sábado, 31 de julio de 2021

 

RECUERDOS DE LA INFANCIA PARA ESTOS TIEMPOS DUROS

Estuve a punto de enviarles un artículo serio sobre un asunto de actualidad, pero dos cosas me lo impidieron: por un lado, el colapso de mi PC, lo que me complicó la mañana y, por otro lado, el video enviado por mi amiga Norma que me sigue encantando y yo sigo reenviando. Lo mío quedaba fuera de lugar y ya no tenía ganas de malograrles el día a mis amigas con mis cosas. Lo dejaré para mañana.

Ahora estoy celebrando, luego de dos horas de lucha por teléfono y asesorado y supervisado por el técnico especialista del Touring Club a quien logré localizar, pudimos derrotar a la PC y ahora está funcionando como antes; es decir, mal. Pero; por lo menos, funciona.

De manera que, durante el día, mi cerebro, sabe Dios porqué razón, me recordó algunas escenas de mi infancia en los años cuarenta, cuando todo era felicidad y no había virus como ahora. ¡Mentira! Claro que había, y entre todos me agarraban todos los años y me tumbaban a la cama. Lo que no había, eran unos tan malos como este. ¿Qué cosas recordé? Los juegos de esos tiempos y uno en especial, el lingo.

Era un juego para hombrecitos y, en esencia, consistía en saltar sobre un chico puesto en cuclillas, apoyándose con las manos sobre su lomo o espalda. Eso se hacía corriendo y una vez en el otro lado se seguía corriendo y era el turno de otro chico. Ese era el juego básico, pero las variantes eran ilimitadas y regidas por reglas que se seguían al pie de la letra; y no como ahora que nadie sigue las reglas, reglamentos, leyes, protocolos o el nombre que se les quiera dar. Es por eso por lo que la gente se contagia y se muere.

Volviendo al lingo; una de las variantes era saltar y, en medio del salto ingeniárselas para aplicar un puntapié en las posaderas del muchacho “chantado” o en cuclillas.  Se requería mucha habilidad para realizar este salto y caer al otro lado de pie. Pero se hacía.

Cada variante tenía su nombre. Ya no los recuerdo, salvo uno que era muy descriptivo. Antes de iniciar la carrera, el chico que iba a saltar anunciaba el nombre en voz alta:

¡Uno al rojo!

En esta variante ya no interesaban la carrera ni el salto. Lo importante era la patada (para lo cual algunos chicos usaban zapatos especiales) aplicada con varios kilotones de potencia que dejaban las nalgas de las víctimas hechas mazamorra y sin poder sentarse una semana.

Pues bien. Termino y, fiel a mi manía, me pregunto ¿Por qué entre los miles de recuerdos que uno va acumulando, vino éste a mi memoria en este día de perros (para mí)?

Y me pongo a pensar que tal vez sea por lo que viene ocurriendo en esta época en donde reina el caos, nada parece funcionar bien (no sólo parece) y uno quisiera tener al frente a un presidente, congresista, ministro, alcalde, banquero, empresario, comerciante o autoridad de cualquier nivel e institución, corrupto,  delincuente o sinvergüenza y darse el gusto de pedir:

!UNO AL ROJO!

En estos días he estado teniendo sueños vívidos y estrafalarios, y tal vez esta noche sueñe con el lingo.

Por si las moscas, esta noche dormiré con chimpunes.

Petronio                                                                                 8 de agosto de 2020

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