viernes, 22 de octubre de 2021

MI AMIGO JUAN

O

SETENTA AÑOS DESPUÉS

Fulano de Tal se conmocionó al recibir un mensaje por el WhatsApp. No lo podía creer. Después de una eternidad Juan García, su mejor amigo de la infancia, daba señales de vida. El mensaje era escueto y sólo daba cuenta de su llegada al aeropuerto al día siguiente, los datos del vuelo y la hora de arribo. Llegaba con cuatro maletas y le solicitaba encarecidamente que por favor lo fuera a recibir. Ya le contaría luego los detalles de su viaje, su largo periplo por el extranjero y las razones de su retorno.

Y mientras Fulano de Tal se apresuraba a responder confirmándole su ayuda, un cúmulo de atropellados recuerdos acudían a su mente, y miles de preguntas también.

¿Cómo había conseguido contactarlo? ¿Dónde había estado estos largos años? ¿Por qué motivo regresaba? ¿Cómo es que nunca pudieron reencontrarse? ¿Qué aspecto tendría ahora luego del tiempo transcurrido? ¿Cómo lo reconocería? Y muchas otras más.

Allá por los años cuarenta, tres amigos compartían una amistad que parecía sólida y perdurable; uno de ellos era él, Fulano de Tal, otro era Juan García y del tercero sólo recordaba su apelativo, Chelo. Compañeros de juego y de correrías en un barrio periférico de Breña, Juan fue el que lo cargó en hombros un día en que el niño Fulano de Tal retornó de una malhadada estancia en una institución que se suponía ser el Paraíso. No lo fue y por eso, cuando la pandilla del barrio lo levantó en hombros vitoreando ¡Fulano ha vuelto! ¡Fulano ha vuelto!, sintió una alegría indescriptible que le duraría toda la vida.

Su amigo Juan era la persona más sencilla del mundo y su educación era más de la calle que de la escuela o de su casa. No le preocupaba en absoluto hablar bien. Decía las cosas como las escuchaba y entendía. Canillita durante sus vacaciones no decía periódicos sino “perióricos”. Al Ratón Aerodinámico o Super Ratón lo llamaba “El Ratón Adromónico” y al marciano protagonista de una película futurista de la época lo llamaba “Marte invade la Tierra”, título de la película. A Batman lo llamaba El Hombre Murciégalo y las estatuas eran estuatas. Nunca se hizo problemas con el lenguaje.

Un espacioso solar con piso de tierra y paredes de adobe fue el ambiente donde Fulano de Tal y sus amigos pasaron los días más felices de sus vidas; aunque eso lo sabría muchos años más tarde. Y también el escenario en el que, de cuando en cuando, dos vecinas se decían vela verde sabe Dios por qué razones. Y el lugar en donde Fulano de Tal casi se queda tuerto por una piedra lanzada con una honda o resortera que le rompió el pómulo izquierdo con mucha sangre de por medio. O la estampa, que se quedó grabada en su memoria, de una anciana acompañada siempre de una perrita igual de vieja, que arrastraba los pies todos los días para salir a buscarse el sustento. Juan la llamaba “la viejita ’e Pela”. Ironías de la vida; se sabía el nombre de la perra Perla; pero no el de la anciana. Alguien contó alguna vez que en su juventud fue una mujer muy agraciada y que fue la amante de un presidente de la república. Vaya usted a saber.

Todo iba sobre ruedas para las familias del solar y en especial para los tres amigos, hasta que un día recibieron una notificación para que desocuparan sus viviendas. Se había vendido la propiedad y en su lugar se construiría un moderno condominio con casitas de cemento y ladrillo. El plazo para desocupar las viviendas era perentorio. Apresuradamente, cada familia buscó donde reubicarse y fue mudándose una a una. Los amigos inseparables se vieron por última vez a fines de los 40s. Se separaron sin dejar rastro, hasta esa mañana en que Fulano de Tal recibió el mensaje de su amigo Juan, ¡setenta años después!

¿Cómo sería el reencuentro? ¿Emotivo? Fulano de Tal pensó que tal vez no. Al cabo de tanto tiempo los íntimos amigos de la infancia serían unos adultos mayores desconocidos, sin mayor vínculo que unos dispersos y lejanos recuerdos compartidos.

¿Se reconocerían? Fulano de Tal era consciente de cuanto había cambiado él, por las fotografías que conservaba en un enmohecido álbum familiar. ¿Pero Juan? Seguramente no lo reconocería a primera vista y el único indicio que tenía para identificarlo era que vendría con cuatro maletas: una de cuero naranja, otra de color beige, otra de tela con colores típicos y un carryall plomo. No podría equivocarse.

¿Qué se dirían? ¿Cuáles serían las primeras palabras que intercambiarían? No lo podía imaginar.

Un Hola ¿Cómo estás? le parecía demasiado prosaico.

Un Hola, ¿Qué me cuentas del Ratón Adromónico? podría tal vez romper el hielo acumulado en tantos años de silencio. Pero ¿se acordaría él?

Y, fue entonces cuando una frase muy antigua, pero nunca olvidada, se abrió paso hasta llegar a los labios de Fulano de Tal.

¡Juan ha vuelto! ¡Juan ha vuelto!

Aunque ahora ya no estaría la pandilla para vitorearlo y Fulano ya no estaba en condiciones para alzarlo en hombros.

 

Petronio                                                                  16 de mayo de 2018

    

sábado, 16 de octubre de 2021

 

PERCEPCIONES Y REALIDADES

Este invierno ha sido atípico. En Lima, la mayor parte de los días, hemos gozado de algunas horas de sol, aunque en el último mes el frío o la sensación de frío, se haya acentuado; sobre todo de noche. Y algo parecido, aunque al revés, se ha vivido en el verano y otoño pasados; aunque las temperaturas no hayan sido tan extremas. Un factor que contribuye a la fuerte sensación de frío o de calor de los limeños ha sido y es la humedad, que siempre es alta en nuestra capital. De ahí que la temperatura real y la sensación de frío o de calor difieran significativamente.

Y así ocurre en otros terrenos; no sólo en el clima. La política es uno de ellos. La realidad es una y la percepción de los ciudadanos es otra. Las encuestas son el termómetro que no miden necesariamente la realidad sino la percepción de la gente sobre determinado hecho o personaje político. Y, a diferencia del clima, en donde la solución consiste en ponerse o quitarse más ropa o cobertor; en política la solución es más difícil, en algunos casos casi imposible: las percepciones perduran, aunque no correspondan a la realidad. Y la explicación es simple: el clima, la temperatura y la percepción de frío o de calor son algo neutro o imparcial; en cambio la realidad política y nuestra percepción de la misma no lo es. Está teñida de emociones, sentimientos e intereses. De simpatías, antipatías, prejuicios y, por qué no decirlo, de conocimientos e ignorancias.[1] Y en las encuestas se refleja todo eso.

Y algo más. En esta Era de la Información, los medios contribuyen a moldear la opinión pública en función de múltiples visiones e intereses. La cantidad de información que los ciudadanos reciben en todo momento supera largamente su capacidad de almacenaje, procesamiento y análisis. Y si a esto le añadimos el factor que nos ubica a los peruanos en los últimos lugares de comprensión lectora y razonamiento matemático (es decir; de lógica) tendremos como resultado que las percepciones y no las realidades ocupan un lugar preponderante a la hora de emitir opinión en las encuestas. [2]

De modo que hay que tener mucho cuidado en guiarse sólo por las encuestas; lo que nos hacer recordar el viejo dicho que dice más o menos así: “las estadísticas nunca mienten; pero siempre engañan”. [3]

En la portada del diario Gestión de hoy, 28 de setiembre, aparece el titular siguiente: “De cada 100 empresarios en el Perú, 71 son percibidos como corruptos”. Y agrega: “El 85% de los peruanos cree que empresarios que pagan coima son cómplices de la corrupción”. ¡¡¡!!!   Y en otra encuesta reciente los peruanos reconocen que un 78% es tolerante con la corrupción. Esa es la percepción de la gente; pero ¿es la realidad? Tenemos a dos ex presidentes presos, otro prófugo y uno más en salmuera cuyo gobierno, según la misma encuesta, ha sido el más corrupto de la historia. ¿Podemos creer en esto? Meditemos seriamente: Si la percepción correspondiera a la realidad, el Perú ya no tendría remedio posible; porque la corrupción no sólo sería del gobierno, las autoridades, las empresas y otras instituciones, sino también del mismo pueblo tolerante y cómplice con ella.  Y eso NO ES ACEPTABLE ni verdadero. Eso equivaldría a que los peruanos estaríamos rogando para que venga un Abimael Guzmán que queme todo y que de las cenizas surja un nuevo Perú. No seamos cómplices de esa patraña en la que los medios y las encuestadoras tienen una seria responsabilidad.

Realidad y percepción no es lo mismo.

Petronio                                                            28 de septiembre de 2017



[1] Las pruebas PISA son un termómetro serio y certero sobre la capacidad de los peruanos para pensar y razonar correctamente.  

[2] Un ejemplo a la mano. La corrupción ha pasado a ser el principal problema del país sobre la seguridad ciudadana, que ocupaba hasta hace poco el primer lugar. Todo, a raíz del escándalo tan publicitado de Lavajato, Odebretch y compañía. A pesar de que cada día los casos de delincuencia, en número, modalidad y ferocidad, se han multiplicado en forma alarmante.

[3] Si no dice textualmente así es porque mi memoria no es perfecta. Lo que no invalida el dicho.

 

ÑOMEÑAMOÑEMEÑON

Era el primer día de clases del curso de Botánica. Los chicos recién empezábamos la Secundaria y cada cosa constituía para nosotros una novedad. Algunos ya teníamos cierta idea de cómo era ese nuevo nivel de instrucción por lo que escuchábamos en casa comentar a nuestros hermanos mayores; pero la mayoría no.

El bullicio y la expectativa crecían en el salón de clases cuando repentinamente se hizo el silencio. Por la puerta delantera acababa de asomar una persona de edad, alta,  pelo entrecano, con lentes e impecablemente vestido con terno azul verdoso y corbata. Los alumnos, como movidos por un resorte, nos pusimos de pie (como se puede notar, eran otros tiempos).

-          Buenos días, muchachos -dijo con una voz sonora y amigable el recién llegado. -Soy su profesor de Botánica -continuó.

-          Buenos días, profesor -respondimos todos a coro.

-          Pueden sentarse -nos dijo dirigiéndose al pupitre y sentándose en la silla.

El profesor, siempre con la cabeza erguida, recorrió con una mirada divertida a ese grupo de cuarenta muchachos que lo observaban con curiosidad y luego de esa mirada de reconocimiento, se presentó:

-          Mi nombre es Alexis Lanatta y soy su profesor del curso de Botánica durante este año.

Y, con cierto aire teatral, continuó.

       -   Pero también soy primer violín en la Orquesta Sinfónica Nacional.

Nos quedamos sorprendidos ante esa información que no la esperábamos. Y también ante ese “arroz con mango” del que nos acabábamos de enterar: Botánica y Música. ¡Y clásica, todavía!

No sería la única sorpresa de este singular profesor. Con el correr de los días nos enteraríamos de otras cosas como la de su reloj de oro Omega de 18 kilates que, además de la hora, marcaba las fases de la luna y otras cosas más.

-          Y ahora -nos dijo luego de su presentación -cada uno de ustedes me va a decir su nombre. Vamos a empezar por la fila delantera y de izquierda a derecha.

-          A ver tú -dijo, señalando al primero.

-          Yo me llamo Alberto Zamudio -dijo el primero, aclarándose la voz.

-          Yo me llamo Antonio Montealegre -prosiguió el siguiente.

Así, uno por uno y con la misma fórmula, se iban parando y diciendo su nombre los cuarenta alumnos.

Cuando ya íbamos por la mitad y la cosa se iba poniendo monótona le tocó el turno a un muchacho esmirriado con claros signos de haber sufrido de desnutrición en sus primeros años. Dijo su nombre, pero nadie le entendió. Tampoco el profesor.

-          A ver, repite tu nombre -ordenó el profesor.

El alumno repitió su nombre, pero con el mismo resultado anterior. El resto de los muchachos empezó a murmurar y a cruzar diversos comentarios divertidos. El profesor mandó guardar silencio y poniéndose de pie se dirigió al asustado muchacho que no podía pronunciar bien su nombre.

-          Repite tu nombre lentamente y en voz alta –le dijo, poniéndose la mano en la oreja para escucharlo mejor.

Y el muchacho, más asustado que nunca, pronunció con voz gangosa su nombre y el profesor, quien sí lo había entendido esta vez, nos sorprendió a todos remedándolo:

-          Ñomeñamoñemeñón.

-          ¡Habla bien! hijo -lo conminó, retornando a su pupitre.

Todos soltamos una sonora carcajada -mirando al profesor y luego al susodicho que se moría de vergüenza.

Lo que nuestro compañero había estado diciendo infructuosamente todo el tiempo era:

-          Yo me llamo Jefferson -pero un problema de sus órganos vocales le impedía pronunciar bien.

Y el muchacho se quedó para siempre con ese apelativo puesto por el profesor y celebrado por el resto de la clase. Al año siguiente no se matriculó con nosotros y no lo volvimos a ver.

Con el correr de los años, para los que seguimos reuniéndonos ya de adultos, esa no fue sino una de las tantas anécdotas divertidas que repetíamos una y otra vez sin darnos cuenta de lo que, en algunos casos como este, podrían haber significado para el agraviado.

Poner “chapas” en esos tiempos era moneda corriente entre los muchachos; pero en algunos casos esos apodos podrían ser hirientes y sumamente mortificantes. En esos tiempos, el importado término bullying no había arribado a estas costas, aun cuando su equivalente criollo se practicaba a diestra y siniestra.  

De vez en cuando acuden a mi memoria recuerdos de esas épocas y suelo preguntarme ¿Qué habrá sido de la vida del amigo… Jefferson?  ¿Habrá podido superar su problema fonético y el trauma que tal vez le causara el hecho de que sus compañeros de clase no lo conocieran por su verdadero nombre sino como Ñomeñamoñemeñon?

Dondequiera que te encuentres, amigo Jefferson, perdóname.  

Petronio                                                                                     22 de marzo de 2020

sábado, 2 de octubre de 2021

 

¡AAAHHH! LA POLITICA

 

A una medida política de la oposición, interpelación y probable censura de una ministra, una respuesta política del gobierno; la cuestión de confianza al gabinete. Una jugada política audaz, de pronóstico reservado que, según mi opinión, debió hacer en anterior ocasión el año pasado. Nunca es tarde.

Sea cual fuere el resultado, lo cierto es que quienes deben estarse frotando las manos serían (lo pongo en condicional) los radicales como el señor Castillo. Veamos nomas lo que ha logrado con su aparente terquedad de prolongar una huelga magisterial que nos ha afectado a todos:

1.    Se ha convertido en una figura política que todo el país conoce ahora.

2.    Ha derrotado (en la práctica) a la actual dirigencia del SUTEP, enquistada durante décadas en el movimiento sindical magisterial.

3.    Ha conducido una de las huelgas magisteriales más largas de la historia.

4.    Ha provocado la interpelación y posible censura de la ministra de Educación

5.    Ha propiciado y puesto en evidencia la precariedad del gobierno y de la clase política en general.

6.    Ha "removido el gallinero” propiciando una crisis política de marca mayor.

7.    Puede provocar la caída del gabinete Zavala.

8.    Puede causar el cierre del Congreso y la convocatoria a nuevas elecciones.

Es decir; casi nada.

 ¿Tiene o no tiene poder el señor Castillo?

Y la pregunta de fondo: ¿Está o no ligado a, o influenciado por, las ideas del "presidente Gonzalo"?

Y no lo olvidemos. De por medio está el magisterio; los maestros que forman a las nuevas generaciones de peruanos. Nada más y nada menos.

 

Petronio                                                                       14 de septiembre de 2017

 

 Apéndice agregado el 2 de octubre de 2021.

Tweet del Congreso de la República el 15 de septiembre de 2017.

 [LO ÚLTIMO] Con 77 votos en contra, 22 a favor y 16 abstenciones, #Pleno niega cuestión de confianza a todo el Gabinete Ministerial.

 ¿Premonición? ¿Casualidad? ¿La historia se repite? ¡Vaya usted a saber!