sábado, 31 de julio de 2021

 

EL SINDROME DEL LLANERO SOLITARIO

 

Hay una forma de pensar muy extendida entre la población, que gravita en su razonamiento y en la formación de sus ideas básicas sobre variados asuntos, importantes o triviales. Esto se hace más evidente cuando se trata de asuntos controvertidos en los que hay que tomar una posición definida con relación a estos asuntos o a las personas que lo exponen, o cuando es necesario hacer juicios de valor.  El problema es que esta forma de pensar pasa desapercibida o de contrabando, no sólo para los que sostienen una posición sino también para los que sostienen la posición contraria; de manera que ambas partes llegan a posiciones irreductibles y las discusiones resultan estériles.  

 

Hace algún tiempo, para mi propio beneficio, elaboré una metáfora explicativa que a falta de otro nombre denominé Síndrome del Llanero Solitario o, para ponernos más a tono con la época actual, Síndrome del Superhéroe.  Sin embargo, prefiero la primera porque ilustra mejor el asunto que quiero tratar, aunque el personaje ya no sea tan popular como antes.  Asumo que los que leen esto, sepan quien fue el Llanero Solitario; sin embargo, creo conveniente hacer un pequeño repaso.

 

Este personaje, tuvo su auge a mediados del siglo pasado en las tiras cómicas y luego en los westerns que eran la delicia de los muchachos de esos tiempos, entre los cuales me cuento.  El personaje del cine era alto y apuesto; blanca era no sólo su piel sino también su vestimenta y, para que no hubiera duda alguna, su caballo también era blanco y se llamaba Plata.  Pero allí no terminaba la cosa. Su característica más sobresaliente era que también era blanco de corazón:  siempre hacía el bien, siempre defendía a los pobres y a las viudas indefensas,  siempre estaba del lado de la justicia y siempre triunfaba sobre el mal.  En cambio, los bandidos a los que enfrentaba eran generalmente oscuros de piel y de vestido, de aspecto patibulario y si tenían una cicatriz, mejor.  Y, por supuesto, siempre hacían el mal, quitándole sus tierras o su ganado a los pobres rancheros indefensos hasta que, cual remoto antecesor del Chapulín Colorado aparecía en el momento oportuno el Llanero Solitario para imponer la justicia, la ley y el orden y, de paso, rescatar a la muchacha y poner a buen recaudo a los bandidos.  Finalmente, acabada su tarea, partía en su caballo para perderse en lontananza, mientras el fondo musical del Guillermo Tell nos hacía cabalgar a su lado hasta salir del cine, convencidos de que el bien siempre triunfa sobre el mal.

 

De manera que no había pierde, uno sabía de antemano quien era el bueno y quien el malo, ya sea por su aspecto externo o por las acciones que realizaba.  Los productores de Hollywood nos habían vendido para siempre un modelo, un estereotipo que ha sido repetido hasta la saciedad y lo tenemos residente en nuestro cerebro:  El bueno, siempre es bueno y siempre hace cosas buenas; el malo, siempre es malo y siempre hace cosas malas[1]  Con este modelo, las cosas se facilitan enormemente.  Ya no hay que devanarse los sesos, con el riesgo de un fuerte dolor de cabeza, para saber la verdad de las cosas.  Basta saber quien es el bueno y quien es el malo, para saber de que lado está la verdad, la justicia, la virtud y de que lado está el error, la maldad o la injusticia.

 

Por eso, muchas veces, cuando discutimos sobre asuntos polémicos, nos aferramos a nuestros ídolos o superhéroes particulares y los defendemos a capa y espada porque ellos son los “buenos” y de la gente buena no puede surgir nada malo y por lo tanto, filtramos, rechazamos, minimizamos, o ignoramos las acusaciones o las evidencias en su contra.  En cambio, cuando esas acusaciones o evidencias se dirigen al contrario somos proclives a creer, admitir, sospechar y magnificar las acusaciones porque ese es el “malo” de la película y el malo sólo puede hacer cosas malas.

 

De este modo podemos dilucidar polémicas inacabables e inútiles como en el caso de los héroes de la Operación Chavín de Huantar o las declaraciones de una dama sobre su Cholo Sagrado.    

 

Pienso que deberían regresar a la TV, las películas del Llanero Solitario para ilustrarnos un poco más sobre este asunto[2] o, al menos, para recordarnos viejos tiempos en los que las cosas eran mucho más simples y nosotros mucho más inocentes. ¿No es cierto?

 

Petronio                                                                                 Algún día del año 2010



[1] El siempre se ha utilizado para poner énfasis; puede ser reemplazado por generalmente.

[2] Aunque pensándolo bien creo que no es necesario pues las telenovelas, que son tan populares, cumplen muy bien la misma función.

 

RECUERDOS DE LA INFANCIA PARA ESTOS TIEMPOS DUROS

Estuve a punto de enviarles un artículo serio sobre un asunto de actualidad, pero dos cosas me lo impidieron: por un lado, el colapso de mi PC, lo que me complicó la mañana y, por otro lado, el video enviado por mi amiga Norma que me sigue encantando y yo sigo reenviando. Lo mío quedaba fuera de lugar y ya no tenía ganas de malograrles el día a mis amigas con mis cosas. Lo dejaré para mañana.

Ahora estoy celebrando, luego de dos horas de lucha por teléfono y asesorado y supervisado por el técnico especialista del Touring Club a quien logré localizar, pudimos derrotar a la PC y ahora está funcionando como antes; es decir, mal. Pero; por lo menos, funciona.

De manera que, durante el día, mi cerebro, sabe Dios porqué razón, me recordó algunas escenas de mi infancia en los años cuarenta, cuando todo era felicidad y no había virus como ahora. ¡Mentira! Claro que había, y entre todos me agarraban todos los años y me tumbaban a la cama. Lo que no había, eran unos tan malos como este. ¿Qué cosas recordé? Los juegos de esos tiempos y uno en especial, el lingo.

Era un juego para hombrecitos y, en esencia, consistía en saltar sobre un chico puesto en cuclillas, apoyándose con las manos sobre su lomo o espalda. Eso se hacía corriendo y una vez en el otro lado se seguía corriendo y era el turno de otro chico. Ese era el juego básico, pero las variantes eran ilimitadas y regidas por reglas que se seguían al pie de la letra; y no como ahora que nadie sigue las reglas, reglamentos, leyes, protocolos o el nombre que se les quiera dar. Es por eso por lo que la gente se contagia y se muere.

Volviendo al lingo; una de las variantes era saltar y, en medio del salto ingeniárselas para aplicar un puntapié en las posaderas del muchacho “chantado” o en cuclillas.  Se requería mucha habilidad para realizar este salto y caer al otro lado de pie. Pero se hacía.

Cada variante tenía su nombre. Ya no los recuerdo, salvo uno que era muy descriptivo. Antes de iniciar la carrera, el chico que iba a saltar anunciaba el nombre en voz alta:

¡Uno al rojo!

En esta variante ya no interesaban la carrera ni el salto. Lo importante era la patada (para lo cual algunos chicos usaban zapatos especiales) aplicada con varios kilotones de potencia que dejaban las nalgas de las víctimas hechas mazamorra y sin poder sentarse una semana.

Pues bien. Termino y, fiel a mi manía, me pregunto ¿Por qué entre los miles de recuerdos que uno va acumulando, vino éste a mi memoria en este día de perros (para mí)?

Y me pongo a pensar que tal vez sea por lo que viene ocurriendo en esta época en donde reina el caos, nada parece funcionar bien (no sólo parece) y uno quisiera tener al frente a un presidente, congresista, ministro, alcalde, banquero, empresario, comerciante o autoridad de cualquier nivel e institución, corrupto,  delincuente o sinvergüenza y darse el gusto de pedir:

!UNO AL ROJO!

En estos días he estado teniendo sueños vívidos y estrafalarios, y tal vez esta noche sueñe con el lingo.

Por si las moscas, esta noche dormiré con chimpunes.

Petronio                                                                                 8 de agosto de 2020

viernes, 30 de julio de 2021

 RENACIMIENTO

Hoy, Viernes 30 de Julio de 2021, reinicio la publicación de este blog tantas veces anunciada y otras tantas postergada. Estoy en deuda conmigo mismo, y con estas líneas pretendo empezar a saldarla.

Este artículo debió publicarse hace dos días con ocasión de la celebración de nuestro aniversario patrio y en especial del Bicentenario de la Proclamación de la Independencia del Perú. No es el caso explicar o justificar ahora el porqué no ocurrió. Lo haré más adelante.

Lo importante, lo trascendental, es que por fin ocurrió, luego de tres años de silencio y de promesas incumplidas; y tengo el firme propósito de que esta publicación se mantenga con vida hasta que Dios o el destino lo decidan.

Suscribo lo que declaré en el artículo titulado Necesaria Introducción y que recomiendo lo lean, antes de avanzar con los otros artículos que encontrarán en este blog. Resumo a continuación las razones.

Como podrán fácilmente observar, la presentación y el contenido de este blog al momento, es extremadamente simple, casi exclusivamente texto sin mayores adornos ni agregados.  La razón es igualmente simple: no demorar su publicación, que ha sido precisamente lo que ha motivado su congelamiento durante estos tres años. La intención de presentar una edición impecable en contenido multimedia ha dado por resultado su no publicación o actualización.

La decena de artículos que encontrarán en esta edición son los que hace tres años coloqué, algunos de los cuales fueron escritos tiempo atrás. Es necesario o conveniente tener esto en cuenta para entender el contexto en el que fueron escritos. La mayoría de ellos tienen fecha; de tal manera que se podrá apreciar mejor su contenido.

A partir de ahora agregaré material procedente de dos grandes fuentes. La primera corresponde al material ya escrito anteriormente. Son miles de artículos misceláneos escritos desde los años ochenta, cuando tuve acceso a mi primera computadora. Sí. No exagero, son dos o tres mil artículos que iré dosificando su publicación a partir de ahora. La segunda contendrá los artículos nuevos, a partir del primero de enero de este año 2021 y los que vendrán. Habrá de todo, como en botica, de conformidad con los acontecimientos, mis recuerdos y mi imaginación.

Pero, tan importante como eso, es que día a día iré modificando la presentación hasta convertirlo en un blog mucho más atractivo y ameno tanto en su presentación como en su contenido. Lo podrán constatar con el correr del tiempo.

Espero que aquellos que me lean, gocen de su contenido y hagan los comentarios que crean pertinentes. Son esos comentarios los que me han estimulado a seguir escribiendo en forma esporádica y aislada, en las redes sociales que frecuento. Ahora, mayormente, será en este blog, con un mayor alcance y audiencia. Gracias.

 Petronio                                                                                            30 de julio de 2021