sábado, 16 de octubre de 2021

 

PERCEPCIONES Y REALIDADES

Este invierno ha sido atípico. En Lima, la mayor parte de los días, hemos gozado de algunas horas de sol, aunque en el último mes el frío o la sensación de frío, se haya acentuado; sobre todo de noche. Y algo parecido, aunque al revés, se ha vivido en el verano y otoño pasados; aunque las temperaturas no hayan sido tan extremas. Un factor que contribuye a la fuerte sensación de frío o de calor de los limeños ha sido y es la humedad, que siempre es alta en nuestra capital. De ahí que la temperatura real y la sensación de frío o de calor difieran significativamente.

Y así ocurre en otros terrenos; no sólo en el clima. La política es uno de ellos. La realidad es una y la percepción de los ciudadanos es otra. Las encuestas son el termómetro que no miden necesariamente la realidad sino la percepción de la gente sobre determinado hecho o personaje político. Y, a diferencia del clima, en donde la solución consiste en ponerse o quitarse más ropa o cobertor; en política la solución es más difícil, en algunos casos casi imposible: las percepciones perduran, aunque no correspondan a la realidad. Y la explicación es simple: el clima, la temperatura y la percepción de frío o de calor son algo neutro o imparcial; en cambio la realidad política y nuestra percepción de la misma no lo es. Está teñida de emociones, sentimientos e intereses. De simpatías, antipatías, prejuicios y, por qué no decirlo, de conocimientos e ignorancias.[1] Y en las encuestas se refleja todo eso.

Y algo más. En esta Era de la Información, los medios contribuyen a moldear la opinión pública en función de múltiples visiones e intereses. La cantidad de información que los ciudadanos reciben en todo momento supera largamente su capacidad de almacenaje, procesamiento y análisis. Y si a esto le añadimos el factor que nos ubica a los peruanos en los últimos lugares de comprensión lectora y razonamiento matemático (es decir; de lógica) tendremos como resultado que las percepciones y no las realidades ocupan un lugar preponderante a la hora de emitir opinión en las encuestas. [2]

De modo que hay que tener mucho cuidado en guiarse sólo por las encuestas; lo que nos hacer recordar el viejo dicho que dice más o menos así: “las estadísticas nunca mienten; pero siempre engañan”. [3]

En la portada del diario Gestión de hoy, 28 de setiembre, aparece el titular siguiente: “De cada 100 empresarios en el Perú, 71 son percibidos como corruptos”. Y agrega: “El 85% de los peruanos cree que empresarios que pagan coima son cómplices de la corrupción”. ¡¡¡!!!   Y en otra encuesta reciente los peruanos reconocen que un 78% es tolerante con la corrupción. Esa es la percepción de la gente; pero ¿es la realidad? Tenemos a dos ex presidentes presos, otro prófugo y uno más en salmuera cuyo gobierno, según la misma encuesta, ha sido el más corrupto de la historia. ¿Podemos creer en esto? Meditemos seriamente: Si la percepción correspondiera a la realidad, el Perú ya no tendría remedio posible; porque la corrupción no sólo sería del gobierno, las autoridades, las empresas y otras instituciones, sino también del mismo pueblo tolerante y cómplice con ella.  Y eso NO ES ACEPTABLE ni verdadero. Eso equivaldría a que los peruanos estaríamos rogando para que venga un Abimael Guzmán que queme todo y que de las cenizas surja un nuevo Perú. No seamos cómplices de esa patraña en la que los medios y las encuestadoras tienen una seria responsabilidad.

Realidad y percepción no es lo mismo.

Petronio                                                            28 de septiembre de 2017



[1] Las pruebas PISA son un termómetro serio y certero sobre la capacidad de los peruanos para pensar y razonar correctamente.  

[2] Un ejemplo a la mano. La corrupción ha pasado a ser el principal problema del país sobre la seguridad ciudadana, que ocupaba hasta hace poco el primer lugar. Todo, a raíz del escándalo tan publicitado de Lavajato, Odebretch y compañía. A pesar de que cada día los casos de delincuencia, en número, modalidad y ferocidad, se han multiplicado en forma alarmante.

[3] Si no dice textualmente así es porque mi memoria no es perfecta. Lo que no invalida el dicho.

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