PERCEPCIONES
Y REALIDADES
Este invierno ha sido atípico.
En Lima, la mayor parte de los días, hemos gozado de algunas horas de sol,
aunque en el último mes el frío o la sensación de frío, se haya acentuado;
sobre todo de noche. Y algo parecido, aunque al revés, se ha vivido en el
verano y otoño pasados; aunque las temperaturas no hayan sido tan extremas. Un
factor que contribuye a la fuerte sensación de frío o de calor de los limeños
ha sido y es la humedad, que siempre es alta en nuestra capital. De ahí que la
temperatura real y la sensación de frío o de calor difieran significativamente.
Y así ocurre en otros terrenos;
no sólo en el clima. La política es uno de ellos. La realidad es una y la
percepción de los ciudadanos es otra. Las encuestas son el termómetro que no
miden necesariamente la realidad sino la percepción de la gente sobre
determinado hecho o personaje político. Y, a diferencia del clima, en donde la solución
consiste en ponerse o quitarse más ropa o cobertor; en política la solución es
más difícil, en algunos casos casi imposible: las percepciones perduran, aunque
no correspondan a la realidad. Y la explicación es simple: el clima, la
temperatura y la percepción de frío o de calor son algo neutro o imparcial; en
cambio la realidad política y nuestra percepción de la misma no lo es. Está
teñida de emociones, sentimientos e intereses. De simpatías, antipatías, prejuicios
y, por qué no decirlo, de conocimientos e ignorancias.[1] Y en las encuestas se refleja
todo eso.
Y algo más. En esta Era de la
Información, los medios contribuyen a moldear la opinión pública en función de
múltiples visiones e intereses. La cantidad de información que los ciudadanos
reciben en todo momento supera largamente su capacidad de almacenaje,
procesamiento y análisis. Y si a esto le añadimos el factor que nos ubica a los
peruanos en los últimos lugares de comprensión lectora y razonamiento
matemático (es decir; de lógica) tendremos como resultado que las percepciones
y no las realidades ocupan un lugar preponderante a la hora de emitir opinión
en las encuestas. [2]
De modo que hay que tener
mucho cuidado en guiarse sólo por las encuestas; lo que nos hacer recordar el
viejo dicho que dice más o menos así: “las estadísticas nunca mienten; pero
siempre engañan”. [3]
En la portada del diario
Gestión de hoy, 28 de setiembre, aparece el titular siguiente: “De cada 100 empresarios en el Perú, 71 son
percibidos como corruptos”. Y agrega: “El 85% de los peruanos cree que
empresarios que pagan coima son cómplices de la corrupción”. ¡¡¡!!! Y en
otra encuesta reciente los peruanos reconocen que un 78% es tolerante con la
corrupción. Esa es la percepción de la gente; pero ¿es la realidad? Tenemos a dos
ex presidentes presos, otro prófugo y uno más en salmuera cuyo gobierno, según
la misma encuesta, ha sido el más corrupto de la historia. ¿Podemos creer en
esto? Meditemos seriamente: Si la percepción correspondiera a la realidad, el
Perú ya no tendría remedio posible; porque la corrupción no sólo sería del
gobierno, las autoridades, las empresas y otras instituciones, sino también del
mismo pueblo tolerante y cómplice con ella. Y eso NO ES ACEPTABLE ni verdadero. Eso
equivaldría a que los peruanos estaríamos rogando para que venga un Abimael
Guzmán que queme todo y que de las cenizas surja un nuevo Perú. No seamos
cómplices de esa patraña en la que los medios y las encuestadoras tienen una
seria responsabilidad.
Realidad y percepción no es lo
mismo.
Petronio 28
de septiembre de 2017
[1] Las pruebas PISA son un
termómetro serio y certero sobre la capacidad de los peruanos para pensar y
razonar correctamente.
[2] Un ejemplo a la mano. La
corrupción ha pasado a ser el principal problema del país sobre la seguridad
ciudadana, que ocupaba hasta hace poco el primer lugar. Todo, a raíz del
escándalo tan publicitado de Lavajato, Odebretch y compañía. A pesar de que
cada día los casos de delincuencia, en número, modalidad y ferocidad, se han
multiplicado en forma alarmante.
[3] Si no dice textualmente así
es porque mi memoria no es perfecta. Lo que no invalida el dicho.
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