pero me atrevo a pronosticar que luego vendrán más. Al fin veremos por TV la historia del Imperio Galáctico y a sus inolvidables personajes; en especial al matemático Hari Seldon guiando a la humanidad a través de los siglos.

Petronio

domingo, 16 de febrero de 2020

PREGUNTAS SIN RESPUESTAS_2


Crispín seguía estudiando en su escuela con la idea de alcanzar el primer puesto de su salón, como le había prometido a su padre. Y como era su costumbre, seguía haciéndose preguntas sobre las cosas que le enseñaban en la escuela o en su casa.
-          Y ¿qué has aprendido hoy, Crispín? le preguntaba su padre como siempre.
-          Hoy hemos tenido clase de religión, papá.
-          ¡Ah! Qué bien, Crispín. ¿Y qué es lo que te han enseñado?
-          Historia sagrada. La vida de Jesús y de cómo murió. No entiendo por qué lo mataron siendo tan bueno. ¿Por qué hay gente mala en el mundo, papá?
-          Bueno hijo. La realidad es que siempre ha habido gente mala, la hay ahora y, al parecer, seguirá habiéndola en el futuro; porque la naturaleza humana es así, con capacidad para hacer el bien y para hacer el mal.
-          Pero, me pregunto, papá, si hace más de dos mil años Jesús nos enseñó a hacer el bien ¿por qué seguimos haciendo el mal? Se lo pregunté a mi maestra y no supo qué responder. Sólo me dijo que hay que seguir rezando para que las cosas cambien. ¿Dos mil años más, papá?
-          Bueno, hijo. No exageres. Tal vez no tanto.
-          Y, a propósito, papá. Tú no rezas ¿verdad? Y no vas con nosotros los domingos a la iglesia.
-          Me pillaste, hijo. Tengo mis razones que por el momento no estás en capacidad de entender. Cuando seas un poco más grande podremos conversar sobre ese y otros temas delicados e importantes.
-          Yo voy con mi mamá a la iglesia a rezar y a rogar por la paz en el mundo. Sin embargo, por las noticias que veo, creo que el mundo está cada vez peor. ¿Por qué, papá?
-          La verdad, hijo, no lo sé. Creo que algo está fallando en los hogares y en las escuelas, que hace que los seres humanos no aprendamos a ser gente de bien; y no creo que rezando más vayamos a cambiar las cosas.
-          ¿Quieres decir que ya no hay que rezar?
-          No, hijo. No he dicho eso. Lo que he dicho es que hace falta algo más que rezar para que esos ruegos y buenos deseos se conviertan en realidad.
-          ¡Ah! Y otra cosa, papá. La vez pasada me enseñaron que en el Perú la mayoría de la gente es católica ¿verdad?
-          Sí hijo; aunque yo diría mejor, cristiana. Más del 80% creo.
-          Y si es así ¿por qué en el Perú hay tanta maldad, tantas muertes y tantas cosas malas?
-          ¡Ay, Crispín, Crispín! Siempre haces preguntas difíciles de responder. Pareces un adulto. No puedo darte una respuesta precisa y única y tampoco creo que haya alguien que te la pueda dar; pero, tu observación es válida. Intentaré ofrecerte algunas respuestas para que entiendas esa paradoja.
-          ¿Paradoja? ¿Qué es una paradoja, papá? ¿Qué significa y por qué la mencionas?
-          ¿Más preguntas, Crispín? Bueno. Una paradoja es una situación contradictoria. Una en la que se presentan dos verdades que están en contraposición y que, por lo tanto, exigen una explicación.
-          ¿Como Condorito?
-          Ja, ja, ja. Más o menos. Por ejemplo, la que tú has planteado. Los peruanos somos en una inmensa mayoría cristianos, lo que supone que deberíamos ser y hacer cosas buenas y, sin embargo, parece que hacemos cosas malas, como las que vemos todos los días y que tú has observado. Esa es la paradoja. ¿Cómo se entiende? ¿Cuál es la explicación? Se nos ofrecen muchas, pero ¿cuál es la verdadera?
-          A mí no se me ocurre ninguna, papá.
-          Bueno, Crispín. Te daré algunas. La primera es que no somos tan cristianos como decimos. Es decir; declaramos ser cristianos, vamos a la iglesia, rezamos, pero no nos comportamos como tales en nuestra vida diaria. La segunda es  que aun siendo cristianos nos olvidamos de las enseñanzas de Jesús y nos guiamos más por nuestros propios intereses y no los de los demás. Una tercera es que tal vez no somos tan malos como creemos, pero como los diarios, la radio y la televisión lo repiten tanto hemos terminado por creer que todo está mal.  De tanto repetir algo, ésta se convierte en realidad; una realidad aparente.
-          ¿Cómo la propaganda comercial?
-          Así es, hijo. Ya captaste la idea. Una cuarta explicación es que  tal vez, algunas cosas que se cree, o se nos dice que son malas, no lo son necesariamente y que dependen de las circunstancias o de una interpretación.
-          ¿Así? ¿Como cuáles, papá?
-          Verás, hijo. Hay cosas que claramente son buenas y otras que son malas. Ayudar al desvalido es bueno, robar al prójimo es malo. Eso está claro; pero, si yo te preguntara si matar es bueno o es malo ¿qué me responderías?
-          Que es malo.
-          Claro. Esa respuesta es obvia y es la que todos dirían. Pero, suponte que eres militar y nuestro país está en guerra. ¿Qué harías en el campo de batalla? Tendrías que matar al enemigo ¿verdad?
-          Si, pues. Porque el enemigo es malo.
-          Por definición. Pero, piensa un poquito más. Para ellos, nosotros somos el enemigo. ¿Somos malos, entonces?
-          Ya me confundiste, papá. Ya no sé qué pensar.
-          Discúlpame, hijo. No era mi intención confundirte sino ponerte ante situaciones reales que se dan en la vida y que nos obligan a pensar en lo que es bueno y lo que es malo. Son temas sujetos a controversia, a discusión y a confrontar puntos de vista diferentes. Muchos hombres han dedicado su vida a tratar de entenderlos. En la vida, te encontrarás con muchos casos como este y tendrás que tomar decisiones. Como siempre, lo único que te puede aconsejar es que estudies mucho, que siempre te hagas preguntas y que te plantees respuestas. Con la práctica, tú mismo empezarás a encontrar las correctas.
-          Si, papá. Gracias por tus consejos.

Petronio

jueves, 6 de febrero de 2020

EL AJEDREZ COMO METÁFORA

José Raúl Capablanca fue un brillante campeón mundial de ajedrez allá por los años veinte del siglo pasado. A este genial ajedrecista español nacido en la Habana un periodista le preguntó: Maestro, en una partida ¿cuántas jugadas piensa usted por adelantado? La respuesta fue igualmente genial: ”Una más que mi adversario”. 

Quien haya practicado alguna vez el singular deporte de los trebejos, sabe que para jugarlo medianamente bien tiene que hacer cada jugada pensando en cuál será la probable respuesta de su  adversario. Las alternativas son varias y tendrá que pensar cuál es la mejor. De lo contrario, se expone a quedar en desventaja ante una jugada no prevista del oponente, que es lo que generalmente les ocurre a los principiantes cuando les ofrecen la dama y “aprovechan” la oportunidad de comérsela con su peón. Dos o tres jugadas después tienen que abandonar la partida ante el famoso “mate pastor”.

Pues bien. Se dice que la vida es un juego y, en cierto modo es cierto. Pero es un juego mucho más complicado que una partida de ajedrez; porque se juega en simultáneas, en varios tableros y enfrentados a múltiples adversarios con diferentes estrategias. Razón de más para aprender a jugarlo bien pensando varias jugadas por adelantado como Capablanca. Va en ello su dinero, su prestigio, su libertad y, a veces, su misma existencia.

Sin embargo, y por desgracia, no es lo que ocurre muchas veces en la vida real. Normalmente actuamos habiendo pensado solo una jugada por adelantado; aquella que nos parece genial.  Y esa es la razón por la que solemos perder las partidas; ya sea las individuales y también las colectivas, como pareja, como familia, como miembros de una comunidad  o como país. Pruebas al canto.

            En noviembre del año pasado, el presidente Vizcarra hizo una jugada audaz: cerró el Congreso y convocó a nuevas elecciones. En términos ajedrecísticos la cosa fue así. Primera jugada: cierre del Congreso. ¡Brillante! La afición, es decir el pueblo, aplaudió enfervorizada casi por unanimidad. Sin embargo, la siguiente jugada fue opaca, confusa, improvisada. Ningún interés. La gente no sabía por quien votar hasta el último momento; se produjo una enorme cantidad de votos en blanco; desaparecieron varios partidos tradicionales; los congresistas se  dispersaron en más de diez bancadas; fueron elegidos varios congresistas con prontuarios policiales y judiciales; aparecieron varios “partidos políticos” con agendas absurdas o extremistas; muchos congresistas no tienen experiencia política alguna y pretenden cambiar la Constitución; todavía no han sido proclamados oficialmente y ya muestran las pugnas por su ración de poder al interior de sus propias agrupaciones. Nada bueno para el país se puede esperar de este Congreso. ¿Ha sido el remedio peor que la enfermedad? ¿No eran previsibles estos resultados?

La SUNEDU está clausurando varias universidades por no cumplir con los requisitos básicos para funcionar como tales. Esta ha sido la primera jugada. Buena, excelente, necesaria en pro de mejorar la calidad de la educación universitaria. ¿Pero, se pensó en la segunda jugada? Definitivamente NO. Recién cuando los alumnos y los padres de familia protestaron se dieron cuenta de que estaban creando un problema mayor: ¿Qué va a pasar con los miles de alumnos de esas universidades cerradas? Los traslados a otras van a ser difíciles y costosas porque están lejos, porque están saturadas y porque van a costar más. Una verdadera tragedia para ellos, para sus padres y para el país. El problema continúa y todas las soluciones propuestas adolecen de serias dificultades porque no se previó la segunda jugada, ni las siguientes, antes de hacer la primera.

Lucha frontal contra la corrupción y la inseguridad ciudadana. ¡Magnífica primera jugada! Los “peces gordos” están cayendo. ¡Al fin! Prisiones preventivas y preliminares se dictan por doquier. Allanamientos también. Caen las bandas delincuenciales en manos de la policía. Hasta aquí todo parece estar bien; ¿pero se ha pensado en las siguientes jugadas? Parece que tampoco. La realidad es que nuestras cárceles están saturadas desde hace tiempo y los presos actuales están hacinados haciendo imposible su resocialización. ¿A dónde van a meter a los cientos o miles de corruptos y delincuentes comunes que están siendo juzgados y condenados? No hay por donde, como decía el Chavo del Ocho. Se tendría que liberar a muchos, aplicarles penas menos severas, amnistiarlos o hacinarlos más, lo que resulta más que inhumano.

Se tendría que improvisar, retorcer la Constitución y las leyes con todo lo que eso significa para la institucionalidad, la democracia y el sistema de justicia del país. Todo porque no se habría pensado previamente en cuales serían las próximas jugadas.

            Dejo como "tarea para la casa" multitud de otros casos vigentes en todo orden de cosas como pueden el NO la bicameralidad, la no reelección inmediata de congresistas y autoridades, el pico y placa, la pena de muerte, etc. Todas aparentes buenas medidas como primera jugada; sin embargo, habría que ponerse a pensar si es que estamos preparados para enfrentar las posibles respuestas del adversario. No vaya a ser que perdamos por “mate pastor”, como ya ha ocurrido más de una vez en el pasado.

Petronio