RECUERDOS DE
LA INFANCIA PARA ESTOS TIEMPOS DUROS
Estuve
a punto de enviarles un artículo serio sobre un asunto de actualidad, pero dos
cosas me lo impidieron: por un lado, el colapso de mi PC, lo que me complicó la
mañana y, por otro lado, el video enviado por mi amiga Norma que me sigue
encantando y yo sigo reenviando. Lo mío quedaba fuera de lugar y ya no tenía
ganas de malograrles el día a mis amigas con mis cosas. Lo dejaré para mañana.
Ahora
estoy celebrando, luego de dos horas de lucha por teléfono y asesorado y
supervisado por el técnico especialista del Touring Club a quien logré
localizar, pudimos derrotar a la PC y ahora está funcionando como antes; es
decir, mal. Pero; por lo menos, funciona.
De
manera que, durante el día, mi cerebro, sabe Dios porqué razón, me recordó
algunas escenas de mi infancia en los años cuarenta, cuando todo era felicidad
y no había virus como ahora. ¡Mentira! Claro que había, y entre todos me
agarraban todos los años y me tumbaban a la cama. Lo que no había, eran unos
tan malos como este. ¿Qué cosas recordé? Los juegos de esos tiempos y uno en
especial, el lingo.
Era
un juego para hombrecitos y, en esencia, consistía en saltar sobre un chico
puesto en cuclillas, apoyándose con las manos sobre su lomo o espalda. Eso se hacía
corriendo y una vez en el otro lado se seguía corriendo y era el turno de otro
chico. Ese era el juego básico, pero las variantes eran ilimitadas y regidas
por reglas que se seguían al pie de la letra; y no como ahora que nadie sigue
las reglas, reglamentos, leyes, protocolos o el nombre que se les quiera dar. Es
por eso por lo que la gente se contagia y se muere.
Volviendo
al lingo; una de las variantes era saltar y, en medio del salto ingeniárselas
para aplicar un puntapié en las posaderas del muchacho “chantado” o en
cuclillas. Se requería mucha habilidad
para realizar este salto y caer al otro lado de pie. Pero se hacía.
Cada
variante tenía su nombre. Ya no los recuerdo, salvo uno que era muy
descriptivo. Antes de iniciar la carrera, el chico que iba a saltar anunciaba
el nombre en voz alta:
¡Uno
al rojo!
En
esta variante ya no interesaban la carrera ni el salto. Lo importante era la
patada (para lo cual algunos chicos usaban zapatos especiales) aplicada con
varios kilotones de potencia que dejaban las nalgas de las víctimas hechas
mazamorra y sin poder sentarse una semana.
Pues
bien. Termino y, fiel a mi manía, me pregunto ¿Por qué entre los miles de
recuerdos que uno va acumulando, vino éste a mi memoria en este día de perros
(para mí)?
Y
me pongo a pensar que tal vez sea por lo que viene ocurriendo en esta época en
donde reina el caos, nada parece funcionar bien (no sólo parece) y uno quisiera
tener al frente a un presidente, congresista, ministro, alcalde, banquero,
empresario, comerciante o autoridad de cualquier nivel e institución, corrupto,
delincuente o sinvergüenza y darse el
gusto de pedir:
!UNO
AL ROJO!
En
estos días he estado teniendo sueños vívidos y estrafalarios, y tal vez esta
noche sueñe con el lingo.
Por
si las moscas, esta noche dormiré con chimpunes.
Petronio 8
de agosto de 2020
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